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2014-October-17 09:48

Lecciones de la Segunda Guerra Mundial

Por LU RUCAI

“Siempre ha habido contradicciones entre los países de todo el mundo. Nosotros, sin embargo, no debemos permitir que éstas nos arrinconen, sino adoptar una actitud correcta y responder a las mismas adecuadamente”, dijo en julio pasado Nakayama Toshio, de la Sociedad Clausewitz de Japón, al dirigirse a un seminario internacional celebrado en Beijing, donde se pasó revista a las dos grandes guerras mundiales. Según Toshio, la hegemonía de las grandes potencias se ha derrumbado a raíz del fin de la Segunda Guerra Mundial. Agregó que el mundo dispone de una fuerza positiva en la defensa y práctica del pacifismo por parte de China, así como en su adaptación a las tendencias históricas, mediante el desarrollo de su economía en la actual era nuclear.

Estudiosos de más de una docena de países se reunieron en la ocasión para discutir temas tales como la causa y el telón de fondo de las dos guerras mundiales, memorias de las mismas y su impacto sobre el orden internacional, las lecciones que pueden extraerse de las guerras y el desarrollo pacífico del mundo.

La revisión y resumen de las dos guerras mundiales y el aprendizaje que se desprende de ese período de la historia son de vital importancia para fomentar relaciones positivas entre países, especialmente entre los grandes países, el mantenimiento de la paz mundial y la promoción del progreso común de la humanidad.

5 de junio 2014. Un veterano del Regimiento de Paracaidistas de Gran Bretaña de la Segunda Guerra Mundial observa paracaidistas en una ceremonia conmemorativa del 70o aniversario del desembarco de Normandía en Francia. Xinhua
 

Causas profundas

La Segunda Guerra Mundial, en la cual se vieron involucrados más de 60 países y dos mil millones de personas, resultó desastrosa para la humanidad. En ella, casi 60 millones de personas perdieron la vida. China fue una de las naciones más afectadas, con más de 35 millones de víctimas y pérdidas materiales superiores a los 500 mil millones de dólares.

Los participantes en el seminario de julio, titulado “Primera y Segunda Guerras Mundiales en Retrospectiva: Lecciones e inspiraciones”, atribuyeron el estallido de las dos conflagraciones al prolongado, injusto e irracional orden internacional que predominó por muchos años, y que resultó de la expansión colonial de las potencias imperialistas y la rivalidad entre ellas.

“Las desmedidas ambiciones de Adolfo Hitler en procura de ‘Lebensraum’ (espacio vital), la búsqueda de Benito Mussolini del ‘poder supremo’ y el objetivo de Japón de comenzar por conquistar Asia para luego hacerlo con todo el mundo, trajeron aparejados un expansionismo desenfrenado”, afirmó Xu Lan, profesora de Historia en la Universidad Pedagógica de la Capital. La pugna por la hegemonía mundial fue particularmente prominente entre los países que iniciaron la Segunda Guerra Mundial.

El nacionalismo también jugó un papel clave. En opinión de la profesora Xu, para el siglo XX el sentimiento nacionalista en los países occidentales había perdido su calidad progresista de servir de salvaguardia de los derechos e intereses legítimos de cada pueblo, para degradarse en forma de nacionalismo extremo, chovinismo nacional, colonialismo e imperialismo, todo en aras de la clase dominante burguesa. El Sistema de Versalles, establecido después de la Primera Guerra Mundial actuó como incubadora de la Segunda Guerra Mundial, dijo Xu. “Los artículos del Tratado de Versalles contemplaban que Alemania y sus aliados asumieran la responsabilidad por el conflicto. Esto tuvo graves consecuencias, al agravar las fricciones entre los vencidos y los vencedores”, dijo Xu. “Y la política de apaciguamiento, adoptada por las democracias occidentales, encabezadas por el Reino Unido, en la década de 1930, fue otro factor que hizo estallar la Segunda Guerra Mundial antes de lo esperado”.

Según el investigador de la Academia China de Ciencias Militares, Wang Jinhua, la invasión japonesa a China también debe interpretarse en el contexto histórico. El militarismo alcanzó niveles inéditos después de la Restauración Meiji, sentando las bases ideológicas para la posterior agresión nipona a otros países asiáticos. Sus mecanismos políticos y militares, centrados en la lealtad al emperador, crearon además las condiciones para una guerra de agresión a gran escala. La perspectiva de la acumulación de capital y apreciación a través de la expansión militar, fue también una fuerte motivación con la cual contó Japón para librar una guerra masiva.

