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La hora del cambio y la esperanza

Source:China Hoy Author:WEN QING*
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21 de agosto de 2020. Trabajadores recolectan fresas en el Parque de Jiuru. Dong Ning

 

Al entrar en la comunidad residencial Muendi del distrito de Zhaojue, en la prefectura autónoma de la etnia yi de Liangshan, provincia de Sichuan, uno puede ver edificios con notorias características arquitectónicas de la referida etnia: por delante y detrás de la casa hay huertos donde se cultivan pepinos, tomates, entre otras verduras. En el centro de la comunidad se halla una amplia plaza en donde unos abuelos se sientan a tomar el sol y charlar, mientras que algunos niños compran golosinas.

 

Muendi es uno de los asentamientos de la prefectura autónoma de Liangshan, la cual es una zona de pobreza extrema debido a la lejanía de su sistema de transporte y la carencia de recursos. De ahí que el traslado de su población rural pobre a lugares más convenientes sea una medida fundamental. La prefectura autónoma de Liangshan viene impulsando activamente el desarrollo industrial, con la creación de más puestos de trabajo para garantizar el desarrollo sostenible una vez que se libere de la pobreza.

 

La “aldea del precipicio”

 

En Muendi, el mayor asentamiento del distrito de Zhaojue, 6258 personas de 1428 familias han sido trasladadas a mejores áreas.

 

En mayo pasado, Mouse Labo, un influencer de 26 años, se mudó con su mujer, sus padres y sus tres hijos a una nueva casa. Todos ellos vivían antes en la aldea de Atulieer, más conocida como la “aldea del precipicio”. Situada en una ladera a 1400 msnm, Atulieer contaba con poco más de 100 familias, quienes se comunicaban con el exterior solo a través de una escalera de bejucos. A sus cuatro años de edad, Mouse Labo ya trepaba solo por ese tipo de escalera. Ahora se ha registrado en la red social Douyin con una cuenta llamada “Labo, volador de precipicios”, desde donde publica videos que muestran su habilidad para subir de un brinco al tejado y saltar por encima de las paredes, lo que le ha valido tener unos 10.000 seguidores.

 

Antes los aldeanos dedicaban su vida a la plantación de maíz y papa, con un ingreso anual de apenas unos 1000 yuanes (147 dólares). ¿Por qué vivían tan aislados del mundo? “Durante la época de guerras, las comunidades de la etnia yi se vieron envueltas en luchas internas. Por su posición geográfica, Atulieer era fácil de custodiar y difícil de que fuera atacada. Además, su altitud era apropiada para el cultivo de huertos y así autoabastecerse. En aquel tiempo era un ideal oasis de paz”, señala Jise Fangsen, subjefe del distrito de Zhaojue. Empero, cuando el mundo se fue desarrollando a una alta velocidad, la “aldea del precipicio” pareció perder el tren del desarrollo debido a su aislamiento.

 

El influencer Mouse Labo se dirige a su antigua vivienda en la aldea de Atulieer. Wen Qing

 

Hoy la escalera de bejucos ha sido sustituida por una de acero y el gobierno local viene realizando el traslado de la población rural pobre a lugares más convenientes para su sustento, donde se la incentiva a desarrollar el turismo y la agricultura.

 

En mayo pasado, 84 familias pobres, incluida la de Mouse Labo, se mudaron a la comunidad residencial Muendi. “Antes vivíamos en casas de adobe que eran muy oscuras. Ahora mi hogar está bien iluminado y tiene muebles. Solo hemos gastado 10.000 yuanes (1470 dólares) en la compra de esta casa. Si no gozáramos de una política preferencial, no habríamos podido reunir en toda nuestra vida el dinero suficiente para comprar una casa tan bonita”, asegura Mouse Labo.

 

Muendi cuenta actualmente con una tienda, una sala de actividades para el adulto mayor, un salón de estudio para niños, un centro de empleo, un centro de salud materno-infantil, mientras que otras instalaciones están en construcción. “Hemos gastado más dinero en esta comunidad residencial, razón por la cual muchos aldeanos no querían salir de la aldea”, enfatiza Mouse Labo. “Pero en nuestras nuevas casas, gozamos de un transporte más conveniente y un mejor servicio de salud. Además, los niños pueden recibir una mejor enseñanza. Por el futuro de nuestros hijos, tomamos la decisión de bajar de la aldea y trasladarnos a Muendi”.

 

Ahora Mouse Labo trabaja como guía en una empresa de turismo y cada mes puede ganar entre 3000 y 4000 yuanes (440 y 590 dólares). A fin de atraer más visitantes, promueve el turismo y la venta de productos típicos mediante transmisiones en directo por Internet.

 

La “aldea del precipicio” es una copia en miniatura de la prefectura autónoma de Liangshan, la cual se sitúa en la cordillera Hengduan, donde las aldeas se encuentran entre elevados montes y profundos valles. “Sus complicadas geografía y condiciones geológicas han influido en el lento desarrollo de la comunicación. El costo de construcción de una carretera es muy alto y cuesta mucho mantenerla; incluso algunas aldeas no tienen las condiciones óptimas para construir caminos”, indica Gong Ping, director de la Administración de Tráfico y Transporte de la Prefectura Autónoma de Liangshan. Por lo tanto, para las aldeas aisladas, el traslado de su población rural pobre a lugares más convenientes es una medida realista y realizable. Actualmente, 353.200 personas de 74.400 familias han sido trasladadas a nuevas zonas donde han podido comenzar una nueva vida.

 

Prosperar en la forma y el fondo

 

Sin embargo, el traslado a nuevas casas es solo un buen comienzo. La etnia yi suele decir: “Vivir en una buena casa es solo la cubierta, mientras que desarrollarnos y prosperar es el contenido interior”. Por esta razón, buscan potenciar la industria local para erradicar la pobreza.

