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Hegemonía china en el ajedrez olímpico

Source: Author:JORGE RAMÍREZ CALZADILLA*
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Una nueva supremacía global en los tableros de 64 casillas blanquinegras se va fraguando en el presente.

 

La Copa Hamilton-Russell, que premia al mejor equipo en el torneo abierto de las Olimpiadas de Ajedrez, y la Vera Menchik, galardón similar que condecora al conjunto campeón femenino, no coincidían en las vitrinas de un mismo país desde la vigesimoséptima edición de este certamen bienal, Dubái 1986, cuando abandonaron Emiratos Árabes Unidos, con destino a la desaparecida Unión Soviética, en manos de Garry Kasparov, Anatoly Karpov, Maia Chiburdanidze, Nona Gaprindashvili y compañía.

 

Las hermanas Polgár detendrían aquel absoluto dominio soviético en la competición femenil (11 títulos en 12 olimpiadas, pues no participaron en 1976) en 1988 y 1990. Y en adelante, con el desmembramiento del bloque socialista de Europa del Este y el surgimiento de nuevas repúblicas en esa región de grandes jugadores, se alteraría también en el ajedrez mundial la correlación de fuerzas.

 

China (6), Georgia (4), Rusia (3) y Ucrania (1) se han repartido el botín entre las damas. En el torneo sin distinción de sexo, entretanto, rusos (6), armenios (3) y ucranianos (2) dictaron cátedra a lo largo de dos décadas –entre 1992 y 2012–, hasta que, con una talentosa hornada de ajedrecistas, los chinos sorprendieron a propios y extraños en 2014. Tras la debacle que protagonizaron un bienio después, cuando quedaron en un decepcionante decimotercer lugar, la Hamilton-Russell volvió con ellos al gigante asiático en octubre del año pasado compartiendo vuelo con la Copa Vera Menchik.

 

En la urbe georgiana de Batumi, ambos seleccionados de China hicieron historia: las damas, lideradas por la vigente campeona mundial, Ju Wenjun, sumaron su sexto título olímpico, segundo consecutivo; los caballeros, inspirados por un Ding Liren que concluyó con la medalla de oro entre los primeros tableros, retornaron triunfales al olimpo del ajedrez.

 

Ding Liren en la competencia final.

 

Casi un siglo de Olimpiadas de Ajedrez

 

Sin espacio para sus mejores exponentes en las citas estivales auspiciadas por el Comité Olímpico Internacional (COI) cada cuatrienio, la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE, por sus siglas en francés) se inventó sus propias Olimpiadas en 1924, y ya en 1927 Londres acogió la primera edición con carácter oficial.

 

China no haría su irrupción hasta la vigesimotercera edición, Buenos Aires 1978, una cita que llegaba precedida del boicot que empañó la previa en Haifa, a la que no viajaron las naciones árabes ni las del bloque socialista europeo por no reconocer a Israel como Estado. En la capital argentina, con la crème de la crème nuevamente reunida delante de los tableros, los chinos quedarían en un meritorio lugar 20 entre 65 países y 66 equipos en el torneo abierto.

 

Las chicas debutarían dos almanaques después, en La Valeta 1980 (Malta), y ya en el estreno lanzarían una clara señal de su poderío en perspectiva quedando sextas con 24 puntos. Correspondió a las féminas, como en tantos deportes en China, dar el gran salto cualitativo con un metal bronceado en 1990, superadas solo por Hungría y la Unión Soviética. En adelante, y en una prueba elocuente de la maestría que han alcanzado sus ajedrecistas de manera regular, las chinas se han colgado al menos una medalla en ¡13! de las 14 ediciones posteriores (fueron séptimas en Dresden 2008).

 

En el historial de 6 oros, 4 platas y 4 bronces en el torneo femenino por equipos sobresale como trayecto más brillante el tetracampeonato entre 1998 y 2004 con la generación de oro de Xie Jun, Zhu Chen, Xu Yuhua –todas campeonas mundiales en algún momento de sus brillantes carreras– alternando las mayores responsabilidades delante de los trebejos.