2 de septiembre de 2014. Estudiantes de la Escuela Primaria Qingshuitang, en Changsha, Hunan, recitan un poema en una reunión con motivo del 69º aniversario de la victoria de la Guerra de Resistencia contra Japón. CFP
 

El profesor Iko Toshiya, de la Universidad de Tsuru, llamó la atención sobre el hecho de que, después de la Primera Guerra Mundial, Japón intentó disfrazar su agresión a China al amparo de las leyes internacionales. Cuando estalló la guerra civil en China, Japón tomó medidas militares con el pretexto de proteger sus intereses en el país, lanzando sus agresiones bajo la excusa de la “defensa propia”.

“El mundo de hoy es completamente diferente del existente durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales. La hegemonía de ciertas superpotencias persiste, pero bajo la globalización económica ya no se manifiesta en forma de pugna por la mano de obra, la tierra y otros recursos de las colonias, sino que está asegurada a través de la exportación de capitales, productos, servicios y experiencia administrativa, así como con el establecimiento de empresas transnacionales. La apertura mutua entre países es un importante medio para evitar las guerras”, indicó Shen Yongxing, investigador en el Instituto de Historia Universal, de la Academia China de Ciencias Sociales. Añadió que todos los países están ahora más estrechamente vinculados que nunca. En consecuencia, el estallido de conflictos armados en cualquier lugar tiene un efecto en otras partes del planeta. El Consejo de Seguridad de la ONU, sus misiones de mantenimiento de paz, y otras organizaciones y campañas internacionales de paz, también constituyen sólidos instrumentos contra la guerra.

Defensa del orden internacional

Al final de la Segunda Guerra Mundial, los aliados, que incluían a EE. UU., la Unión Soviética, Reino Unido, China y Francia, alcanzaron un amplio consenso sobre cuestiones clave, tales como la coordinación de sus relaciones, la penalización de las potencias del eje fascista y la fundación de una organización internacional, la ONU. Se adoptaron acciones apropiadas y tomó forma el orden internacional de posguerra.

“El orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial se creó con el objetivo de evitar otra conflagración armada global y garantizar el mantenimiento de la paz y la seguridad universales y duraderas. Dicho orden prescribe asimismo la persecución de los delitos bélicos y la erradicación de las raíces de la agresión militarista. Leyes internacionales ampliamente ratificadas, como la Carta del Atlántico, la Declaración de El Cairo, la Declaración de Potsdam y la Declaración de las Naciones Unidas, son la piedra angular de este orden. Asimismo, la cooperación y la unanimidad de las grandes potencias en el mecanismo de seguridad colectiva de las Naciones Unidas constituyen la garantía de su funcionamiento”, aseveró Zhou Xiaoning, investigador adjunto de la Academia China de Ciencias Militares. En su opinión, el mundo de hoy todavía necesita de una amplia cooperación internacional, construida sobre la base de la cooperación entre las grandes potencias, con el propósito de compartir riesgos.

Sylvanus Nicholas Spencer, de la Universidad de Sierra Leona, dijo que a pesar de que la crueldad y la brutalidad de la Segunda Guerra Mundial expusieron el lado oscuro de la naturaleza humana, el desarrollo de la conducta social desde entonces ha demostrado la victoria del espíritu humanitario.

“Es de lamentar que, debido a las exigencias de la Guerra Fría, EE.UU. fuera incapaz de exigir a Japón plena responsabilidad después de la Segunda Guerra Mundial. No sólo pactó la paz con Japón, impidiendo la participación de Rusia y China, sino que también de forma unilateral entregó a Japón las islas Liuqiu (Ryukyu) y Diaoyu. En años recientes, Japón ha acelerado las contiendas territoriales con los países vecinos, socavando gravemente el orden internacional”, dijo Zhou Xiaoning.

En 2014, Shinzo Abe ha acusado a China de desafiar el actual orden internacional, afirmación que refutó el profesor Lü Jie, de la Academia Militar del Ejército Popular de Liberación (EPL), calificándola de total negación de la verdad. En la historia moderna, el origen de todas las guerras de Asia siempre ha sido Japón. Aunque el país formuló una constitución pacifista después de la Segunda Guerra Mundial, su intención de desafiar lo establecido en la Conferencia de Yalta ha sido una constante. Sus ambiciones expansionistas han aumentado significativamente, sobre todo desde que Shinzo Abe fuera reelegido como primer ministro, lo cual ha resultado en un resurgimiento de las tensiones en el este de Asia.

26 de julio de 2012. Más de 100 bombas japonesas fueron descubiertas en un parque en Xuchang, provincia de Henan.
 

A juicio de Wu Enyuan, investigador del Instituto de Estudios sobre Rusia, Europa Oriental y Asia Central, de la Academia China de Ciencias Sociales, la Declaración de El Cairo sentó las bases para establecer los tratados de posguerra que conciernen a Japón, así como al orden internacional, en particular en el noreste de Asia. Pero la derecha nipona ha encauzado sus esfuerzos a revisar la Constitución pacifista y negar sus crímenes de guerra. “De hecho, esto es igual a negar los resultados de la Segunda Guerra Mundial, y deja ver la intención de Japón de restablecer su poderío político y militar y, posteriormente, dominar la situación política en el este de Asia”, dijo Wu. El analista agregó que esta tendencia es también parte de la estrategia de Estados Unidos de contener a China a través de Japón, y que la misma introduce un nuevo factor de inestabilidad en la situación en la región de Asia y el Pacífico y en el mundo en general.

