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El refugio del viejo Beijing

Source: Author:ZHANG PENGYU*
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Las torres del Tambor y la Campana, los cielos azules, los silbatos de paloma, el douzhi (la bebida fermentada hecha de harina de mongo chino) y los churros fritos. La simple mención de todos estos elementos nos recuerda al “viejo Beijing”, que ahora solo podemos encontrar escondido en los hutongs, los tradicionales callejones que atraviesan el centro de la capital china.

 

Sin embargo, las casas ubicadas en los hutongs normalmente no están abiertas al público, mientras que la Ciudad Prohibida y el Palacio de Verano, donde vivían los emperadores, están muy lejos de mostrar cómo era la vida de las personas comunes. He ahí la importancia de los museos del hutong, que nos proporcionan una ventana hacia aquel estilo de vida del pasado.

 

El Museo del Hutong Shijia, ubicado en la calle Shijia Hutong n.º 24, abrió oficialmente al público en 2013, convirtiéndose en el primer museo del hutong en Beijing. Con más de 1000 m2 de superficie y 8 salas de exhibición, fue la antigua residencia de Ling Shuhua, famosa escritora de los años de la República de China (1912-1949). El museo es hoy gestionado por el Instituto Municipal de Planificación y Diseño de Ciudades de Beijing.

 

En octubre de 2018 abrió sus puertas el segundo museo del hutong en Beijing: el Museo del Hutong Dongsi. El edificio principal fue construido alrededor de 1940. Con una superficie de 1023 m2, es una típica casa con un patio de 3 entradas y 5 áreas de exhibición.

 

El Museo del Hutong Dongsi.

 

La construcción de un espacio cultural

 

Cuando uno entra en el Museo del Hutong Shijia, escucha el piar de los pájaros, el paso de las bicicletas y la charla de los vecinos frente a sus casas. Luego aparece una casa de patio tradicional con ladrillos grises, azulejos negros y columnas doradas, en cuya entrada cuelga una placa grabada por Shu Yi, un escritor local, que certifica que se trata del Museo del Hutong Shijia. Pequeños grupos de visitantes leen cuidadosamente los paneles informativos de la sala de exposiciones, totalmente inmersos en conocer cómo era antes la vida en la ciudad.

 

Una bicicleta Flying Pigeon llama la atención. Se trata de una marca histórica en Beijing. La donó Chen Ziyu, un joven nacido en la década de 1990 que ama la historia y la cultura de Beijing. Chen empleó su tiempo libre en recorrer las calles de la capital y tomar fotos de innumerables placas de hutongs. En 2016 donó su bicicleta Flying Pigeon al Museo del Hutong Shijia.

 

“No soy de este hutong, pero me encanta el museo. Vi que había muchos artículos donados, como televisores viejos, grabadoras y máquinas de coser, pero descubrí que había pocos artículos de transporte. Así que decidí llenar ese vacío”, explica Chen.

 

Según él, esta bicicleta fabricada en 1966 es fuerte y ligera. “En ese momento costaba 193 yuanes, una fortuna para cualquier familia de Beijing. La gente necesitaba usar un cupón especial para comprarla, el cual era difícil de conseguir”, agrega Chen Ziyu. Una vez en exhibición, la vieja bicicleta atrajo las miradas de los visitantes, muchos de los cuales se detuvieron para tomarse unas fotos con ella y preguntar si podían montarla.

 

Dentro del museo hay también un pequeño taller que ha recopilado las grabaciones de más de 80 tipos de sonidos propios de la vida en los hutongs, como el canto de las cigarras y las aves, el grito de los vendedores, entre otros. El taller es una creación del artista Colin Siyuan Chinnery, nieto de la famosa escritora Ling Shuhua.

 

Según Wang Hongguang, del Instituto Municipal de Planificación y Diseño de Ciudades de Beijing, el museo se estableció para servir a los residentes locales. “Esperamos convertirlo en un espacio cultural público”, señala.

 

En el recientemente inaugurado Museo del Hutong Dongsi, los residentes locales también han donado muchos artículos como tanques de agua, azulejos y jaulas para pájaros. Liu Qiuqin, quien creció en un hutong, donó una gran pecera antigua que se remonta a la época de la República de China y que era un elemento esencial en el patio de las viviendas de entonces.
19 de octubre de 2018. El Museo Hutong de Beijing utiliza tecnología multimedia para mostrar la vida tradicional en la capital china.

 

 

Para un mejor vecindario

 

El Museo del Hutong Shijia, que ha estado abierto por más de cinco años, tiene una relación armoniosa con los vecinos. Realiza diversas actividades durante los festivales tradicionales. El año pasado, en el Festival Qixi (el Día de San Valentín chino), fue decorado de tal manera que las parejas de edad avanzada pudieron tomarse fotos en un ambiente romántico. “Nuestras actividades buscan estar muy cerca del corazón de los vecinos”, dice Li Shaobin, un residente local. Durante el Festival de Laba (el octavo día del duodécimo mes del calendario lunar), los trabajadores del museo invitan a los residentes a preparar los ajos laba y luego disfrutan juntos la comida.

