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Testigo de un cambio que valora el mundo

2018-08-01 15:03:00 Source:China Hoy Author:PABLO ROVETTA DUBINSKY*
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Este año se cumple el 40.° aniversario de uno de los acontecimientos más importantes en la historia reciente de China, y con significativa repercusión en el país y el mundo entero. Me estoy refiriendo en concreto a la III Sesión Plenaria del XI Comité Central del Partido Comunista de China, que tuvo lugar del 18 al 22 de diciembre de 1978 en Beijing, y que es considerada como el “kilómetro cero” de la política de reformas económicas y apertura al exterior del país asiático.

 

Como llegué a Beijing a mediados de 1975, puedo considerarme un privilegiado por haber sido testigo directo de gran parte de ese proceso. Son innumerables, y en gran parte ya conocidos, los logros obtenidos por China en estas cuatro décadas. Muchos historiadores coinciden en señalar que no ha habido en la historia reciente de la humanidad un proceso en el cual, en tan poco espacio de tiempo, un país que representa a una importante proporción de la población mundial haya experimentado avances y cambios tan profundos.

 

1976. El autor (tercero a la izq. de la última fila) está junto a sus compañeros ante la puerta principal del Instituto de Lenguas de Beijing (actualmente Universidad de Lengua y Cultura de Beijing).

 

En estas cuatro décadas China se ha convertido en la segunda economía del planeta, y todas las previsiones indican que en un futuro no muy lejano será la primera. Es ya una potencia y ocupa los primeros puestos del mundo en campos como el comercio exterior, lucha contra la pobreza, infraestructuras, capacidad industrial, inversión y desarrollo en I+D y en tecnologías avanzadas, presencia global y un largo etcétera. En muchos aspectos China es otro país, si lo comparo con el que encontré cuando llegué 43 años atrás.

 

Me gustaría destacar tres aspectos de lo acontecido desde la reunión de finales de 1978, y que en muchos casos he podido vivir en primera persona.

 

China ha superado infinidad de dificultades. Los pronósticos negativos no se han cumplido. En los últimos cuarenta años, e incluso en la actualidad, no he parado de escuchar y leer en Occidente pronósticos muy pesimistas sobre las dificultades y “peligros” que tiene que enfrentar la República Popular China. Lo vi durante la llamada “crisis financiera asiática” de 1997, durante la desaparición de la URSS y del llamado “campo socialista” en Europa Oriental, o cuando la crisis de la gripe aviar, o SARS, en 2002. He llegado a leer y escuchar previsiones tan pesimistas como las que aseguraban que China se iba a desintegrar como nación, o que iba a tener lugar en el país una guerra civil.

 

Es verdad que el camino recorrido por China en los últimos cuarenta años no ha sido fácil, y ha tenido que hacer frente a innumerables dificultades internas y en el ámbito internacional. Sin embargo, ha logrado superarlas año a año y ninguna de las previsiones de muchos “expertos” se ha hecho realidad. A pesar de ello, en gran parte de Occidente se pone más énfasis en los aspectos negativos que en los positivos del desarrollo chino, y cuando se habla de los casos positivos muchas veces son calificados de “amenazas”.
1976. El autor se gradúa del Instituto de Lenguas de Beijing.

 

Antes y después de la reforma y apertura

 

En segundo lugar, me gustaría hacer una comparación entre lo que China y su población eran cuando comenzaron las reformas y lo que son en la actualidad. En 1978 un ciudadano chino tenía racionados la mayor parte de sus alimentos (cereales, carne, aceite, etc.), el algodón para su vestimenta, así como los principales productos industriales (por ejemplo, las bicicletas). Nosotros mismos, como extranjeros, teníamos que usar “cupones de cereales” o “cupones de algodón”. Ese mismo ciudadano chino trabajaba ocho horas diarias de lunes a sábado. El domingo era su único día de descanso. Con excepción de la Fiesta de la Primavera, los únicos feriados eran los días 1 de enero, 1 de mayo y 1 de octubre.

 

Ese ciudadano no tenía libertad de movimiento dentro del país, y en no pocos casos había matrimonios que vivían geográficamente separados y solo se veían en ocasión del Año Nuevo Chino. Desplazarse de un lugar a otro podía tardar días debido a la situación de las infraestructuras. Los mayores lujos que se podía permitir eran una bicicleta, un reloj de pulsera, una radio y una máquina de coser. Salvo ocasiones muy especiales, no iba a un restaurante con su familia o amigos. Ese ciudadano, ni en sus mejores sueños, podía pensar en hacer turismo dentro de China y mucho menos en viajar por placer por el mundo.

 

En 1976, estando yo ya en Beijing, tuvieron lugar los Juegos Olímpicos de Montreal. Sin embargo, la República Popular China, el país más poblado de la Tierra, no pudo participar en los mismos, ya que solo en 1979 se le permitió formar parte del Comité Olímpico Internacional. Muchos países aún no tenían relaciones diplomáticas con la nación asiática. Ninguno de América Central, ni Bolivia, Colombia, Ecuador o Uruguay. Hong Kong era todavía una colonia británica y Macao era portuguesa.
1982. El autor (cuarto a la der. de la última fila) se gradúa de la Universidad Tsinghua.

