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Shanghai, año 2020: datos e impresiones inolvidables

Source:China Hoy Author:AUGUSTO SOTO
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A quienes hemos visitado innumerables veces Shanghai en las últimas cuatro décadas nos maravillan sus innovaciones. Que la megalópolis se disponga a celebrar en noviembre de 2020 la única exposición global vigente (la Exposición Internacional de Importaciones de China, CIIE en sus siglas en inglés) es en sí un hecho innovador. Porque aun cuando se celebre por tercera vez, lo hace adaptándose al momento, garantizando la seguridad sanitaria y comprometiendo la participación de las más grandes compañías multinacionales durante los próximos tres años. Una organización de carácter inmediato y una visión a largo plazo contrastan con un páramo mundial de eventos, congresos y planificación más allá de lo coyuntural. Pero esto es solo la punta del iceberg.

Shanghai: avances visibles y profundos

En verdad Shanghai se erige como paradigma transformador con todas sus letras y números. Hace pocos días el laureado periodista español afincado en Shanghai, Zigor Aldama, informaba a sus lectores, apenas llegado a Los Ángeles para acometer una serie de reportajes, que “otra de las grandes diferencias entre Estados Unidos y China está en las infraestructuras públicas. Mientras las americanas son decrépitas y dan miedo, las chinas son ultramodernas, limpias, y seguras.” Se refería a los Ángeles, pero también podría ser Nueva York, Boston o Filadelfia. “Da la sensación de que el transporte público y caminar son exclusivos de la gente más marginal”, se sorprendía Aldama.

Pero hay sorpresas más profundas. El más reciente resultado del reconocido Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos realizado trianualmente por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y conocido como PISA en sus siglas en inglés, publicado en diciembre de 2019, indica que tras los exámenes en lectura, matemáticas y ciencias, los estudiantes de Beijing y Shanghai (más los de las provincias de Jiangsu y Zhejiang) logaron los mejores resultados entre los países más avanzados en las tres asignaturas.

Un recuerdo imperecedero

En enero de 1988, regresando de Hangzhou hacia la Universidad de Beijing (donde entonces estudiaba) me detuve varios días en el barrio más cosmopolita de Shanghai. En ese entorno que ya entonces respiraba un espíritu de reforma y apertura al exterior, caminé varias veces hasta el histórico Bund, la costanera que hasta hace un tiempo fue la foto más distintiva de la ciudad en Occidente. Desde allí se podía ver la circulación incesante de embarcaciones de carga a lo largo del río Huangpu con destino hacia el Océano Pacífico y viceversa hacia el interior de China. Al otro lado del río, hacia el hoy famosísimo espacio de Pudong se veían unos pocos edificios de plantas bajas que a continuación se perdían en un extrarradio fundido en campo dedicado al cultivo.

Esa imagen de sencilla sobriedad la retengo al recordar una frase de Bill Gates tras una vista al país, en 1995, y que a la postre resultó un absoluto error de apreciación. Afirmó que en el ámbito rural y no en el mundo de la informática se centraban los asuntos que causarían un mayor impacto a corto plazo en China. ¿A qué corto plazo se podía referir Gates? Claro, se refería a lo que se podía estimar en esos momentos, cuando el país sólo contaba con cerca de 2 millones de ordenadores, una nimiedad vista desde hoy. Nada hacía pensar en 1990, cuando se inauguró la Nueva Área de Pudong, el rapidísimo desarrollo del barrio financiero de Lujiazui, el conjunto de titánicos rascacielos de actividad más prometedora para el mundo del primer cuarto del siglo XXI. En fin, el auge del barrio que concentra infinidad de ordenadores que vehiculan colosales inversiones como parte del país que actualmente es la mayor potencia ciberespacial.

Cuando en 2015 el fundador de Microsoft, asombrado, volvió a hacer declaraciones grandiosas sobre China se atuvo solo a los hechos. Y para hacerlo mencionó la más reciente estadística comparativa que apuntaba que China entre 2011 y 2013 había utilizado tanto cemento como Estados Unidos en el siglo XX. Al decirlo, probablemente pensaba en primer lugar en el skyline del distrito de Lujiazui de Pudong: hoy el ícono visual del avance chino. Allí están la Torre de Shanghai, de 632 metros de altura cerca del Centro Financiero Mundial de Shanghai, con 492 metros de alzada; la Torre de la Perla Oriental con 468 metros, la Torre Jin Mao, empinada hasta los 420 metros. Comparativamente, las antiguas torres gemelas de Nueva York alcanzaron 417 metros y la actual que las reemplaza una altura similar aumentada por efecto de una antena exagerada.

