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2017-April-12 16:58

Enseñar a pescar en vez de dar el pescado

Por JIN LING*

 

En los últimos años, a medida que aumenta la participación de China como país que brinda ayudas al exterior, también se profundiza el debate a nivel internacional en cuanto al papel que juega la emergente nación asiática en este panorama. Sin embargo, esto no es nuevo para China. El país comenzó a ofrecer asistencias a varias naciones vecinas amigas hace 65 años, cuando recién se había fundado la República Popular y China aún afrontaba serias dificultades en las finanzas estatales y la escasez de materiales. Actualmente, más de 120 naciones y organizaciones regionales a nivel mundial han recibido ayudas chinas. China no solo ha adquirido una gran experiencia en la materia, sino que también ha desarrollado una serie de principios con características chinas.

 

Cooperación y beneficio mutuo sin condiciones adicionales

 

Al brindar ayuda al exterior, China insiste en la no imposición de ninguna condición política, en la no intervención en los asuntos internos de los países beneficiarios y en el respeto cabal del derecho de las otras naciones de elegir sus propios caminos y modelos de desarrollo de manera independiente. Además, se adhiere a los principios de respeto mutuo, igualdad, cumplimiento de promesas y beneficio recíproco.

Lo que esencialmente diferencia a China de los países occidentales en sus respectivas prácticas de brindar ayudas al exterior es la no imposición de condiciones políticas. Esto fue planteado por primera vez en 1964 por el entonces primer ministro Zhou Enlai, y desde ese momento ha sido un principio clave de la política china de cooperación con los países en vías de desarrollo.

China fue la nación que mayores beneficios del exterior recibió en el pasado y, gracias a esto, acumuló una rica experiencia en cuanto a cómo absorber y aprovechar las asistencias extranjeras para su propio beneficio. Cualquiera que sea la ayuda extranjera, no tendrá mayor rendimiento si el país beneficiario no la incluye en su plan de desarrollo nacional. Sea una reforma económica o política, siempre debe estar impulsada por la energía motriz interna de un país. Cualquier intervención o presión externa no tendrá más que un efecto adverso, debido a que no será adecuada frente a las condiciones específicas del país objeto.

15 de agosto de 2016. Diecinueve alumnos ghaneses asisten a una capacitación de dos meses en la ciudad de Meishan, provincia de Sichuan, sobre la técnica de tejido con bambú. Cnsphoto

La cooperación de beneficio común y la no recompensa unilateral es otro carácter importante de China en cuanto a sus ayudas exteriores. A diferencia del país asiático, las ayudas occidentales no han surtido en gran medida los efectos ideales dado que Occidente las considera un proceso de concesión unilateral, y por esto es complicado establecer una relación de socios igualitarios con los países beneficiarios. En términos de prácticas políticas, Occidente suele excederse en sus atribuciones y se involucra en los asuntos ajenos; es decir, muchas veces toma decisiones en cuanto a los planes de desarrollo y define el punto clave de despegue de los beneficiarios, afectando seriamente la autonomía del país objeto.

En realidad, el problema primordial de las ayudas de Occidente al exterior es la imposición de una estrategia de crecimiento y el descuido de las verdaderas necesidades de los países beneficiarios. En el caso de China, bajo el principio de beneficio mutuo, se considera que las ayudas al exterior son un proceso bilateral de cooperación, lo que no solo establece una relación igualitaria entre ambas partes, sino que también garantiza la autonomía y la participación efectiva del país beneficiario, asegurando también el rendimiento de las asistencias.

Asimismo, China ha sido considerada como una fuerza emergente, en gran medida gracias a su iniciativa de unir ayudas, comercio e inversión. El “modelo Angola” instaurado por China en el marco de sus ayudas a África, al tiempo que ha despertado una amplia atención de la comunidad internacional también ha suscitado dudas en diversos grados. Cuando Angola demostró ser incapaz de hipotecar o rembolsarse, aceptó préstamos de China y acordó devolverlos con el petróleo que extraería en el futuro. Fue así que comenzó la reconstrucción de un país que acababa de librarse de la guerra. Este sistema, denominado por el Banco Mundial como el “modelo Angola”, generó polémica en torno a cuestiones como “intercambiar recursos por obras de infraestructura” y “no marcar límites entre ayudas, inversión y comercio”.

En realidad, el “modelo Angola” se desarrolla bajo la premisa del respeto mutuo a la autonomía nacional y la no interferencia en los asuntos internos, y, con el apoyo de ambos Gobiernos, las empresas de los dos países han suscrito acuerdos basados en los principios de igualdad y beneficio mutuo. Es necesario que el modelo sea acorde con los intereses de ambas partes y represente una relación de ganancia mutua. Intercambiar recursos por obras de infraestructura permite que el potencial recurso se convierta en la base del desarrollo real. Bajo dicho modelo, a través de préstamos preferenciales, China promueve la inversión de sus empresas en los sectores de infraestructura, recursos y energía de Angola. De este modo, por un lado se fomenta el desarrollo económico del país africano y, por el otro, se impulsa la salida de las empresas chinas al extranjero, un resultado en el que todos ganan.

