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La historia de Confucio (1.a parte)

2018-10-18 15:43:00 Source: Author:Meng Zhuo
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Los antepasados de Confucio eran nobles del Estado de Song. Cuando este cayó en un caos, sus antepasados huyeron al Estado de Lu y la fortuna de la familia disminuyó gradualmente. Shuliang He, el padre de Confucio, era solo un oficial militar del Estado de Lu, aunque era conocido por su incomparable fuerza que le valió muchos méritos en las batallas.

 

Shuliang He tuvo nueve hijas y un hijo discapacitado. Su mayor deseo era tener un hijo saludable. Así que tomó una tercera mujer, llamada Yan Zhengzai. A menudo iban ambos a rezar a la montaña Niuqiu. Finalmente, Yan dio a luz a un varón, a quien bautizaron con el nombre de Kong Qiu. A los 20 años de edad, se puso a sí mismo el nombre de Zhongni, conocido luego como Confucio.

 

Desafortunadamente, cuando Confucio cumplió tres años, su padre murió. El pequeño Confucio y su madre se mudaron de Zouyi a Qufu, la capital del Estado de Lu. El niño no tuvo juguetes. Lo que más le gustaba era colocar cuencos y platos pequeños, pues imitaba a los adultos que realizaban ceremonias rituales.

 

Debido a la pobreza, Confucio tuvo que hacer todo tipo de trabajos y, por eso, aprendió muchas habilidades. Confucio era muy ambicioso. A los 15 años de edad, se trazó el noble objetivo de convertirse en un hombre sabio.

 

Cuando tuvo 17 años, su madre también falleció. Para ganarse la vida, Confucio trabajaba como un insignificante oficial en puestos como los de chengtian (cuidador de vacas y ovejas) y weili (administrador de graneros y almacenes). Trabajaba mucho y era muy responsable. Al mismo tiempo, mantuvo la costumbre de leer y estudiar.

 

El Estado de Lu tenía un fuerte ambiente cultural, por lo que allí se reunían muchos sabios. Confucio, modesto y muy dispuesto al aprendizaje, les buscaba a menudo para pedirles consejos. No tenía un maestro fijo, pero estaba preparado para aprender de cualquiera que tuviera experiencia en ciertos campos; y si observaba un error en alguien, buscaba superar tal deficiencia en sí mismo.

 

Una vez, Confucio tuvo la oportunidad de ingresar al Templo Ancestral Imperial, donde la gente del Estado de Lu ofrecía sacrificios a su antepasado, el Duque Zhou (Zhou Gong), y donde se preservaban los ritos y las etiquetas más auténticas y comunes. Confucio hacía preguntas muy detalladas. Algunos le recriminaban que no entendiese el protocolo, pero él decía: “Si uno no sabe algo, pregunta. ¿Acaso no es el protocolo?”.

 

En ese entonces, para ser un hombre de un completo talento, se necesitaba dominar las “seis artes”: ritos y etiquetas, música, tiro con arco, conducción de carruajes, lectura y cálculos. Confucio estudiaba mucho y practicó tanto hasta que llegó a dominarlas todas. Se convirtió en un sabio de moral íntegra y muy conocido por todas partes.

 

Confucio se casó a los 19 años de edad. Su hijo nació al año siguiente. Cuando el rey de Lu escuchó la noticia, le envió a Confucio una carpa como regalo. Muy agradecido, Confucio llamó a su hijo Kong Li (li significa carpa en chino) y también le puso otro nombre de Boyu (yu significa pescado en chino).

 

La fama de Confucio se extendió por todas partes. Cada vez más padres querían que sus hijos aprendieran de él. Cuando tuvo 30 años, Confucio aceptó su primer grupo de discípulos. Estudiaban juntos las obras literarias clásicas y practicaban la música y los ritos. El lugar donde Confucio enseñaba a sus discípulos fue llamado el Foro del Albaricoque.

 

Confucio tenía un discípulo llamado Zi Lu, quien tenía mucha personalidad y era solo nueve años menor que él. Zi Lu era muy habilidoso en las artes marciales. De más joven había sido bastante imprudente. Le gustaba pegar plumas de gallo a su sombrero y decorar su espada con piel de jabalí. Cuando se enteró de que Confucio estaba reclutando alumnos, Zi Lu fue a provocar problemas.

 

Zi Lu no creía que las enseñanzas de Confucio pudieran hacer mejor a alguien. Le dijo: “Yo soy como el bambú de la montaña del sur, que nace recto y robusto, y una vez cortado pueden servir para elaborar afiladas flechas. ¿Para qué necesito aprender?”.

 

En lugar de enojarse, Confucio le explicó pacientemente: “El aprendizaje y el conocimiento son para una persona como equipar las flechas con puntas y plumas: con ambas, las flechas pueden viajar una distancia más larga y dar más en los blancos”. Al escuchar esto, Zi Lu sintió una gran admiración por él.

 

A partir de ese momento, Zi Lu siempre se presentó a las clases de Confucio. Al oír las teorías sobre cómo cultivar las virtudes y la moral y sobre cómo gobernar una nación, Zi Lu empezó a admirar profundamente a Confucio por su moral y conocimientos. Entonces, le pidió ser su discípulo y seguirlo por el resto de su vida.

 

Confucio rompió la convención de que solo los nobles tenían derecho a recibir una educación. Muchos de sus alumnos venían de familias pobres y sencillas. Cada vez más gente iba a recibir lecciones. Confucio solo pedía diez piezas de carne seca como matrícula simbólica, lo cual era asequible para la mayoría de las familias de entonces.

 

Un día, Confucio y su discípulo Gongxi Hua estaban sentados a la sombra bajo un árbol. Zi Lu se acercó entusiasmado y le dijo a Confucio: “He oído una gran idea. ¿Debo ponerla en práctica de inmediato?”.

 

Confucio negó con la cabeza y le respondió: “¿Cómo puedes aplicarla solo después de haberla escuchado? Tienes que consultarles primero a tu padre y a tu hermano mayor”. Zi Lu se fue con esa reflexión en la cabeza. Un poco más tarde, otro discípulo, Ran You, llegó y le hizo a Confucio la misma pregunta, pero de una manera respetuosa.

 

Confucio respondió: “¡Ya que has tenido una buena idea, sin duda deberías ponerla en práctica de inmediato!”. Al oírlo, Gongxi Hua, que estaba a su lado, se quedó asombrado. Después de que Ran You se fue, le preguntó a Confucio: “¿Por qué ha dado respuestas diferentes a una misma pregunta?”.

 

Con una sonrisa, Confucio le explicó: “Ran You es tímido y vacilante, por lo que le animé a seguir adelante con valor; mientras que Zi Lu es valiente e imprudente, así que le enseñé a ser modesto y saber conceder”. De esta manera, Confucio individualizaba su enseñanza de acuerdo con los diferentes temperamentos y aptitudes de sus alumnos.

 

 
 

(Continuará)

 

*Este cuento pertenece a la serie Libros Ilustrados de Historias Chinas, dirigida a los niños hispanohablantes. Los interesados en adquirirla pueden comunicarse con la editorial Blossom Press (Tel.: 0086-10-68996050, 68996618. Fax.: 0086-10-88415258. E-mail: minmin9305@163.com).

 

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