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2015-April-22 14:19

Pintar es estar como un cazador esperando a la liebre

Por RAFAEL VALDEZ

EN 2001, el artista español, Perico Pastor pidió como regalo de boda un viaje alrededor de China durante un mes con su esposa. Ahora regresa para presentar su exposición ‘Xi’an-Barcelona-Pekín: Caminos de papel, ríos de tinta’.

La Influencia de la Ruta de la Seda en el espacio público y privado de las ciudades por donde pasaba es la temática que aborda Perico Pastor, oriundo de Barcelona, en su reciente exposición presentada en Beijing. Usando papel y tinta china, Pastor explora cómo los intercambios culturales establecidos a lo largo de dicha ruta modificaron la vida de sus habitantes. En su obra se pueden ver representaciones de personas, objetos y lugares de Barcelona, Beijing y Xi’an, así como sus costumbres y estilos de vida. La muestra estuvo abierta al público desde el 24 de septiembre hasta el 22 de febrero de 2015.

China ha sido siempre una fuente de inspiración para el artista español Perico Pastor.

China Hoy: ¿Cuéntenos cómo pasó de ser un militar en el ejército, a vivir en Nueva York colaborando para el New York Times, y ahora estar exponiendo su obra en Beijing?

Perico Pastor (PP): Estuve 15 meses en el servicio militar porque no era una opción, sino una imposición del Estado. Fue entre los años 1974 y 75. Estuve en el Sahara español que ahora Marruecos dice que es suyo. Esto coincidió con el final de Franco (el dictador español), por tanto era una época muy interesante y, aunque los 15 meses se hicieron muy largos y aburridos, fue una oportunidad para conocer África.

Era un momento de cambio. Afortunadamente, a pesar de que formalmente había un frente que luchaba contra el ejército español, era una lucha de guante blanco, nunca hubo heridos, solo hubo algunos raptados en Argelia. De hecho, yo secretamente deseaba que me raptaran y me llevaran allá para escapar de los militares, imagínate, ¡habría salido en los periódicos!, pero no hubo suerte.

En esa época tenía mucho contacto con los marroquíes. De hecho, yo trabajaba como traductor en un bazar. Traducía cartas escritas en inglés y francés para un comerciante africano. En esas cartas le pedían té verde.

Después de ese periodo, me hablaron de la posibilidad de viajar a Nueva York y, la verdad, es que yo estaba muy cansado de Barcelona –o Barcelona estaba muy cansada de mí-. Era uno de esos momentos en que no sabes qué hacer, ya había fracasado en dos carreras, Arquitectura y Matemáticas, y había decidido que si valía para algo era para pintar. Entonces le pedí dinero prestado a mi familia que podía hacerlo, pero no podía mantenerme en Estados Unidos, por lo que tuve que buscar algo para sustentarme. Así comencé con las ilustraciones en revistas y periódicos. Poco a poco metí los pies en el New York Times como freelance. De los 12 años que viví en Nueva York, seis me mantuvo el periódico. Trabajando tres o cuatro tardes a la semana, conseguía 5000 dólares al mes, lo que estaba muy bien.

Nueva York es, además, una sociedad llena de cultura, donde hay gente de todos lados. Hay muy pocos museos en el mundo que tengan la colección de arte asiático que tiene el Museo Metropolitan, allí yo vi muchísima caligrafía china y todavía no sé nada al respecto.

Mi estilo no es oriental, pero utilizo materiales orientales que han llegado a mí por casualidad. Y esto me mantiene a mí y a mi familia porque cada día renuevo el placer que me produce dibujar a pincel sobre papel. Si intento dibujar sobre tela con óleo, sería horroroso, igual que si dibujo con un bolígrafo, ya habría dejado de dibujar hace tiempo. Es que el pincel camina solo. Lo pones sobre el papel y salen cosas. Los occidentales normalmente vemos a un lienzo como un sitio en donde hemos de proyectar una idea que vamos a transmitir al mundo a través de ese medio. En cambio, los orientales se ponen frente a una hoja en blanco como un cazador delante de un paisaje nevado que espera y cuando sale la liebre, pum, le da. Y aunque no lo creas, estas maneras no son tan opuestas como parecen.

CH: ¿Y usted, cuando está frente a un papel se siente como un cazador?

PP: Sí, es que no tengo que hacer nada. Incluso cuando hago ilustraciones y hay un guión sobre lo que tengo que hacer. Al momento de hacer el primer trazo no sé si voy a empezar por la cabeza o por los pies. Es igual. Y a veces me ha pasado que lo que pensaba que iba a ser una cabellera resulta ser una barba o un pubis, entonces cambia la perspectiva de todo y este tipo de material lo permite. Es un material para perezosos.

La influencia de la Ruta de la Seda en las ciudades por donde pasaba es la temática que aborda esta exhibición. Fotos de Rafael Valdez

CH: ¿Cuándo y cómo surgió la idea de esta exposición?

PP: Surgieron en tiempos distintos. Xi’an empezó a surgir en 1998 cuando vi Los guerreros de Terracota en el Museo Guggenheim de Bilbao y fue una revelación por su belleza.

Lo que ha hecho posible esta exposición, además de la hospitalidad del Instituto Cervantes de Beijing, es la generosidad del Instituto Ramón Llull que es para la lengua catalana, lo que es el Cervantes para la lengua castellana y que en esta ocasión ha auspiciado la participación de Barcelona que fue la ciudad invitada en el Beijing Design Week 2014.

El Instituto Llull me pidió que Barcelona se mencionara de alguna manera en mi exposición. Entonces me pareció que lo que cerraba el círculo era retratar de dónde venían estos materiales con los que yo trabajo y luego quise hacer una prolongación al ver que no solo yo, sino mucha gente está usando muchos materiales que vienen de China, por ejemplo, el té o la paella que sin los chinos no sería posible.

CH: ¿Cuántas veces ha estado en China?

PP: En 1988 expuse en Hong Kong, luego en el 2001 me volví a casar y como regalo de boda vinimos a China durante un mes para recorrer el país. Después, en 2002, estuve en Shanghai porque se organizó una exposición colectiva de artistas oriundos de ciudades portuarias.

CH: Si en esa primera vez que vino hubiera dibujado a China y si en este momento lo hiciera de nuevo, ¿cuáles serían las diferencias entre ambos dibujos?

PP: Ninguna, solo habrían más rascacielos, más coches privados.

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