Liderazgo y personalidad propia

Ciertamente el liderazgo máximo y las decisiones que inciden en los destinos de todo el país, así como las orientaciones de la política exterior se concentran en Beijing. Shanghai, sin embargo, está anclada en el alma de la vida nacional por una serie de motivos. En primer lugar, en esta vibrante urbe nació hace casi 100 años el Partido Comunista de China (PCCh), la organización política literalmente más organizada y grande del mundo. Desde allí el PCCh se difundió a los cuatro puntos cardinales del país-continente desarrollando una vía original y distintiva entre los partidos comunistas a nivel internacional.

Allí también han ejercido decisivas funciones una serie de líderes máximos de la China contemporánea. El más reciente caso es el del actual presidente, Xi Jinping. Antes de trasladarse a Beijing, para posteriormente convertirse en presidente de la República Popular, Xi (tras ocupar los más altos cargos en las contiguas provincias de Zhejiang y Fujian) fue secretario del Partido en Shanghai durante 2007. Para el alto cuadro fue relevante alcanzar una gestión exitosa en una ciudad tan importante en los siglos XX y XXI, atesoradora del Maglev (el tren operativo más veloz del mundo) y anfitriona permanente de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), aglutinadora de los más relevantes países de Eurasia y Asia Central. Tras trasladarse a Beijing alcanzando luego la jefatura del país, Xi lanzó en 2013 la Iniciativa de la Franja y la Ruta (o Nueva Ruta de la Seda, como es más conocida en Occidente). Indudablemente encontró inspiración para el futuro de la Ruta en las variadas posibilidades tecnológicas que demostraba el Maglev shanghainés y en el acuerdo necesario con los países de la OCS por los que habrían de discurrir los futuros trenes de su iniciativa en sentido Este-Oeste. Hoy, como ayer, Shanghai es fuente de inspiración.

Shanghai, siempre conectada al futuro

En estos momentos los inversionistas y especialistas en comercio internacional centran la mirada en la Zona de Libre Comercio del área de Lingang, en Shanghai. ¿Por qué? Porque ésta, junto con las seis zonas francas en las provincias de Shandong, Jiangsu, Guangxi, Yunnan y Heilongjiang, ofrece claves sobre cómo operará el nuevo patrón de desarrollo económico denominado “doble circulación” anunciado por el liderato chino en mayo, tras la victoria fundamental del país ante el coronavirus. El modelo considera al mercado interno como un pilar que se ha de impulsar mutuamente con el mercado externo. Esto tiene impacto en una economía mundial que hasta antes de la irrupción de la COVID-19 venía desarrollándose impulsada en casi un tercio por el crecimiento de la economía china.

La familiaridad con la noción de futuro presente en Shanghai también fue clave en la decisión de Beijing y Bruselas a la hora de establecer la Escuela de Negocios China-Europa (en la cual por parte europea España ha jugado un importantísimo papel). A fines de 2020 funciona presencialmente con total normalidad, contando con centros en Europa y África. Probablemente ya se ha convertido hoy en una de las seis más importantes escuelas de negocios del mundo: toda una hazaña para una institución nacida en 1994.

Si se trata de mares y océanos, la ciudad también lidera. Actualmente el tráfico de contenedores del puerto de Shanghai completa más de 10 años consecutivos como el de mayor tráfico del globo. Un poco antes de la pandemia su trasiego portuario había totalizado 43,3 millones de TEU (unidades equivalentes a 20 pies). Obviamente hoy, retomada la frenética actividad pospandemia, no sólo ha incrementado su vitalidad, sino que se ha embarcado igualmente en la aceleración del desarrollo de puertos inteligentes y ecológicos para facilitar el transporte intermodal barco-tren y el transbordo de vías fluviales. Además, prevé incrementar el negocio de cruceros, un proyecto que comparativamente es un verdadero lujo cuando en Occidente este tipo de empresas están prácticamente encalladas.

En fin, tras el previsible hito que será la celebración de la CIIE en noviembre, entraremos a pasos agigantados en 2021, año marcado por el centenario de la fundación del PCCh. Previsiblemente entonces Beijing y Shanghai volverán a atraer las concentradas miradas del mundo.

*Augusto Soto es director de Dialogue with China Project.

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Editor: Wu Wen Da-->

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