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El virus que nos acorrala y nos une

Source:China Hoy Author:DAMIÁN ESTRADA*
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   Más de ocho millones de afectados a nivel mundial, casi medio millón de personas que lamentablemente perdieron la batalla contra el nuevo coronavirus (COVID-19), cifras que para nada preví cuando en enero pasado llegaron a Cuba las primeras noticias de que, en la ciudad china de Wuhan, una extraña y desconocida gripe se había desatado. 

   “China, mi segunda casa, el país al que visito desde los siete años, donde tengo incluso familia política y decenas de amistades, está en problemas. No lo puedo creer”, fueron los primeros pensamientos que, de manera orgánica, vinieron a mi mente.  

   A la ya complicada y delicada situación se añadía el hecho de que el país asiático se encontraba en plenas celebraciones del Año Nuevo Lunar, etapa en la que tradicionalmente varios millones de chinos del extranjero regresan al país para celebrar esta enorme festividad con los suyos, además de la abrumadora movilidad interprovincial que se genera. 

  

6 de abril del 2020. Ceremonia de entrega del cheque donado por China a Cuba.

Desde el Barrio Chino habanero 

Tocó la casualidad de que en ese entonces, además de encontrarme planeando un regreso a Beijing (el cual por razones obvias aún no se ha podido concretar), ayudaba a una gran amiga china de Yunnan a realizar su investigación en Cuba para su Maestría en Estudios de Antropología. 

   Aún más impactante resulta el hecho de que su tema estaba relacionado con la descendencia china en Cuba, en una sociedad ubicada en el Barrio Chino habanero. 

   Mi amiga tenía habilitada una aplicación digital derivada de la red social y utilitaria china por excelencia WeChat, en la cual se contabilizaba minuto a minuto el número de infectados y fallecidos a nivel local e internacional.  

   Jamás se borrarán de mi mente las caras tristes de los ancianos de la mencionada sociedad, en su enorme mayoría con familiares y amigos en suelo chino, cada vez que mi amiga les actualizaba sobre las cifras de afectados o fallecidos por el virus. 

   Al igual que tampoco olvidaré la forma en que sus rostros se iluminaban cada vez que escuchaban alguna noticia positiva al respecto, como cuando el número de recuperados comenzó a duplicar el de las víctimas mortales, o cuando en Wuhan se construyó un enorme hospital en apenas 10 días con el solo propósito de contener y tratar la devastadora enfermedad. Su sentir era el mío. 

  

En tiempos difíciles se conocen los verdaderos amigos 

  

   Apenas dos semanas después de que el COVID-19 cobrara sus primeras víctimas y comenzara a esparcirse por naciones vecinas, como Malasia o Japón, Cuba anunciaba que el antiviral cubano Interferón alfa 2B recombinante (IFNrec) estaba entre los medicamentos escogidos por China para tratar el nuevo coronavirus. 

   Como cubano, con medio corazón chino, esta noticia me llenaba de orgullo y optimismo. Más aún cuando el propio presidente chino, Xi Jinping, se pronunció al respecto, alabando desde la introducción del Interferón alfa 2B en el programa de contención del país asiático, así como la labor de los investigadores de mi país en aras de encontrar una cura definitiva para este implacable virus. 

   “Esto y la visita del mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, a la Embajada de China en La Habana, demuestran plenamente la profunda amistad tradicional entre los dos países. Cuba ha mantenido un intercambio y cooperación normales, lo cual implica respeto y apoyo al trabajo de prevención y control. China y Cuba son buenos amigos, buenos camaradas y buenos hermanos que pueden depender el uno del otro en momentos difíciles y son tan cercanos como labios y dientes”, precisó Xi en aquel entonces. 

   Poco tiempo después, se dio a conocer la noticia de que China había prácticamente controlado el brote de la pandemia y que las bajas causadas por la misma se mantenían en un número cercano a las 4000. Una cifra impresionante, teniendo en cuenta la población de unos 1400 millones de personas con la que actualmente cuenta el país, además de haber sido Wuhan el epicentro inicial. 

    

13 de abril del 2020. Los médicos cubanos llegan a Italia en apoyo de su lucha contra el COVID-19. Fotos cortesía de MINSAP

El virus en Cuba 

  

   A mediados de marzo se dio a conocer a nivel nacional que un grupo de turistas italianos habían ingresado a Cuba con síntomas similares a los del COVID-19. 

   Mis peores temores se hicieron realidad. El virus había llegado a Cuba y aunque mi fe en el sistema de salud cubano jamás estuvo en dudas, sí me preocupaba la capacidad económica del pequeño país caribeño que me vio nacer para hacer frente a semejante flagelo, ya en ese entonces presente en casi todas las naciones del planeta. 

   Fue aquí donde Cuba se mostró ante el mundo como la potencia médica que es, ya que después de tres meses de la presencia del COVID-19 en el archipiélago cubano, las fatalidades se han reducido a menos de 90 y unos 2300 infectados en una población que supera los 11 millones de habitantes, cifras alcanzables por solo un puñado de países a nivel global. 

   ¿Camino fácil? Para nada. Cuba tuvo que prácticamente paralizar toda actividad económica, docente, turística y comercial, restringiendo la movilidad y el transporte a niveles casi nulos, medidas que la población y Estado han sentido considerablemente, dado que el país depende en gran medida del turismo para subsistir. 

   Las largas filas en los mercados que hemos tenido que hacer y aún hacemos en Cuba, dada la actual escasez de alimentos y otros artículos de primera necesidad, o el cerco interno debido a la suspensión del transporte público en pos del necesario distanciamiento social, así como la precariedad económica a causa del parón laboral, son males secundarios cuando se ha protegido tanto el bien más preciado: la vida humana. ¿Qué mayor orgullo para un residente de un país pequeño como Cuba saber que mi tierra envió médicos a asistir a más de 15 naciones? Entre ellas Italia, uno de los territorios más afectados en la comunidad internacional. 

   En el éxito de Cuba para contener la pandemia tuvo especial incidencia un viejo socio, una nación hermana: China, país que –pese a los intentos de Estados Unidos de entorpecer cualquier ayuda humanitaria a Cuba y Venezuela– logró donar 200.000 dólares por la contingencia del nuevo coronavirus, además de implementos sanitarios para la aplicación de tratamientos relacionados con la pandemia. 

   De esta manera, el Ministerio de Salud Pública de la isla recibió 200.000 mascarillas, 10.000 máscaras quirúrgicas, 2000 trajes desechables, 2000 gafas protectoras y 500 termómetros infrarrojos. También recibió 2000 pares de guantes quirúrgicos y otros 2000 pares de zapatos adecuados para el aislamiento, entre otros donativos par parte del Gobierno chino.  

  “En tiempos de pandemia, la solidaridad y la cooperación salvan vidas. Es una muestra de la entrañable amistad que nos une”, anunció al respecto el ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez. 

   Aferrándose a la fe que nos mantiene en pie como humanos, este cubano –que siente a China como suya, propia– se despide por ahora, con total certeza de que juntos veremos la luz al final del túnel y no sin antes enviar un mensaje al lejano país que me vio convertirme en el hombre que hoy soy: China, hasta que nos veamos de nuevo. 

    

*Damián Estrada es periodista, comunicador social y editor cubano. 

    

  

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Editor: Wu Wen Da-->

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