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2014-February-13 15:03

La receta de la longevidad

Por DANG XIAOFEI

NAVEGAR por Internet dos horas diarias, charlar en qq (el messenger chino) y ver las noticias…son “ejercicios” que Zhao Xianchun hace todos los días. Por su risa y la lucidez que demuestra al hablar, a la gente le cuesta creer que tiene 94 años. Como ella, en Beijing hay muchos longevos y, de hecho, 479 adultos mayores sobrepasan los 100 años de vida.

Actualmente, la esperanza promedio de vida de los beijineses es de 81 años, la mejor del país, lo cual la ubica al nivel de los países desarrollados.

Según la Organización Mundial de la Salud, un 15% de la larga vida se atribuye a la herencia; un 10%, a las condiciones sociales; un 8%, a las condiciones médicas; un 7%, al ambiente natural; y un 60%, al estilo de vida. ¿Cuál es el estilo de vida de estos abuelitos? ¿Cuál es la receta de la longevidad?

La abuela Zhang junto a su bisnieto.

 

Una cucharada de optimismo

Zhao Xianchun vive sola en un asilo de ancianos de Beijing y sus hijos residen en el extranjero. Sufre malformación congénita de corazón, hipertensión, arterioesclerosis e hiperlipidemia, además, “no me siento bien por mi nariz, sobre todo cuando hay mucha contaminación, ahí es peor, pues tengo bronquitis crónica”. En febrero pasado, cuando Beijing fue atacada por la niebla contaminante, a ella se le agudizó la bronquitis.

Aún así, mantiene su optimismo: “Si estoy viviendo un día, estoy contenta un día. Además, el Gobierno da mucha importancia a los de edad”. La experiencia de haber crecido en una sociedad religiosa la hizo creyente del cristianismo.

Antes de retirarse, la abuela Zhao era ginecóloga. La esposa de su nieto, que vive en EE.UU., va a dar a luz pronto, cada día le llama o deja mensajes en qq, y para Zhao es un gran placer contestarle.

Zhang Shizhuan tiene 90 años y goza de buena salud. No padece ninguna enfermedad crónica. Escucha bien, ve bien, tiene dientes completos y mucho apetito. “El buen humor es el secreto de la longevidad”, sonríe. No se preocupa en exceso de pequeñeces.

Fue una de las pocas estudiantes universitarias de su época y al graduarse trabajó como profesora en una universidad. Después abandonó su empleo para dedicarse al cuidado de sus hijos durante cinco años en casa. Aún así, nunca se ha quejado por eso. “No pensaba en nada más que en la familia”, recuerda, “lo hice para que mi marido pudiera dedicarse todo el tiempo al trabajo”.

Durante la Gran Revolución Cultural, la abuela Zhang fue con su marido al campo de la provincia de Jiangxi y se quedó allí diez años. Día y noche se dedicaba a trabajos campestres. Antes era señorita de familia rica, nunca había hecho trabajos duros. La gran adversidad durante su permanencia en Jiangxi no logró derribarla, ella la aceptaba con un corazón apacible y optimismo, incluso empezó a aprender a cocinar.

La abuela Zhao navegando en Internet.

 

Poca sal y poco aceite, mucho ejercicio

Zhao Xianchun no duerme hasta que termine de ver el programa “Enfoque de hoy”. Ella entiende el dicho “nunca es tarde para aprender”. Además de ver los programas de TV acerca de cómo mantener buena salud, desde 2010, cada día, anota consejos para seguir saludable. Hasta hoy día, sus apuntes han llenado dos cuadernos y la escritura es clara.

Ante los diversos platos del asilo, Zhao Xianchuan escoge los que tienen poca sal y aceite. “Si tiene mucho aceite, los meto en agua caliente y los como después de sacarlos”. Tampoco come mucha sal ni mucha carne.

Zhao Xianchun enfatiza que complementa la energía cada día según su propia necesidad. “Debes tener la idea de qué cantidad de proteína, grasa, verduras y carbohidratos necesita diariamente tu cuerpo. Si he absorbido mucha energía, salgo de casa a dar un paseo. Por ejemplo, si doy un paseo de 3000 pasos cada día después de consumir 1000 o 1200 calorías, yo calculo que puedo gastar unas 500 calorías, lo cual es suficiente para mi cuerpo”. La abuela Zhao se ha acostumbrado a dar un paseo después de las comidas.

Gracias a los dientes postizos que le pusieron, ella puede comer todo, hasta las frutas de cáscara seca. “Los dientes son muy importantes para nuestra salud. Al llegar a una edad avanzada, las personas mayores solemos tener problemas con el corazón e hipertensión, y los médicos temen sacar los dientes no útiles, por eso, pedí a los dentistas que me los pusieran ahora”.

Otro que se mantiene activo sin importar la edad es Huang Yang, de 93 años. En su juventud, era aficionado a jugar tenis de mesa, baloncesto y voleibol. Ahora vive en un asilo de ancianos y todos los días practica ping-pong, pues, “jugar ping-pong puede prevenir la demencia senil”, expresa el abuelo Huang.

A mediados de abril, Huang Yang fue invitado al programa de TV, “Soy el rey de las pelotas”. “Soy el mayor entre los jugadores, razón por la cual me llaman campeón, aunque no juego bien”, cuenta entre risas.

El abuelo Huang leyendo el periódico. Fotos de Dang Xiaofei

 

Doble porción de cariño familiar

“Tener una conexión profunda con el abuelo y que los familiares vivan felizmente son los secretos para que nuestra abuela tenga larga vida”, resume la esposa del nieto de Zhang Shizhuan.

Cuando la abuela Zhang recuerda a su marido, que murió hace dos años, dice que siempre la trataba bien. “De vez en cuando me preparaba pescado, pues sabía que me gusta mucho”. Sus colegas anteriores describían que “Zhang era la niña de los ojos de su marido”. Hasta hoy día, la abuela coloca la foto nupcial sobre la mesa de su dormitorio.

En enero pasado, Zhang Shizhuan padeció pulmonía. Sus familiares estuvieron pendientes de su vestuario, alimentación y desplazamiento. Como saben que la abuela Zhang gusta de la gastronomía de distintos sabores, sus hijos se esmeraron para satisfacer su fino paladar. Todos esos cuidados la pusieron muy contenta y se recuperó rápidamente.

“Es muy importante tener amigos”, agrega la abuela Zhao. Con algunos de ellos lleva más de 40 años de amistad e incluso –cuenta- fueron juntos a Qinghai y compartieron momentos duros e inolvidables. Después de regresar a Beijing, ellos se reunían en la casa de Zhao, contaban anécdotas y se divertían jugando cartas.

En el asilo de ancianos, Zhao Xianchun tiene otros amigos y comparte con ellos una vida tranquila y feliz.