 

 

Hoy es como un nuevo país. La fisonomía del campo y de las ciudades ha cambiado por completo. El nivel de vida en general se ha incrementado de forma muy significativa. Por supuesto, el racionamiento es algo del pasado y los restaurantes y tiendas están llenos de gente. Eso no quiere decir que ya no haya pobreza, pero en estos cuarenta años, cientos de millones de personas han mejorado su calidad de vida. El mismo presidente Xi Jinping ha reconocido que aún hay focos de pobreza en las zonas rurales y su eliminación es una de las prioridades de su Gobierno.

 

La jornada laboral es hoy de cinco días y palabras como “fin de semana” se han incorporado al vocabulario chino. Existen muchos días más de vacaciones, durante los cuales son millones los ciudadanos que en sus propios vehículos o en modernos y rápidos medios de transporte recorren libremente el país. Cada año se incrementa el número de turistas chinos que viajan al exterior, y en algunos países y regiones está cambiando la fisonomía del turismo para adaptarse a los visitantes chinos. Su industria y avances tecnológicos y científicos ya figuran a la vanguardia en el mundo. Sus empresas compiten en todos los continentes y hay marcas como Huawei –por poner solo un ejemplo– que han alcanzado un amplio prestigio internacional.
Abril de 2004. Los padres del autor pasean por una calle de Beijing durante su última visita a la capital china.

 

 

¿Quiere esto decir que todo lo anterior a la reforma era malo? En mi modesta opinión, no. Después de más de un siglo de guerras internas, humillaciones e invasiones por parte de potencias extranjeras, China llegó a establecer una industria propia (algo casi inexistente antes de 1949, salvo en el sector textil) y a garantizar una serie de servicios y derechos mínimos a su inmensa población. Se construyeron importantes obras de infraestructuras en el sector hidráulico para controlar las inundaciones, que cada año afectaban al país y causaban hambre y la emigración de millones de personas.

 

A nivel científico y de desarrollo industrial, desde la década de 1970 China ha ido desarrollando su industria aeroespacial y ha puesto en órbita muchos satélites artificiales. El descubrimiento en 1959 del campo petrolífero de Daqing dio un gran impulso a su industria del petróleo y la petroquímica, y lo mismo ocurrió en la industria del acero con la construcción de grandes complejos.
2016. El autor recibe del embajador de España en China una medalla especial por su excelente contribución a los intercambios entre los dos países.

 

 

Características de la reforma y apertura

 

El tercer y último aspecto que me gustaría destacar es que el proceso de reforma y apertura fue paulatino, sin que se tomaran medidas radicales de la noche a la mañana. Aún hoy sigue siendo así.

 

La III Sesión Plenaria tuvo lugar a finales de 1978 y fue recién al año siguiente cuando comenzaron a adoptarse medidas concretas. De hecho las palabras “reforma” y “apertura al exterior” no figuran en el documento oficial emitido tras la sesión. Son términos que empezaron a utilizarse en la década de 1980.

 

La importancia histórica de esta sesión reside en que, por un lado, fija como tarea principal del Partido el desarrollo económico –en contra de la llamada “lucha de clases” que imperaba hasta entonces– y declara su voluntad de desarrollar activamente la cooperación económica con todos los países, así como la “introducción de tecnologías y equipos avanzados del exterior”. Esas son, en mi opinión, las claves de la misma.

 

En relación con las reformas, el primer y más importante paso se dio en el campo, mientras que en la apertura al exterior, uno de los elementos principales fue el establecimiento de las primeras cuatro Zonas Económicas Especiales en el sur del país.

 

En lugar de cambiar las políticas de forma radical en todo el país, el Gobierno estableció pequeños laboratorios donde probar aquellas nuevas políticas. Si los resultados eran positivos, entonces esas políticas se irían extendiendo a otras regiones del país. Eso le permitió al Gobierno corregir errores, acumular experiencias positivas y negativas, e ir ajustando las medidas concretas a tomar. Hay una frase china que dice: “Atravesar el río tanteando las piedras”, atribuida a Deng Xiaoping, el reconocido arquitecto de la política de reforma y apertura.
Abril de 2018. El autor con Cen Chulan, profesora de español jubilada de la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing. Fotos cortesía del autor

 

 

Así, las reformas que se iban adoptando en lugares determinados del país se fueron extendiendo, sin prisas, del campo a las ciudades, del sur al norte, de la costa al interior. Por cierto, esta inteligente forma de actuar se ha mantenido durante todas las medidas de reforma adoptadas en los últimos cuarenta años y se sigue aplicando en la actualidad.

 

En resumen, China no ha parado de avanzar, a pesar de las grandes dificultades a las que tuvo que enfrentarse y en contra de los pronósticos más pesimistas de una parte de Occidente, los cuales no se han cumplido. La reforma y apertura ha transformado por completo al país: la vida de su población en todos los aspectos, la fisonomía del país, el desarrollo industrial y científico, la libertad de sus ciudadanos para viajar por todo el mundo y la posición cada vez más importante de China en el terreno internacional.

 

Una de las claves del éxito de esta política ha sido y es el carácter paulatino, la no adopción de medidas drásticas o radicales, la capacidad para ajustar detalles o rectificar cuando los resultados no son los esperados. Obviamente, un proceso de estas características también ha tenido efectos negativos, entre ellos, la corrupción, las consecuencias sobre el medio ambiente o el incremento de las diferencias sociales. El elemento positivo es que el Gobierno no ha negado esos puntos oscuros y ha expresado, con palabras y hechos, su determinación para resolverlos.

 

 
 
*Pablo Rovetta Dubinsky es uruguayo y llegó a China en 1975. Desde entonces está relacionado con este país. Es autor del blog Reflexiones orientales.

 

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