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La literatura de ciencia ficción china

2018-06-05 16:07:00 Source:China Hoy Author:SUN XINTANG*
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Cuando se habla de la literatura china, uno suele referirse a la gran tradición poética del país, con grandes producciones a lo largo de su historia y que alcanzaron un auge durante las dinastías Tang y Song (del siglo VII al siglo XI). Sin embargo, en ese océano de registros históricos y textos literarios que tiene China, también se pueden encontrar bastantes textos de ciencia ficción.

 

En el campo científico, los antiguos chinos mantuvieron durante siglos un liderazgo en el mundo, evidenciado en la invención de la brújula, del papel, de la imprenta, de la pólvora, etc. Asimismo, surgieron grandes científicos como Zhang Heng, Zu Chongzhi, Bi Sheng, Hua Tuo, Zhang Zhongjing, entre otros. Abundante información al respecto puede encontrarse en los siete tomos y 800 páginas de Ciencia y civilización en China, el gran libro de Joseph Needham.
La escritora china de ciencia ficción Hao Jingfang imparte una conferencia en el Instituto Confucio de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en México. Sun Xintang

 

Mitos y leyendas

 

Esta conciencia innovadora de los chinos naturalmente se vio reflejada en las obras literarias. En la literatura china nunca ha estado ausente la fantasía. En sus mitos y leyendas se encuentran no pocos elementos de ciencia ficción: algunos describen los antiguos avances científicos y otros expresan fantasías que iban más allá del nivel tecnológico de entonces.

 

La obra Shan Hai Jing (Clásico de las montañas y los mares) es el registro cultural y geográfico más temprano de China. Se trata de un extraordinario libro de mitos y leyendas de la antigüedad, además de un valioso documento sobre geografía, etnografía y costumbres populares. En su contenido se aprecian visiones fantásticas acerca de lugares exóticos y tierras lejanas, aunque los mitos descritos en aquel libro y otros relatos antiguos chinos, como Shu Hai mide el territorio del país, Kua Fu persigue al Sol o Chang’e vuela a la Luna, expresan la formidable imaginación de los chinos en cuanto a la relación entre el ser humano y la naturaleza. Posteriormente, las reflexiones de los filósofos chinos sobre el universo, tanto el ideal utópico de los confucianistas como las interpretaciones taoístas sobre hombre-naturaleza, se fueron sumando a la capacidad imaginaria del pueblo chino. Muchas consideraciones descritas por el filósofo Zhuang Zi sobre la naturaleza, la sociedad y las mutaciones, hoy en día siguen presentes en las obras de ciencia ficción chinas.

 

En otro libro, Lie Zi, correspondiente al Periodo de Primavera y Otoño (770 a. C.-403 a. C.), encontramos el siguiente texto:

 

El rey Zhoumu regresaba del viaje al oeste, cuando en la frontera se encontró con un artesano, el maestro Yan, quien deseaba ofrecerle algo. El rey le dijo que se lo trajera al día siguiente.

 

El maestro Yan visitó al rey según la hora indicada. Al verlo acompañado, el rey le preguntó: “¿Quién es ese que viene con usted?”.

 

- “Es un artista que yo he fabricado, y sabe cantar y bailar”.

 

El rey observó con asombro que el artista caminaba y se detenía, se agachaba y se levantaba, igual que un hombre. Levantaba la cabeza y cantaba una linda melodía, extendía sus manos y bailaba un ritmo sensacional. Se movía de manera muy fluida, libre y natural. El rey, mirándolo, lo confundió con cualquier buen artista y llamó a sus concubinas para que presenciaran el espectáculo.
El escritor chino Liu Cixin.

 

Obras de Liu Cixin.

