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Beijing 2008, diez años después

2018-09-04 09:55:00 Source:China Hoy Author:ANDRÉS LÓPEZ RODRÍGUEZ*
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Aquello que se deja o transmite a los sucesores, sea material o inmaterial, es a lo que llamamos legado. También herencia o dote. O incluso caudal. Quienes lo reciben, deben no solo agradecimiento, sino también consideración y respeto a quienes lo han hecho posible para disfrute de los que vienen detrás. Y como es de bien nacidos ser agradecidos, China en general, y Beijing en particular, recordaron el pasado 8 de agosto los Juegos Olímpicos que organizó la capital del país hace una década. Unos Juegos que supusieron un hito del Olimpismo y un nuevo mojón en la milenaria historia del pueblo chino.

 

La deuda del movimiento olímpico con Beijing es mayúscula. La organización escogió las 8 de la tarde del día 8 del octavo mes de 2008 como el momento de dar inicio a la inauguración de los Juegos. Supo entonces todo el planeta que el ocho es un número de buen agüero para el pueblo chino, y enseguida comprobaría su numérico influjo, desde el inicio mismo de la ceremonia de apertura, posiblemente la más espectacular de cuantas se hayan celebrado hasta hoy. Dirigida por el cineasta Zhang Yimou, la ceremonia fue un ejercicio visual y sonoro abrumadoramente estético con el que China reivindicó sus 5000 años de civilización al tiempo que daba la bienvenida a todos los países del mundo. El secreto que con tanto celo y durante tanto tiempo se había guardado se desveló de repente para dejar boquiabiertos a los miles de millones de espectadores que siguieron la ceremonia en todo el planeta y que acabaron viendo volar a Li Ning, la gran leyenda de la gimnasia china, por las alturas del Estadio Nacional de Beijing, conocido como “Nido de Pájaro”.

 

9 de agosto de 2018. Inauguración de la Exposición Ciudad Sede de Dos Olimpiadas 2018, en el Museo de Exhibición de Beijing.

 

Unos JJ. OO. de récord

 

A nivel deportivo, los Juegos de Beijing fueron tan espectaculares que difícilmente aguantan otros las comparaciones. Lo dicen los números. Durante aquel agosto de hace diez años se batieron más de 40 récords mundiales y más de 130 récords olímpicos, unos números ante los que palidecen los Juegos de Londres 2012, con 34 récords mundiales batidos, o los de Río de Janeiro 2016, donde se batieron 27.

 

Además, en Beijing se forjaron leyendas que se recordarán siempre. Los ocho oros del nadador estadounidense Michael Phelps en la piscina del Cubo de Agua es una epopeya que tal vez nunca llegue a ser superada, y las gestas del velocista jamaicano Usain Bolt rompieron todas las nociones que hasta entonces se tenían de la capacidad del ser humano para desafiar al cronómetro.

 

El pueblo chino, además, disfrutó como nunca con sus atletas, a los que brindó un apoyo sin fisuras abarrotando las gradas de todos los recintos deportivos. La organización había prometido unos juegos populares y el precio de las localidades fue accesible a todos los bolsillos. Los aficionados chinos respondieron como nunca, y al grito de jiayou (ánimo) llevaron en volandas a sus atletas, los cuales firmaron la mejor actuación de la historia del país: primeros en el medallero con 51 oros, por delante de Estados Unidos. Desde entonces, China es una de las grandes potencias deportivas a batir.

 

Todo lo anterior forma parte de un legado inolvidable. Por si acaso, y para que las nuevas generaciones que no lo vivieron se vayan haciendo una idea de lo que aquello significó, la prensa china e internacional se llenó estos últimos días de imágenes icónicas que remiten a unos días en los que reverdeció el espíritu del olimpismo y la pasión por el deporte.

 

21 de enero de 2018. El equipo de hockey de la provincia de Quebec, Canadá, en el Carnaval de Hielo y Nieve de Beijing en el estadio “Nido de Pájaro”. Fotos de Cnsphoto

 

Trasformación urbana

 

Pero hay más, mucho más. Lo saben mejor que nadie los habitantes de Beijing, que asistieron en directo a la mayor trasformación que haya vivido nunca ciudad alguna en tiempos de paz. Prueba de ello son el puñado de edificios icónicos, diseñados por algunos de los más renombrados arquitectos del mundo, que transformaron para siempre el skyline de la ciudad. Desde el Estadio Nacional de Beijing, obra de los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, hasta el edificio de la televisión nacional china, CCTV, diseñado por el arquitecto holandés Rem Koolhaas; pasando por el Centro Nacional de Artes Escénicas, ideado por el arquitecto francés Paul Andreu; o la Terminal 3 del Aeropuerto Internacional de Beijing, levantado a partir de unos planos de Norman Foster.

 

Edificios, todos ellos, a los que actualmente se puede llegar en metro, porque Beijing ha construido la mayor red de tren suburbano del mundo, aunque antes de los Juegos Olímpicos no tenía más que dos líneas, excavadas en tiempos del presidente Mao Zedong. Una fiebre constructora que no ha cesado y que ha convertido a la capital china en una ciudad moderna, cosmopolita y vanguardista. Y eso, qué duda cabe, es también un gran legado. Suele decirse que China aprovechó los Juegos Olímpicos para presentarse al mundo como un nuevo país, más abierto, global y comprometido con el devenir del planeta. Y todos los analistas coincidieron en señalar que la puesta de largo de Beijing no pudo ser mejor.

 

Como suele ocurrir en efemérides como la que nos ocupa, no faltaron en agosto quienes señalaron la decadencia de algunas de las sedes olímpicas utilizadas en los Juegos y en las que Beijing invirtió una cantidad ingente de dinero. Cierto que algunas de esas instalaciones son víctimas de la carcoma del tiempo, básicamente por su falta de uso, pero, en general, se trata de unas que no estaban destinadas a pervivir. ¿Quién podía esperar que el vóley playa se convirtiese en un deporte popular en una ciudad helada durante tres o cuatro meses del año, y extremadamente calurosa y húmeda en otros tres?

 

Sin embargo, Beijing ha sabido darle uso a sus instalaciones más costosas. El Nido de Pájaro, por ejemplo, ha albergado más de 500 eventos desde la clausura de los Juegos, entre ellos un Mundial de atletismo, partidos de fútbol del Calcio o amistosos de la Premier League, y hasta conciertos. Es, además, un destino turístico de primer orden que han visitado hasta el momento más de 35 millones de personas. Ubicado en el Parque Olímpico, la gente puede allí acceder también al Cubo de Agua, que está ahora a disposición de quien quiera nadar o disfrutar del parque acuático que hay en su interior.

 

Hacia Beijing 2022

 

Estos recintos, además, serán protagonistas dentro de cuatro años, cuando se celebren en Beijing los Juegos Olímpicos de Invierno 2022, los cuales harán de la capital china la única ciudad del mundo en haber organizado tanto unos Juegos de Verano como de Invierno.

 

Está previsto que las ceremonias de apertura y clausura de esos Juegos se celebren de nuevo en el Nido de Pájaro. El Cubo de Agua será reconvertido temporalmente para que en él se dispute el campeonato de curling. El legado de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, pues, reducirá notablemente el coste de los Juegos de 2022. Unos Juegos con los que China aspira a conseguir el mismo éxito que en 2008.

 

 
 
*Andrés López Rodríguez es periodista español independiente afincado en China.

 

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