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Un antes y un después en nuestras vidas

Source:China Hoy Author:LIN HUA*
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Lin Hua, profesora asociada del Instituto de América Latina de la Academia China de Ciencias Sociales.

 

Hace poco más de tres meses, casi nadie sabía bien de qué se trataba el nuevo coronavirus o COVID-19, e incluso los especialistas de la salud lo conocían muy poco. Sin embargo, a fines de enero, tanto la palabra coronavirus como la ciudad de Wuhan se volvieron el foco de atención para todos los chinos.

 

Una difícil decisión

 

Wuhan es una de las ciudades más pobladas de la zona central de China y un importante centro de transporte nacional e internacional. No fue fácil tomar la decisión de aplicar un encierro y una cuarentena en esta ciudad de 14 millones de habitantes. Sin embargo, no había otra forma de prevenir más contagios por el brote del COVID-19.

 

El 23 de enero, en vísperas del Año Nuevo chino, se dispuso el cierre de la ciudad. Pocos días después, casi todo el país entró en aislamiento. Sin duda, estábamos ante la mayor cuarentena de la historia.

 

Fue duro. La batalla contra el COVID-19 se inició en días que eran supuestamente de vacaciones y fiestas. Se retrasaron o cancelaron millones de viajes y vuelos para evitar la propagación del virus. Muchas reuniones familiares no llegaron a darse. Los restaurantes, las tiendas y los cines permanecieron cerrados. La población, de forma voluntaria, decidió quedarse en casa y solo salía cuando necesitaba comprar alimentos. Las calles no habían estado tan tranquilas y vacías desde hacía décadas.

 

Sin embargo, todo fue mucho más duro en Wuhan. El rápido aumento de casos de COVID-19 provocó una gran escasez de suministros médicos y trabajadores sanitarios. La interrupción del transporte tuvo un gran impacto en la vida de los wuhaneses, quienes pasaron la Fiesta de la Primavera más difícil de su historia. No obstante, el caos duró poco. Con el fin de combatir al nuevo coronavirus, en apenas unos días se construyeron hospitales y se ampliaron los existentes. Miles de trabajadores sanitarios llegaron a Wuhan desde otras provincias de China, en total, unos 42.000 médicos y enfermeros. A pesar del riesgo de infectarse, muchos ciudadanos se ofrecieron como voluntarios y, por ejemplo, ayudaron al personal médico a dirigirse a los hospitales y también recogieron pacientes. Los hospitales recibieron numerosas donaciones del país y del extranjero. Wuhan había sido aislada, pero no estaba sola ni abandonada ni olvidada.

 

Mientras tanto, las fábricas de suministros médicos como mascarillas, ventiladores y ropas protectoras, las cuales habían cerrado por las vacaciones del Año Nuevo chino, se pusieron a trabajar las 24 horas. Otras empresas que no producían este tipo de materiales comenzaron también a fabricarlos y contribuir así en esta ardua batalla.

 

Con el fin de controlar lo antes posible el brote del COVID-19, algunas personas, independientemente de su propia seguridad, se dirigieron a los lugares con mayor número de contagios para participar en la lucha contra la epidemia. La población hizo su propia contribución: se quedó en casa y evitó asistir a cualquier tipo de reunión. La epidemia cambió la forma de vida de los chinos, pero no logró que estos dejaran de estudiar y trabajar.

 

La decisión del Gobierno chino de aplicar una cuarentena funcionó. Al cabo de dos meses se vieron los éxitos en esta batalla y se logró tener la situación bajo control. Sin duda alguna, el triunfo no fue fácil. China adoptó las medidas de prevención y control de infecciones más estrictas, eficientes y decisivas, e incluso destinó grandes sumas de dinero para combatir la epidemia. Sin la decisión del Gobierno, la cooperación del pueblo, el sacrificio del personal médico y el apoyo de los países amigos, no se habría podido alcanzar el éxito en la lucha contra el COVID-19. En la batalla contra el nuevo coronavirus, nunca estuvo ausente la ayuda mutua ni la solidaridad.

 

21 de marzo de 2020. Parte de la ciudad de Yiwu el primer tren lleno de suministros médicos donados por China a España.

 

Unidad y solidaridad

 

Actualmente, la situación ha dado un giro drástico en otros países, mientras China intenta reanudar el trabajo y la producción. Si bien cada país toma sus propias decisiones y medidas para afrontar la pandemia, cabe destacar que la unidad y la solidaridad ayudaron a China a combatir el virus. Por ello, ambas son, sin duda, un arma poderosa para que otros países superen también la pandemia.

 

China ha enviado ayuda a más de cien países y organizaciones internacionales y ha llevado a cabo más de 70 videoconferencias en las que ha compartido sus experiencias. En casos como los de Italia, Irán, Venezuela, entre otros países, el Gobierno chino, además de equipamiento sanitario, ha enviado médicos e infectólogos. Aquel que recibió no debe olvidarse jamás de la persona que le ayudó. Es el momento de expresar nuestro agradecimiento y mostrar nuestra solidaridad. Solo la cooperación, y no la hostilidad ni el egoísmo, garantizará que todos salgamos juntos de esta crisis mundial porque el COVID-19 no es el “virus de Wuhan” ni el “virus chino”, como maliciosamente señalan algunos, sino un enemigo común para la humanidad. Luchar contra el nuevo coronavirus y derrotarlo es ya la misión de todo el pueblo.

 

Cabe mencionar que todos los días y en todas partes ocurren historias conmovedoras. Miles de trabajadores sanitarios ya retirados en Nueva York han respondido al llamado del gobierno local para combatir la pandemia. Los italianos se han puesto a cantar en los balcones para aliviar así su ansiedad por la cuarentena y transmitir optimismo. Una anciana belga pidió que le quitaran el respirador artificial para cederlo a pacientes más jóvenes. El 4 de abril, con motivo del Festival Qingming, China vivió una jornada de duelo nacional para rendir homenaje a las víctimas del nuevo coronavirus, mientras las embajadas de muchos países en Beijing decidieron izar sus banderas a media asta en señal de solidaridad.

 

No cabe duda de que la pandemia del COVID-19 marcará un antes y un después. Vivimos momentos difíciles, pero, al mismo tiempo, son momentos propicios para la reflexión. En esta época de globalización, la seguridad de los países está interrelacionada, de modo que el virus afecta a todos por igual. Ningún país podrá superar la crisis solo, ni lograr una estabilidad aprovechando el caos en otras naciones. Es preciso afirmar que ningún país es una isla y que su desarrollo está vinculado con un entorno internacional pacífico, con un orden mundial estable y con la comprensión, respaldo y solidaridad entre todas las naciones.

 

En el mundo de los animales salvajes, si una bestia feroz resulta herida, solo le espera la muerte. Sin embargo, en el mundo de los seres humanos, cuando una persona cae herida o enferma, logra recuperarse y sobrevivir gracias al auxilio de alguien. Ayudarse en medio de las dificultades es una señal de la civilización humana. La derrota del virus será el resultado de la solidaridad y el esfuerzo de todos.

 

 
 
*Lin Hua es profesora asociada del Instituto de América Latina de la Academia China de Ciencias Sociales.

 

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Editor: Wu Wen Da-->

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