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China es una montaña rusa de emociones

Source: Author:ABEL ROSALES GINARTE
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Mientras trata de organizar sus muchas pasiones, como la poesía y la pintura, Cristopher Johns López conversó con China Hoy sobre su vida en el dragón asiático. “El 26 de febrero de 2014 salí del aeropuerto, hacía mucho frío, un frío que nunca había sentido. Me vine sin expectativas de nada y ahí empezó la aventura”, dijo entre risas. Aunque solo había asistido a 12 clases de chino –sabía contar del uno al 10 y decir “hola”–, decidió comenzar una vida nueva. “En Chile tenía un amigo de ascendencia china, éramos compañeros de toda la vida. Él vino en 2013 y siempre me decía que hiciera yo lo mismo”.

 

Los excelentes resultados económicos de China le dieron confianza para dar el paso definitivo de transformar sus sueños. “Desde 2014 estuve dos años estudiando el idioma y en 2016 me cambié a la especialidad de idioma chino con mención en negocios”. Y de esa especialidad se graduó el pasado mes de junio junto con sus colegas extranjeros. “Me enamoré de China al primer mes de mi llegada. Mi plan era estudiar chino durante un año y luego seguir estudiando arte, pero el primer mes la universidad, la gente, la diversidad cultural, la accesibilidad a cosas, todo eso hizo que me enamorara de China”.

 

A esa pasión por el país asiático también contribuyeron sitios históricos y culturales como el Templo del Cielo, la Ciudad Prohibida y la Gran Muralla. “No vine porque me gustaba la cultura china, ya que aquí fue donde la conocí. Sabía las pocas cosas que me contaba la gente, pero eso se comprueba estando en China”. Los primeros meses fueron de emociones intensas. “La Gran Muralla no era como me la imaginaba. Acampamos en la muralla y cuando la vi por la mañana era como una serpiente gigante tomando el sol en medio del paisaje. Fue increíble. Era como que se acostaba entre las montañas”. La Ciudad Prohibida es uno de sus lugares favoritos, especialmente cuando se siente estresado. “Es como una caja que te despeja de tantos edificios grandes, un viaje en el tiempo que te aísla del ruido de los autos de la calle. Es bonito estar allí”. Ya siente que va a echar de menos los sitios culturales e históricos impresionantes de China.

 

Cristopher Johns López se considera un apasionado de la cultura y el arte de China.

 

Gastronomía china

 

“La gastronomía china me encanta, especialmente el mapo tofu, los ravioles, los fideos, en verdad toda la comida china”. Cristopher Johns López valora especialmente la enorme variedad de la gastronomía china. Por eso en sus muchos viajes por diferentes provincias del país ha podido degustar sabores únicos. “He comido carne de yak, de burro, de todo. Probar los sabores de China te abre puertas a cosas nuevas. Hay que probarla porque la comida es parte esencial de la cultura china”. Y en esa búsqueda ha vivido de cerca la vida callejera del país asiático. “Después de mi segundo año solo dormía y estudiaba, entonces mi nivel de chino aumentó. De estudiar chino lo que más me ha gustado es haber ido aprendiendo desde cero y eso me hizo seguir estudiando. Soy feliz en China, hay que serlo, para eso está la vida”.

 

Considera que es difícil hacer amistad con los chinos, “pero cuando la haces es para toda la vida”. De sus días de clase su preferida era la de escritura. “Me gustaban los temas libres como contar tus experiencias o qué te gusta de China. En mi tercer año tuve la clase de expresión oral de negocios y eso me ayudó mucho, especialmente las clases de micro y macroeconomía”. La economía y los negocios le vienen de cerca porque su familia tiene una empresa de logística interna de contenedores de frutas frescas de exportación. “Básicamente se dedica al control de la temperatura, de la calidad del contenedor, cómo acomodar las cajas para que el aire fluya en sus contenedores”. En China existe una fascinación con las enormes cerezas chilenas, lo que es una oportunidad para comenzar un negocio. “Por eso mi tesis está relacionada con la cereza. Actualmente se regalan en el Año Nuevo porque son caras. Para los chinos cuando algo es caro es bueno porque da prestigio y estatus social”.
En la Gran Muralla junto a sus colegas extranjeros recién graduados de la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing. Fotos de Abel Rosales Ginarte

 

 

Cerezas chilenas

 

Ha estudiado las ventas de cerezas importadas en las cuatro ciudades principales de China: Beijing, Shanghai, Shenzhen y Guangzhou. “Las investigaciones todas coinciden en que la mayor parte de las ventas se hacen durante el Año Nuevo chino. Los chinos le dan importancia a la masa de la cereza, a la carnosidad de la fruta, a su color”. En la encuesta que hizo, los chinos demuestran que están dispuestos a pagar para regalar hasta 400 o 500 yuanes por una caja de cerezas. “El dato que más me interesaba es la correlación que hay con la cultura. Tuvimos una reunión con exportadores chilenos y entre las cosas se verificó que, por ejemplo, el rojo está muy relacionado con la cultura china, es el color de la suerte. Por otra parte, Chile está en el hemisferio sur y China en el norte. La cosecha en Chile coincide con el Año Nuevo chino y ese factor genera grandes oportunidades para los exportadores chilenos”.

 

Su investigación se basó en estudiar la factibilidad de abrir un negocio enfocado en productos relacionados con la cereza y explotarla en fechas importantes de China como el Día de los Solteros, festividades culturales y una tienda que solo venda productos centrados en la cereza y sus derivados. “China me ha dado mucho, aquí he tenido la oportunidad de estar en la embajada de mi país, de relacionarme con políticos y he trabajado como traductor de videojuegos”. Hace dos años estuvo un mes viajando por China, visitando provincias como Gansu, Sichuan o Yunnan. “La primera semana estuve en Dunhuang, ahí probé la carne de burro. Estuve en el desierto, luego en Xiahe, un pueblo donde está uno de los monasterios más grandes de China, el Labrang”. Precisamente en ese monasterio de Gansu tuvo algunas sorpresas. “Me llamó la atención de que allí los niños monjes jugaban fútbol en los callejones. Uno de esos días de viaje llegué tarde y el tren casi se me va, luego se atrasó y llegando la hora de la cena una familia de chinos sacó su comida y me sirvieron un plato para mí”. La hospitalidad de la gente le siguió sorprendiendo en su siguiente parada en Sichuan. “Llegué al punto de perderme en Chengdu y sin batería en el celular, como a las tres de la madrugada, buscando un hotel, agarré una bicicleta compartida hasta que encontré a unos chinos que me llevaron al hostal de vuelta”. De tal periplo resume que “los paisajes de Yunnan son mágicos y la comida de Sichuan es divina”.

 

Un mundo de oportunidades se abre ante sus ojos luego de graduarse. Pero Cristopher Johns López prefiere ir con calma. Cinco años en China le han enseñado que “intensidad” es una palabra clave en el país asiático. “No hay puntos medios, todos los días son muy diferentes a los demás porque si te quedas en casa puede que no pase nada, pero cuando sales siempre va a haber algo nuevo. China es como una montaña rusa de emociones, un país especial, pero todo depende de la perspectiva de cada persona”.

 

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Editor: Wu Wen Da-->

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