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Shenzhen, pilar para el desarrollo de China 2050

Source:China Hoy Author:JOSÉ IGNACIO MARTÍNEZ CORTÉS
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El objetivo a largo plazo de la política tecnológica de China es elevar la productividad al relocalizar todos los factores que juegan un papel importante en su economía hacia sectores más redituables. Para lograrlo se ha enfocado en la protección de las siguientes industrias estratégicas: energías renovables, biotecnología, tecnologías de la información, industria de gama alta y alta tecnología, las mismas que son consideradas por diversos organismos internacionales como los principales sectores del futuro crecimiento económico.

Se observa como principal artífice una innovación tecnológica propia que sea amigable con el ambiente. Tal premisa creará dos importantes fenómenos: la ruptura de la dependencia tecnológica y la reducción de emisión de dióxido de carbono. Así, China no solo busca aumentar su productividad y competitividad, sino que también se mimetizará con el equilibrio ecológico.

En este sentido, la economía industrial y tecnológica de China está basada en una estructura de tres niveles. El primer nivel es donde el Estado tiene una participación total debido a que los sectores son estratégicos, como las comunicaciones. El segundo nivel es donde están las firmas medianas y hay tanto inversión privada como estatal. El último nivel es un mercado flexible en donde las empresas pequeñas se juntan para conformar grandes clústeres.

Sin duda, a Beijing todavía le falta un gran camino por recorrer para convertirse en un poder tecnológico en la arena internacional. Empero, el Gobierno central ha decidido establecer siete industrias estratégicas para el nuevo modelo de desarrollo sustentable en el país. Estos sectores ya poseen cierto renombre en el mercado internacional, pero, a través de mayores incentivos, podrían convertirse en líderes de la industria, haciendo que China escale en la innovación mundial.

Es aquí donde está la importancia de Shenzhen, que pasó de ser una aldea de pescadores a una ciudad donde se produce el 90 % de los dispositivos tecnológicos que se consumen en el mundo. En Shenzhen vemos cómo se hace realidad la política pública de desarrollo tecnológico con inversión en infraestructura física, ya que confluye el desarrollo portuario, con el desarrollo tecnológico y el crecimiento urbano.

Así, después de la Zona Económica Especial (ZEE) de Shenzhen y la Nueva Área de Pudong, el Comité Central del Partido Comunista de China y el Consejo de Estado, bajo el liderazgo del presidente Xi, cumplen el mandado de impulsar una sociedad armoniosa en torno a un desarrollo verde a través de la “nueva economía”. Con ello, los campos donde ahora compite China son telecomunicaciones, electrónica, automotriz, aeronáutica y la joya de la corona: la industria aeroespacial.

Una de las importantes características de las ZEE en China es su especialización a través de la localidad. Así tenemos que en la región de Zhongguancun, en Beijing, se realiza la investigación aeroespacial; en Liaodong (la región al norte del río Liaohe), la industria pesada; en Shandong, la producción de vegetales fríos y alimentos procesados y electrodomésticos; en el delta del río Yangtsé, automotriz y alta tecnología; en Xiamen, textil y alimentos procesados; en el delta del río de la Perla, computadoras y componentes, componentes electrónicos, equipo de telecomunicación y productos electrónicos; y en Shenzhen, dispositivos tecnológicos.

Aquí es donde estriba la importancia del desarrollo coordinado en la región de Beijing-Tianjin-Hebei, donde China establecerá la Nueva Área de Xiongan, en la provincia de Hebei, para impulsar un desarrollo equilibrado.

El despegue exitoso que tiene China se deriva del diseño de un proyecto nacional a largo plazo, donde el mercado interno se ha convertido en el puntal de su crecimiento, vinculándose así al nuevo encadenamiento mercantil global. Sin duda, el artífice del poder nacional de China radica en el papel que juega el Estado, que desde el establecimiento de las reformas a fines de la década de 1970 privilegió la inversión pública y la relocalización de la producción hacia las Zonas Económicas Especiales, que se complementaron con la inversión extranjera.

Desde Shenzhen se impulsa un verdadero desarrollo territorial donde tiene cabida la especialización regional, impulsando con ello un proceso de largo plazo para que en 2050 China no solo exporte manufacturas, sino principalmente exporte conocimiento basado en la inversión en ciencia y tecnología.

*José Ignacio Martínez Cortés es coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios de la UNAM (México), profesor del Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM y responsable del Eje de Relaciones Políticas e Internacionales de la Red Académica ALC-China.

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Editor: Wu Wen Da-->

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