El “modelo Angola” también viene siendo aplicado por China en su cooperación con Guinea. Al respecto, el presidente de este país, Alpha Condé, expresó: “El trato con China me hace sentir muy cómodo. China es una oportunidad para África y viceversa. José Eduardo dos Santos, presidente de Angola, Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica, y Amadou Toumani Touré, presidente de Mali, comparten los mismos puntos de vista conmigo”.

Después de muchos años de debates, la comunidad internacional finalmente ha demostrado una amplia aceptación hacia el modelo de combinar asistencia, inversión y comercio para promover un desarrollo común. De hecho, la aplicación de las medidas integrales (blending) actualmente constituye el contenido principal de las reformas políticas de la Unión Europea en torno al ofrecimiento de ayudas exteriores.

 

Énfasis en la construcción de infraestructura

 

Aunque también se enfocan en asistencia educativa, sanidad y otras construcciones sociales, relativamente, las políticas de ayuda al exterior de China ofrecen un mayor capital para la construcción de obras de infraestructura en el país beneficiario, en forma de préstamo sin interés o con interés preferencial.

Según informes del Banco Mundial, más de un tercio de los préstamos ofrecidos por China para el desarrollo de la infraestructura económica de África fue invertido en obras de electricidad y de transporte. China aprovecha al máximo sus ventajas en cuanto a tecnología avanzada y bajo costo de mano de obra para ayudar a otros países en vías de desarrollo a construir obras en los terrenos de transporte, telecomunicaciones, electricidad, entre otros. Para finales de 2012, el país oriental había completado un total de 598 obras de infraestructura en otras naciones en vías de desarrollo.

La construcción de infraestructuras es el punto clave de las ayudas exteriores de China, y responde principalmente a las demandas de los países beneficiarios. Desde hace mucho tiempo, las infraestructuras atrasadas han sido un gran obstáculo para la integración de la economía, el desarrollo y la reducción de la pobreza en estos países. Por ejemplo, en el caso de África, solo el 43 % de la población total tiene acceso a electricidad, una cifra muy por debajo del promedio mundial (82 %). El número de residentes rurales con caminos que comunican a su casa también equivale al 43 %, mientras que a nivel mundial el promedio se ubica en 69 %. Y la mitad de la población africana vive en chabolas, una cifra que supera con creces el promedio de los países en vías de desarrollo (33 %). Es por estos motivos que en África apremia con ansiedad la inversión en obras de infraestructura.

Una agrónoma de la provincia de Anhui imparte clases a los estudiantes de un cursillo gubernamental destinado a la promoción de nuevas tecnologías de cultivo de verduras para países en vías de desarrollo. Cnsphoto

Frente al desafío del cambio climático, China ha ampliado el contenido ecológico de su política de ayudas al exterior. Durante las Conferencias de la ONU sobre el Cambio Climático celebradas en Cancún, Durban y Doha, al tiempo que China compartió sus experiencias en ahorro de energía y reducción de emisiones de gases invernadero, se comprometió a incrementar las ayudas en el sector de protección medioambiental en los países más pobres, los de pequeñas islas y las naciones africanas para que desarrollen energías limpias y eleven las capacidades para enfrentarse al cambio climático. En 2015, China invirtió 20.000 millones de yuanes (2,9 millones de dólares) en el proyecto del Fondo de Cooperación Sur-Sur del Cambio Climático de China para apoyar a otros países en vías de desarrollo en este aspecto.

Además de ayudar a construir obras ecológicas y proporcionar materiales, China también coopera con los países menos desarrollados con miras a mejorar las capacidades de protección ante los efectos ocasionados por el cambio climático. Entre 2010 y 2012, las colaboraciones tecnológicas de China con países como Etiopía, Burundi y Sudán ayudaron a elevar el nivel de administración y utilización de energías limpias, como la solar y la hidráulica. China organizó 150 ediciones de cursillos de capacitación relacionados con la protección medioambiental y el cambio climático en más de 120 países en desarrollo. Más de 4000 funcionarios y técnicos recibieron educación concerniente a las industrias de bajo carbono, las políticas de los recursos energéticos, entre otros terrenos.

De manera transparente y abierta, China también ha dado a conocer cada vez más sus políticas de ayuda hacia el exterior. En 2011, por primera vez publicó ante la comunidad internacional el libro blanco sobre ayuda hacia el exterior y, tres años después, emitió el segundo libro blanco, en el cual explicó la concepción de sus ayudas a otros países y la distribución de sus asistencias en las regiones y los sectores beneficiarios en todo el mundo.

*Jin Ling es investigadora adjunta del Instituto de Estudios Internacionales de China (CIIS, siglas en inglés).

Análisis

  • El sueño chino,ml sueño
  • Sesiones de la APN y la CCPPCh en 2012
  • Cumbre sobre el cambio climático de Durban
  • Serpiente emplumada americana y dragón chino
  • Guizhou Mirando hacia el futuro