 

En la base de arándanos del poblado de Tuojue, en el distrito de Butuo, vemos a muchas personas escardando y regando, entre ellos, Ciqu Molaza, una señora de 70 años. “Ahora puedo ganar diariamente 80 yuanes (12 dólares), o sea, cada mes puedo conseguir más de 2000 yuanes (293 dólares). Estoy muy satisfecha”, dice. Aunque recibe un subsidio proporcionado por el Gobierno, Ciqu Molaza prefiere generar más ingresos para la familia, pues goza de buena salud.

 

Butuo es todavía un distrito pobre de la prefectura autónoma de Liangshan. Durante mil años, su gente solo ha plantado alforfón negro y papa. La masificación de ambos cultivos hizo que el valor agregado fuera muy bajo, lo que causó que el ingreso anual de los agricultores fuese igualmente bajo. “Después de investigar un poco, nos dimos cuenta de que el clima de aquí era muy conveniente para cultivar arándanos, cuya demanda es alta en nuestro país, por lo que hemos establecido una cooperación con una empresa agrícola y levantamos esta base de arándanos”, explica Shang Zhaoyang, subdirector de la Oficina de Asuntos Comerciales del Distrito de Butuo. “En el futuro, nos hemos planteado levantar un almacén frigorífico y extender la cadena industrial, a fin de generar más beneficios para los agricultores”.

 

El Parque de Fresas de Jiuru, en el distrito de Zhaojue, fue construido en 2019 y cuenta ya con una cierta escala. Con la ayuda que la provincia de Guangdong le presta a la prefectura autónoma de Liangshan, se ha podido transferir el derecho de gestión de 120 hectáreas de tierras, cifra que se busca aumentar a 200.Se cultivan principalmente fresas frescas de verano, “las cuales tienen una gran demanda en ciudades grandes como Beijing y Shanghai”, precisa Zhang Dexian, gerente general de una compañía dedicada al desarrollo científico y tecnológico de la agricultura ecológica. Zhang augura un buen futuro al parque Jiuru. De hecho, entre agosto y diciembre del año pasado, el parque contrató a más de 20.000 empleados, cuyo ingreso promedio en esos cinco meses fue de 9000 yuanes (1320 dólares).

 

A fin de elevar el desempeño de los agricultores, el Parque de Fresas de Jiuru promueve la formación de líderes que ayuden a prosperar a otros. “A los agricultores activos no les cobramos la renta del toldo y les ofrecemos gratis agua, fertilizantes, electricidad y tecnología. Estos agricultores cultivan fresas que nosotros compramos por kilos. Es decir, ellos no tienen la necesidad de invertir y pueden recibir mayores ingresos por su trabajo”, enfatiza Zhang Dexian. El cultivo de las fresas de verano dura unos 10 meses, por lo que necesitan una gran cantidad de mano de obra. “Planeamos contratar a más agricultores y alcanzar así una ganancia compartida entre ellos y la empresa”, asegura Zhang.

 

22 de agosto de 2020. Dos niñas juegan al aire libre en la comunidad residencial Muendi, en la prefectura autónoma de Liangshan, provincia de Sichuan. Dong Ning

 

Un cambio de mentalidad

 

El traslado de la población rural pobre a lugares más convenientes y el desarrollo de industrias pueden contribuir a superar la pobreza material. Sin embargo, muchas zonas de la prefectura autónoma de la etnia yi de Liangshan enfrentan una arraigada pobreza, acentuada por la adopción de obsoletos conceptos y erradas costumbres. Por eso, cómo cambiar la mentalidad de la población se ha vuelto “un hueso duro de roer” en el camino a la liberación de la pobreza.

 

En noviembre de 2015, el padre de Bajiu Ertie, secretario de la célula del Partido Comunista de China de la aldea de Xiaoshan, distrito de Xide, falleció. Según la vieja costumbre de la etnia yi, en un funeral se deben lanzar fuegos artificiales, comer tuotuorou (grandes trozos de carne de cerdo) y matar un buey, como una señal de respeto a los invitados. “Para los yi es un asunto de honor ser el que gasta más dinero en una boda o un funeral, el que mata más bueyes y ovejas, y el que lanza más fuegos artificiales”, explica Bajiu Ertie. “Se dice que en el distrito vecino, hubo personas que vendieron sus casas y tierras y mataron más de 50 bueyes para la celebración de un funeral”.

 

Esta tradición ha hecho que en los campos de Liangshan exista una competencia en la celebración de una boda o un funeral. A veces se matan decenas de bestias y los invitados incluso llegan a entregar sus bueyes. Todo esto genera después una gran carga económica a las familias. Bajiu Ertie se propuso ser el primero en comer cangrejo, por lo que dijo que no seguiría más la costumbre de lanzar fuegos artificiales, ni la de matar bueyes, ni la de comer tuotuorou, sino solo carne recocida condimentada con pimientos.

 

A pesar de la oposición de sus hermanas, parientes y vecinos, Bajiu Ertie logró imponer su decisión, por lo que en el funeral de su padre se gastó un total de 40.000 yuanes (5860 dólares) y se mataron tres bueyes, una muy sobria cantidad en comparación con los 100.000 yuanes (14.640 dólares) y los diez bueyes con los que se suelen celebrar los funerales. Desde entonces, los aldeanos vienen imitándolo y ahorrando recursos. “Con el paso del tiempo, los viejos conceptos vienen cambiado y ahora lo que comparamos son las notas de estudios de nuestros hijos”, concluye Bajiu Ertie.

 

 
 
*Wen Qing es periodista de Beijing Review.

 

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