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Las flores de seda de Beijing

Source:China Hoy Author:JIAO FENG
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Un crisantemo de seda.

 

La flor de seda de Beijing es un tipo de flor hecha –como su nombre lo indica– de seda y otros materiales, la cual comenzó a usarse en la antigüedad como elemento de decoración para el cabello de las mujeres.

 

Es una tradición milenaria que las mujeres lleven flores en el cabello, como puede contemplarse, por ejemplo, en las pinturas tradicionales chinas. Dado que las flores frescas están restringidas por las estaciones, los hábiles artesanos chinos elaboraban flores artificiales de seda como una magnífica alternativa para ser exhibida todo el año. A pesar de que las flores para el cabello ya no están de moda, es aún una artesanía muy popular entre la gente, que las usa también para decorar el hogar.

Penjing (“paisaje en maceta”, en chino) de seda.

 

 

Calle del Mercado de las Flores

 

La Calle del Mercado de las Flores es el lugar de origen de las flores de seda de Beijing. Ubicada en el sur de la capital china, se trata de una calle de 2 km de longitud que comienza en la calle Baiqiao (en el este) y termina en la calle Chongwenmenwai (en el oeste).

 

El nombre antiguo de la calle era Shenmuchang (o “Calle de la Madera Real”, en chino), pues allí se almacenó la madera utilizada en la construcción de la famosa Ciudad Prohibida. Durante la dinastía Qing (1616-1912) se estableció un mercado de flores que atendía los días 4, 14 y 24 de cada mes. Más allá de los artículos diarios, las flores artificiales figuraban entre sus productos principales. Fue así como se fueron abriendo muchos talleres de flores de seda, vellón y papel como elementos decorativos para las mujeres, para las salas de la casa, entre otros propósitos. De este modo, la calle pasó a ser conocida como la Calle del Mercado de las Flores.

 

Si bien se trataban de flores artificiales, estas eran hechas con tanto esmero que parecían ser reales. Por ello, el mercado estaba abarrotado de compradores de todo el país. De hecho, se convirtió en el centro de fabricación de las flores de seda en China, lo que originó el siguiente dicho: “Las mejores flores de seda están en el Mercado de Flores”. Los negocios prosperaron hasta que los japoneses invadieron Beijing en la década de 1930. Sin embargo, el nombre de Calle del Mercado de las Flores ha permanecido.

 

La flor de seda de Beijing cuenta con fama nacional e internacional debido a su elegante diseño, fina elaboración y brillantes colores, lo que la llevó a ser premiada en la Exposición Universal de San Francisco en 1915. Hoy en día se ha multiplicado su variedad, pues a partir de docenas de especies se han creado hasta más de 2000 tipos, como “flores de teatro”, penjing (“paisaje en maceta”, en chino), entre otros. La flor de seda de Beijing fue incluida en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la capital china en 2007, y en la lista nacional al año siguiente.

 

Jin Tieling, quien pertenece a la quinta generación de herederos del arte de las flores de seda de Beijing.

 

Empresa familiar de cinco generaciones

 

Las flores de seda, hechas de un precioso material, eran suministradas principalmente a la familia imperial, por lo que también eran conocidas como “las flores del palacio”. La moda de llevarlas llegó a su apogeo durante la dinastía Qing, lo que provocó un aumento en la demanda y en sus variedades. Se empleaban diversas flores en diferentes momentos del día y en distintas ocasiones, y su variedad dependía también del estatus social. El Departamento de Asuntos Domésticos de la Corte Imperial de la dinastía Qing dirigió un taller especial encargado de la fabricación de flores artificiales para las mujeres del palacio y para la decoración de los banquetes. Los artesanos que se dedicaron a este negocio se colocaron el término Hua’er (“flor”, en chino) antes de sus apellidos para mostrar así su respeto por el oficio.

 

Por ejemplo, en la zona sur de Beijing vivía la familia Hua’er Jin, a la que se le encargaban las flores de seda para los tocados de la madre del emperador, de la emperatriz y de las princesas. Jin Tieling pertenece hoy a la quinta generación de quienes han heredado este arte. Al igual que otros artesanos, su pasión por este oficio estuvo influida por lo que oía y veía en su entorno familiar. Desde muy joven, Jin tuvo un contacto e interés por las flores de seda, lo que le llevó a unirse en 1978 a la Fábrica de Flores de Seda de Beijing.

 

Con el fin de mejorar su técnica, Jin Tieling visitó numerosas tiendas y exposiciones de flores, adonde llevaba sus obras para solicitar las opiniones de los horticultores. Su perseverancia ha hecho que sus habilidades mejoren notablemente. En 1982, a los 26 años de edad, obtuvo el Premio Cien Flores de Artes y Oficios de China por su obra sobre un crisantemo de seda.

 

“A pesar de tener una herencia familiar, estos logros se deben principalmente al esfuerzo. No hay atajos a la hora de aprender un oficio”, asegura Jin. A principios de la aplicación de la política de Reforma y Apertura en China, Jin Tieling realizó su primer viaje laboral a la ciudad de Guangzhou, donde vio muchas flores que no crecían en Beijing. Sin dudar, decidió comprar dos cajas de ellas. “Cada planta es única, así como cada flor y cada hoja. Solo a través de una incesante observación se pueden elaborar buenas flores de seda”, señala.

Una flor de seda de Beijing.

 

 

 

La búsqueda de la perfección

 

Hoy cada vez más personas aman las flores, las cuales siguen siendo un elemento de decoración en sus vidas. Aunque las flores pueden ser vistas todo el año, el arte de las flores de seda no ha desaparecido y cuenta aún con el afecto de la gente.

 

De acuerdo con Jin Tieling, la fabricación de flores de seda requiere un delicado proceso manual que incluye una o dos docenas de pasos. Se eligen diferentes tipos de seda y tul, según los distintos tipos de flores. El tejido fino y suave debe almidonarse con pasta de harina para que sea duro antes de cortarlo, teñirlo, esculpirlo y ensamblarlo. Debido a que cada flor y cada pétalo son diferentes, no es nada inusual pasarse dos o tres meses en un solo trabajo. “Puedo reproducir cualquier flor con la seda”, manifiesta Jin con confianza.

 

Gracias a los avances tecnológicos, las máquinas ya pueden hacerse cargo de algunos de los pasos en la fabricación de flores de seda. Sin embargo, Jin insiste en hacerlas completamente de forma manual, pues afirma que aquellas flores que son hechas con máquinas no parecen tener vida.

 

Como integrante de la quinta generación de la familia Hua’er Jin, Jin Tieling no se contenta con los laureles obtenidos, sino que insiste en experimentar con nuevos materiales, a fin de elaborar flores más reales.

 

Jin, que hoy tiene más de 60 años de edad, suele presentar sus obras en las comunidades, escuelas y empresas. “Siento que estoy sembrando semillas de amor hacia este arte en el corazón de las personas interesadas”, concluye.

 

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Editor: Wu Wen Da-->

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