“Todavía existen elementos de la Guerra Fría en Asia, debido al cambio en las políticas de Estados Unidos hacia Japón. La administración Abe está construyendo una red para contener a China, una maniobra que es más una manifestación de la alianza Estados Unidos-Japón en el siglo XXI que un resurgimiento del militarismo japonés”, dijo Nakayama Toshio. Por lo tanto, el experto propone la promoción mundial de la filosofía china de la armonía para reforzar la paz mundial.

La historia es un espejo

En 2014 se cumplieron 75 años del estallido de la Segunda Guerra Mundial, pero su recuerdo se mantiene vivo en todo el mundo. Los numerosos libros, películas y series de televisión sobre la contienda universal se erigen en constante recordatorio de ese oscuro período de la historia. Solamente en EE.UU., en los últimos 50 años, se han publicado más de 43.000 libros sobre la Segunda Guerra Mundial.

El profesor Robert Jeffrey Moore, de la Universidad de Sheffield, dijo: “La Segunda Guerra Mundial todavía está fresca en la mente de la población del Reino Unido, ya que es un tema que resulta constante objeto de publicaciones, programas de televisión y películas”. Según su criterio, este efecto no deriva en exclusiva de un diseño del Estado, o de los medios de comunicación, sino que es asimismo atribuible a las emotivas reflexiones sobre los sacrificios de hombres y mujeres que sirven en las fuerzas armadas y que tomaron parte en la Segunda Guerra Mundial.

Concluida esa guerra, Alemania y Japón adoptaron enfoques opuestos al respecto. Como bien señala el profesor Li Lezeng, de la Universidad Tongji, la transición de Alemania a un sistema político moderno estuvo respaldada por las medidas de mano dura que los aliados occidentales aplicaron en su territorio para erradicar las causas profundas de la guerra en Europa, así como por su política de inclusión de Alemania en su alianza de Guerra Fría. “Aunque el desarrollo de la cultura política de Alemania no marchó al mismo ritmo que su sistema político, el mismo se destacó por asumir una comprensión profunda y una autocrítica sobre el régimen nazi y su papel en la Segunda Guerra Mundial”, dijo Li. “Este factor positivo en la cultura política de Alemania ofrece una garantía no institucional importante como la contribución del país a la paz mundial y a la seguridad y prevención de las guerras”.

15 de agosto de 2014. Un grupo de legisladores japoneses visitan el Santuario Yasukuni.
 

Nakayama Toshio ha observado la tendencia peligrosa que hoy sigue el Gobierno japonés, en connivencia con EE. UU., según persevera en revisar su constitución y consolidar su ejército, a pesar de los sentimientos anti-bélicos que exhibe su población.

Los países que participaron en la Segunda Guerra Mundial –tanto los gobiernos como las sociedades - no han dejado de reflexionar sobre la misma desde entonces. Según Bu Ping, ex director del Instituto de Historia Moderna de la Academia China de Ciencias Sociales, desde el año 2002 investigadores, profesores y organizaciones civiles en China, Japón y Corea del Sur han convocado anualmente un foro sobre la historia y la paz en el este de Asia. Como resultado de sus discusiones, el foro creó un comité conjunto de compilación histórica, que supervisó la publicación en 2005 de Una historia que encara el futuro: Historia moderna de tres países de Asia Oriental, un libro de texto auxiliar para la enseñanza secundaria en China, Japón y Corea del Sur. Estos tres países también organizan cada año campamentos de verano para sus estudiantes. De 2006 a 2012, académicos de los tres países colaboraron en otro libro: Una historia moderna de Asia Oriental más allá de sus fronteras, que expone una perspectiva regional, en lugar de referirse a países específicos.

“Para muchos jóvenes la guerra está en el pasado remoto, o es algo que existe solamente en el mundo virtual de sus computadoras. Este vacío conceptual sobre la guerra está sujeto a las influencias de una información que manipula el lado sentimental del tema, y que puede ser fácilmente dirigido hacia posturas extremistas o encaminarlo hacia enfoques limitados”, advirtió Bu Ping. En ese sentido, exhortó a los académicos a orientar a la generación más joven hacia el desarrollo de una profunda y plena comprensión de la guerra.

“La historia es un espejo. Hay una misión política imprescindible en restablecer la verdad histórica y distinguir el bien del mal. Defender la historia equivale a defender la paz”, indicó Gao Hong, del Instituto de Estudios Japoneses, de la Academia China de Ciencias Sociales.

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