 

 

Antes de que la función terminase, el artista coqueteó con sus ojos con las concubinas. El rey se puso furioso y ordenó matar al maestro Yan. Este, con gran miedo, desmontó enseguida al artista ficticio para mostrarle pieza por pieza al rey: cuero, madera, encina, pintura, cal, carbón, etc. Viéndolo detenidamente, el rey descubrió que el hombre falso lo tenía todo: hígado, corazón, pulmones, riñón, estómago, huesos, piel, dientes, cabellos… Todo era artificial, pero, al montarlo de nuevo, el artista volvió a actuar como una persona. El rey le sacó el corazón y el artista no habló. Le sacó el hígado y el artista no vio. Le sacó el riñón y el artista no caminó.

 

Muy contento, el rey tomó el regalo del maestro Yan y regresó a su palacio.

 

Este es el primer cuento de ciencia ficción de China y, a lo mejor, el primero en el mundo que tiene como tema a un robot. Pero, por otra parte, constituye un relato de fantasía con características bien chinas: la descripción del hombre fabricado en cuanto a su corazón, hígado, riñones, etc., coincide con los logros alcanzados por la medicina tradicional china y que están descritos en el Canon interno del Emperador Amarillo, la obra escrita más antigua y de mayor importancia de la medicina tradicional china.

 

De hecho, en la literatura de ciencia ficción china abundan textos sobre “robots” o autómatas. En Historia de las Dinastías del Sur, de Li Yannian (siglo VII), se describe un caballo ficticio que es capaz de hacer todo lo que realiza un caballo verdadero. En un apartado de Globales crónicas de la corte y del pueblo, de Zhang Zhuo (658-730), se relata la historia de un monje budista robot que pide limosnas; otro apartado habla sobre un alcalde quien creó dos robots para que le sirvieran los tragos; y hay también un texto sobre el famoso carpintero chino Lu Ban, quien fabrica una grulla de madera a la que monta para poder viajar incluso a otros países. El Romance de los Tres Reinos, de Luo Guanzhong (¿1330-1400?), una de las obras cumbre de la narrativa china antigua, dedica casi dos páginas a la descripción detallada de la fabricación de caballos y bueyes autómatas, empleados para la guerra.

 

Una creatividad prolífica

 

Tampoco falta la diversidad de temas en los textos de ciencia ficción de la antigua China. En los Ensayos de Mengxi, de Shen Kuo (1031-1095), se habla de un remedio que rejuvenece y que convierte las canas en cabello negro, lo que nos recuerda el relato El curioso caso de Benjamin Button, de Scott Fitzgerald, así como el mundo idílico y utópico expresado en Fuente de flor de melocotón, de Tao Qian (365-427), nos asocia a los ideales de Tomás Moro. Del mismo modo, El espejo de las flores, de Li Ruzhen (1763-1830), refleja la utopía feminista a través de las aventuras de cien talentosas mujeres en treinta reinos imaginarios, lo que fue también una crítica a la China de su tiempo. En esos reinos imaginarios las mujeres tienen derecho a presentarse a los exámenes públicos, estudian, se casan libremente y escapan a la costumbre de los pies vendados y del concubinato. En fin, una historia comparable con Los viajes de Gulliver.

 

Aunque en el océano de la literatura antigua china, los textos de ciencia ficción ocupan una mínima parte y el confucianismo –la ideología oficial en 2000 años de historia china– rechaza la fantasía, se logró mantener una pequeña pero continua corriente en materia de ciencia ficción. A finales del siglo XIX, el país vio el nacimiento de la literatura moderna de ciencia ficción.

 

En 1904 salió a luz la primera novela china de ciencia ficción propiamente dicha, titulada Migración a la Luna, de cuyo autor hoy no se sabe más que el seudónimo de Huangjiang Diao Sou. Desde entonces, este género literario ha vivido un desarrollo constante, con importantes producciones y numerosos autores sobre todo en las últimas cinco décadas. Es digno de destacar el premio Hugo obtenido por El problema de los tres cuerpos, de Liu Cixin, y Entre los pliegues de Beijing, de Hao Jingfang, en 2015 y 2016, respectivamente.

 

 
 
*Sun Xintang es subdirector del Centro Regional de Institutos Confucio para América Latina y profesor de la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing.

 

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