 

“Las actividades en el Museo del Hutong Shijia son impresionantes”, menciona un visitante. “Cuando estábamos en la universidad, mi novia y yo participamos aquí en una actividad que consistía en elaborar monos peludos. Usamos conchas de cigarra para hacer la cabeza y las extremidades, y capullos de flores de magnolia lirio para su cuerpo. El mono peludo que hicimos parecía real y era un testimonio de nuestro amor. Todavía lo conservamos en nuestra casa”.

 

Wang Hongguang señala que a la hora de construir mejores comunidades para la gente necesitaron reunir todo tipo de recursos y especialmente movilizar a los vecinos a que construyeran conjuntamente espacios públicos. En este proceso se deben tener en cuenta diferentes necesidades. El objetivo del museo es mejorar la comprensión y la confianza entre los vecinos, y sentar las bases para la mejora del estilo de vida y de la protección de los hutongs.

 

En 2014, los empleados del Instituto Municipal de Planificación y Diseño de Ciudades de Beijing ayudaron a establecer un organismo de protección cultural para el hutong Shijia, el cual es una plataforma para que residentes, propietarios, expertos y voluntarios participen en la preservación y renovación del vecindario. El proyecto “minipatio de un hutong” es un buen ejemplo de ello.

 

El proyecto fue iniciado por los profesores y estudiantes de la Academia Central de Bellas Artes en Beijing. Reutilizan materiales de desecho, como macetas para el cultivo de frutas, verduras y otras plantas, lo que ayuda a embellecer los patios. Las teteras se usan para plantar flores y las latas de refresco se convierten en estantes de plantas. Zong Xiuying, quien vive en un hutong, dice: “Mi patio nunca estuvo tan hermoso gracias a todas estas ollas de pimientos y su delicado diseño”.

 

Ma Yuming, del Instituto Municipal de Planificación y Diseño de Ciudades de Beijing y curador del Museo del Hutong Shijia, explica que el museo tiene una sala de conferencias donde los residentes pueden participar en discusiones sobre temas de infraestructura, como estacionamientos, baños públicos, etc. “En los últimos tres años se han renovado 7 patios con alcantarillas, estanterías de almacenamiento y lámparas solares rediseñadas”, asegura Ma.

 

El proyecto en el que colaboró el instituto recibió en 2017 un premio otorgado por el Ministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano-Rural de China. La profesora Kathryn Moore, expresidenta del Instituto Landscape del Reino Unido, reconoció que no esperaba ver un museo comunitario chino tan activo y en el que la gente hubiese hecho tantas cosas maravillosas.
El Museo del Hutong Shijia. Fotos de VCG

 

 

 

Un lugar de recuerdos preciados

 

Cómo conservar la cultura tradicional de una ciudad y registrar los cambios sociales ante su rápido e implacable crecimiento es hoy en día una cuestión importante. En muchas ciudades de China han surgido estos últimos años museos como los especializados en los hutongs de Beijing, que tienen sus raíces en las comunidades locales y están diseñados para conservar la memoria cultural de la ciudad.

 

En enero de 2018 se inauguró el primer museo de este tipo en Shanghai, el Museo del Callejón Xiwang Huangyuan. Las máquinas de coser, las galletas Laodafang, los relojes Sanwu y las tazas esmaltadas se encuentran entre los artículos más antiguos que cuentan la historia de la antigua Shanghai.

 

En julio de 2018 se abrió el Museo Longquanyi en la comunidad de Wuxing, en Chengdu. Más de 600 artículos locales muestran los cambios vividos en esta ciudad entre las décadas de 1930 y 1990. El museo es muy popular en el barrio, donde los ancianos recuerdan el pasado y los jóvenes pueden conocer la cultura agrícola y callejera. También se ofrecen clases para aprender el dialecto hakka (un subgrupo del pueblo chino Han) y lecciones de cocina, a fin de promover el patrimonio cultural y la construcción de una comunidad armoniosa.

 

Gracias a un taller fotográfico y a un proyecto de compilación de la historia oral, se han guardado preciosos archivos sobre la vida en los hutongs. En la exposición “Viejas fotos caseras”, Chang Jihong cuenta la historia detrás de las fotos que donó, que son también un testimonio de la unión de décadas entre ella y su esposo.

 

“Las venas de la cultura son importantes. Los museos del hutong son el hogar espiritual de los antiguos residentes de Beijing y una excelente manera de reflejar su historia y cultura”, señala Zhang Zhiyong, director de la Oficina del Subdistrito de Dongsi.

 

 
 
*Zhang Pengyu es periodista de la edición internacional del Diario del Pueblo.

 

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Editor: Wu Wen Da-->

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