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2016-March-2 15:15

Reconstrucción de una China verde

Por LI WUZHOU

LA danza del tamboril es una de las artes tradicionales preferidas por la gente de Ansai, en la meseta de loess del norte de la provincia de Shaanxi. Cuando actúan, los tamborileros, vestidos de chaqueta sin mangas hecha de piel de carnero y con la cabeza envuelta en una toalla blanca, agitan cintas de seda y tocan tambores levantando un sonido ensordecedor. Sin embargo, durante los últimos años, los lugareños han venido comprobando que el tamboril de Ansai ya no es tan atractivo como antes, pues la tierra de loess ha sido sustituida por una verde, que impide que se levante una nube de polvo durante la danza. Para mantener el tipicismo de este arte, el gobierno local tuvo que habilitar un terreno de loess que sirva como “escenario” de la representación.

Es un caso de reforestación en China.

15 de agosto de 2015. Turistas descansan en un parque ecológico nacional de Chongqing.

 

La tierra se vuelve verde

China es un país de larga tradición agrícola, pero en 1949, cuando se fundó la República Popular, la cobertura forestal de su territorio era de solo el 8,6 % debido a la excesiva roturación de la tierra y a la tala incesante para satisfacer las necesidades poblacionales.

Los líderes chinos, desde Mao Zedong y Deng Xiaoping hasta quienes les sucedieron, han prestado gran atención a la repoblación forestal, promoviendo y dirigiendo campañas nacionales de plantación de árboles. Desde la década de 1980, millones de personas han participado voluntariamente en la plantación de 61.400 millones de árboles. Xu Gaoliu, campesino del cantón de Nanxin, provincia de Jiangxi, sembró en los pasados 30 años unos 800.000 árboles, dando un excelente ejemplo. Elion Resources Group creó en el desierto de Kubuqi un oasis de 6000 km² en un período de 40 años, lo que significa un tratamiento del 1/7000 de la superficie desértica mundial, creando un modelo a imitar en la lucha contra la desertificación.

El programa ecológico de la repoblación forestal en los “Tres nortes” (áreas del noroeste, norte y noreste) para siete décadas, iniciado en los años 1970, logró reforestar veinte millones de hectáreas, el equivalente a una séptima parte de la superficie repoblada artificialmente en todo el mundo.

Con la entrada del nuevo siglo, China promulgó en 2002 la política de devolución de tierras de cultivo a la silvicultura y a la praticultura, inició en 2010 la reforma del sistema de derecho al uso de los bosques y llevó a cabo en 2012 el proyecto para consolidar los resultados de restitución de tierra de cultivo a los bosques. Hasta la fecha se han devuelto a la silvicultura 24,26 millones de hectáreas, de los que 9,26 millones eran tierras de cultivo, 13,33 millones eran montañas estériles y terrenos baldíos y 1,33 millones de hectáreas eran zonas montañosas que se han acordonado para su repoblación forestal.

Desarrollo ecológico

En marzo de 2015, China planteó la “ecologicidad”, nuevo objetivo estratégico después del “nuevo tipo de industrialización, informatización, urbanización y modernización agrícola”, para promover aceleradamente la producción y vida ecológicas.

El concepto de la “ecologicidad” es más amplio que el de reforestación, pues implica orientar el desarrollo hacia el respeto al medio ambiente, a fin de impulsar un cambio general en diversos terrenos: político, económico, cultural y social, haciendo de la civilización ecológica el centro.

Aunque China ha logrado un considerable éxito en su labor de reforestación, esta no ha conseguido aún neutralizar el deterioro del medio ambiente causado por el viejo modelo del desarrollo extensivo. La seguridad alimentaria y la calidad del agua y el aire preocupan cada día más a la gente.

Desde el inicio de su política de reforma y apertura, China comenzó a desarrollar su economía sobre la base de la industria intensiva en mano de obra para producir artículos baratos para todo el mundo, e incluso acogió en su territorio algunas industrias occidentales altamente contaminantes y de alto consumo energético, lo cual afectó sobremanera a la calidad del agua, el aire, el suelo y el medio ambiente del país. La niebla tóxica que ha venido apareciendo en los últimos años en las grandes ciudades del norte y este del país es consecuencia del alto consumo de energía, de las altas emisiones de sustancias contaminantes y del bajo nivel de administración.

Maqueta del parque eco-industrial de tratamiento de residuos de Pudong Development Group, Shanghai. CFP

En 2012 se estableció la meta de la construcción de una bella China, convirtiendo el fomento de la civilización ecológica en una prioridad general nacional y apostando por el desarrollo sostenible en la construcción económica, política, cultural y social, en aras de crear para el pueblo un ambiente conveniente para vivir.

Orientada por esos objetivos estratégicos, China ha dedicado grandes esfuerzos al perfeccionamiento de las leyes y reglamentos sobre protección medioambiental, al estímulo de la innovación impulsada por la tecnología, al cambio del modelo económico y productivo y a la promoción de un consumo ahorrativo y verde, desplegando una lucha integral contra la contaminación ambiental.

Son notables los resultados de dichos esfuerzos. En el pasado lustro se eliminó la producción de cien millones de toneladas de hierro y acero, y otras 400 millones de toneladas de cemento procedentes de la capacidad productiva obsoleta. Zhao Baige, miembro femenino del Comité de Expertos sobre Cambio Climático, señaló que en 2014, el consumo de energía por unidad de PIB y las emisiones de dióxido de carbono disminuyeron un 29,9 % y un 33,8 %, respectivamente, con respecto a 2005. En 2015 se consiguió sin inconvenientes el objetivo de reducir un 17 % las emisiones de dióxido de carbono por unidad de PIB con respecto a 2010. China se ha convertido en el gigante económico número uno del mundo en utilización de nuevas energías y energías renovables.

Datos de una investigación proporcionados por Cao Mingde, profesor de la Universidad de Ciencia Política y Derecho, evidencian que con la aplicación de leyes y reglamentos legales, la productividad energética del país aumentó de 1891,3 yuanes/tce en 1990 a 14.792,2 yuanes/tce en 2014. Mientras tanto, está disminuyendo la brecha de intensidad energética entre China y los países desarrollados.

Gracias a la promoción constante del Gobierno, de instituciones y de organizaciones correspondientes, el concepto de vida verde ha sido probado por mucha gente en China.

En las grandes ciudades donde se suceden las congestiones de tráfico, se aplica un sistema de lotería o subasta de placas para la compra de automóviles. Sin embargo, los compradores de coches impulsados por energías limpias están exentos de restricciones y gozan de subsidios gubernamentales, por lo que China se ha convertido en el principal mercado de este tipo de automóviles. En 2015, las ventas de autos eléctricos superaron las 300.000 unidades, un 30 % de las ventas de todo el mundo.

En la China de hoy, la vida verde ha arraigado ya en la conciencia de muchos ciudadanos.

Vida

  • El sueño chino,ml sueño
  • Sesiones de la APN y la CCPPCh en 2012
  • Cumbre sobre el cambio climático de Durban
  • Serpiente emplumada americana y dragón chino
  • Guizhou Mirando hacia el futuro