 

Tras un trío de metales plateados consecutivos (2010-2014), las chinas han reconquistado la cúspide del ajedrez mundial con títulos en 2016 y 2018, guiadas por Hou Yifan y Ju Wenjun, respectivamente. La diferencia es que, ahora, ellas no están solas en ese sitial de honor.
 
Ju Wenjun reflexiona sobre el próximo paso.

 

 

Un jaque mate chino en Georgia

 

La medalla de plata en la competición abierta en Turín 2006 demostró que los chinos también podían un día llegar a brillar con igual luz que sus pares del sexo opuesto. Con Bu Xiangzhi como primer tablero y un invicto Wang Yue en el cuarto, solo la poderosa Armenia consiguió interponerse en el sendero dorado de los del gigante asiático.

 

Finalmente, en la cuadragésima primera Olimpiada Troms 2014, se materializó la gesta. A hombros de un mucho más curtido Wang, secundado por un fenómeno mundial que ya se erigía en estrella, Ding Liren, la cuarteta china tocó la gloria.

 

La presión les pasaría factura de la manera más estrepitosa posible dos calendarios más tarde en Bakú, donde Estados Unidos sumaría su sexto cetro olímpico.

 

La escena quedó lista para una cuadragésima tercera Olimpiada de Ajedrez que pasará a la historia como una de las más dramáticas, pues ambos vencedores se decidieron en la última fecha por el sistema Buchholz de desempate. China terminó favorecida a pesar de igualar 2-2 en el último duelo frente a una cuarteta estadounidense con GMs de la talla de Fabiano Caruana, Wesley So, Hikaru Nakamura y Sam Shankland, con un Elo promedio superior al de los asiáticos (2772 vs. 2756). Ding Liren, Yu Yangyi, Wei Yi y Bu Xiangzhi demostraron que la hazaña de 2014 no fue obra de un milagro.

 

Sus compatriotas, campeonas defensoras, igualmente pusieron a prueba la salud cardiovascular de los aficionados chinos con unas tablas de infarto ante Rusia viniendo de atrás el día que bajó el telón del evento. El mérito fue doble, en ausencia de Hou Yifan (campeona mundial en 2010-2011, 2013-2015 y 2016), la GM de mayor Elo en el planeta desde 2015 y primer tablero en la olimpiada previa, y la reputada Tan Zhongyi (campeona mundial en 2017). El triunfo de la vigente campeona mundial Ju Wenjun frente a la rusa Alexandra Kosteniuk en la partida final propició que chinas y ucranianas concluyeran con idéntica puntuación, y que fuese necesario acudir al tie-break para que se consumara la reválida de las asiáticas.

 

Las expectativas con las que viajarán a la cuadragésima cuarta edición ambos equipos no pueden ser mayores. En Janti-Mansisk 2020, todas las miradas estarán concentradas en los dos selecionados chinos y sus respectivos duelos con Estados Unidos y la anfitriona Rusia en la competición abierta, y con rusas, ucranianas y georgianas en la de mujeres.
Los equipos chinos tanto masculinos como femeninos se coronaron en las Olimpiadas de Ajedrez de Batumi 2018, Georgia.

 

 

Si Hou Yifan retorna a la selección (ha declinado su participación en varios torneos femeninos, incluida la defensa de su título mundial, para enfrentarse solo a los GMs masculinos), se allanará el camino al tricampeonato, pues junto a Ju Wenjun conformará un tándem sin parangón. En la liza sin distinción de sexo, sin embargo, con las apuestas divididas, los defensores del título tendrán que hilar fino ante los rivales mencionados y otros países de la élite, como Reino Unido o Polonia.

 

Lo cierto es que el juego ciencia en la nación más poblada del globo terráqueo, aun cuando en popularidad no ha llegado a equipararse con el ajedrez chino (xiangqi) y el go (weiqi) atendiendo al número de practicantes, seguirá gozando de muy buena salud en el ámbito competitivo y multiplicando su colección de trofeos con nuevas victorias internacionales, incluidas las olímpicas. 
 
 *Jorge Ramírez Calzadilla es un periodista cubano que reside en Beijing. Ha colaborado con publicaciones y medios audiovisuales nacionales y extranjeros por más de una década.

 

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Editor: Wu Wen Da-->

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