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Conociendo el mundo, conociéndose a sí mismo

2018-03-02 17:36:00 Source:China Hoy Author:ZHENG RUOLIN
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En 1978 escuché el nombre de Francia, pues mi papá, Zheng Yonghui, un sobresaliente traductor de francés, de vez en cuando nos interpretaba y narraba obras literarias francesas a mis dos hermanos y a mí.

 

En 1979 entré a la universidad para estudiar francés, pues mi meta era heredar la carrera de mi papá. Después de graduarme en 1983, ingresé al diario China Youth convirtiéndome en periodista.

 

En 1988 el autor junto a su hijo en la Plaza Tian’anmen, antes de irse a Francia.

 

La primera vez fuera del país

 

Invitado por el Club de Jóvenes de la Unesco, llegué por primera vez a Francia en 1988 para escribir un libro sobre este organismo y los jóvenes. En aquel momento no había tantos chinos que viajaban al extranjero.

 

Mi primer viaje fuera de China duró tres meses. En ese entonces había una gran diferencia con Francia. Mi salario era de unos 56 yuanes (47 francos), mientras que el sueldo mínimo en Francia sobrepasaba los 4000 francos. Sin embargo, lo que me estremeció fue la diferencia en la información. Por aquellos años no había Internet en China ni tampoco revistas privadas. Al llegar a Francia, me sorprendió la gran variedad de ediciones tanto estatales como privadas, lo que afianzó en mí el deseo de estudiar allá. Precisamente, el periódico Wenhui me ofreció una beca para estudiar en Francia. Ese 1988 estuve una vez más en Francia y entré en el Centro de Formación y Perfeccionamiento de Periodistas, situado en la calle Rue du Louvre de París.

 

Era una escuela privada y mi beca alcanzaba apenas para cubrir mis gastos más básicos de manutención. Por eso, acordé con el centro de estudios que me condonaran el pago de mis estudios, y a cambio fundaría un club sobre China y dictaría una serie de conferencias, aprovechando que era el primer alumno chino de su centro. Lamentablemente en aquel momento contados franceses querían conocer China, y solo llegué a ofrecer una conferencia.

 

A finales de 1989, mientras culminaba mis estudios en Francia, empleados de la editorial La Découverte me buscaron y me comentaron que estaban editando una serie de libros sobre L’ État du Monde (El estado del mundo), y justamente uno de ellos se refería a China, L’État de la Chine. El entonces jefe de redacción, Pierre Gentelle, quería que yo redactara un capítulo sobre la prensa de China. Por esa razón, y sin meditarlo tanto, acepté la invitación.

 

Al cabo de 20 años y por simple casualidad volví a leer el libro, y caí en la cuenta de que los autores son conocidos sinólogos franceses, o sea, expertos en estudios de China. Sin embargo, hoy considero que en el libro, aquellos expertos se equivocaron en sus pronósticos sobre el futuro desarrollo del país. Claro está que no fue la culpa de Pierre Gentelle, pues ¿quién podría haber pronosticado que dos décadas después China se convertiría en la segunda economía del mundo?
Shanghai, 1992. El autor regresa de Francia.
Dar a conocer China en Francia

 

A finales de 1990, el periódico Wenhui me envió a París como su corresponsal en Francia, un país sobre el que contábamos con muy pocos conocimientos. A medida que me informaba fui conociendo a los sinólogos del libro L’État de la Chine.

 

Me di cuenta de que algunos de ellos nunca habían estado en China. Es más, algunos habían visitado China hacía mucho tiempo. Aunque otros sí habían llegado a vivir cierto tiempo, estos aún mantenían prejuicios sobre China. Como no tenían un alto nivel del idioma chino, todas las informaciones que estos expertos obtenían sobre los asuntos del país eran tomados de los disidentes en el exilio, en Occidente o Hong Kong. Es decir, lo que conocían de China era muy limitado y sin esa esencia que era su acelerado proceso de industrialización, pues en las últimas décadas la economía china ha avanzado con un alto ritmo de crecimiento.

 

China logró escalar rápidamente, pasando de ser un país atrasado en su desarrollo hasta convertirse en la segunda economía mundial hoy en día y cuya economía ha totalizado 11 billones de dólares (el PIB de Francia es 2,42 billones de dólares). Por esa razón volví a escribir artículos sobre China en los medios franceses, a fin de que los lectores tuvieran un conocimiento objetivo sobre mi país.

 

En 2005 conocí a Béchir Ben Yahmed, y Jacques Bertoin, director general y redactor jefe, respectivamente, de la revista Jeune Afrique. Aunque en aquel momento China y Francia tenían una relación estrecha, me di cuenta de que en los principales medios franceses la imagen descrita sobre China era desfasada, ya que todavía hablaban de una China de la década de 1990, lo que me hacía sentir muy triste. El conocimiento mutuo es sumamente importante. Por eso, empecé a escribir artículos sobre China en las revistas Jeune Afrique y La Revuem pour l’Intelligence du Monde. Hoy me encuentro muy agradecido con mis amigos franceses Renaud de Rochebrune, Jacques Bertoin y Béchir Ben Yahmed. Aunque ellos no estaban de acuerdo con mis puntos de vista, tenían conciencia de que lo que escribía estaba basado en la verdad, y esa verdad había sido omitida por los principales medios que me ofrecían “libertad para hablar”. Conté en un artículo que los chinos que creían en el catolicismo, budismo e islamismo totalizaban más de 100 millones, sobrepasando la cifra de los miembros del Partido Comunista de China, lo cual provocó gran eco en la opinión pública francesa. Esto testifica fuertemente que China es un país con libertad religiosa. El diario Le Monde investigó esa cifra y resultó que era correcta.
Zheng Ruolin entrevista al entonces canciller francés Hubert Védrine.

 

Impulsar el entendimiento mutuo

 

Mis artículos sobre China han sido bien recibidos en los medios franceses. Algunos citan mis frases y puntos de vista, razón por la cual, cuando ocurrió el acontecimiento en Lhasa en 2008, varios canales de la televisión francesa, incluido Kiosque de TV5 Monde, me invitaron para darles a conocer lo ocurrido, así como comentar los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Soy uno de los pocos chinos que solían aparecer en la televisión francesa. Al mismo tiempo fui invitado en varias ocasiones por universidades y organizaciones para dar conferencias en torno a China.

 

Yo era consciente de que para profundizar sus conocimientos sobre China, los franceses empleaban tres canales: los medios públicos, los libros y las películas, mucho de los cuales estaban colmados de noticias negativas hacia China. Las verdades sobre mi país eran omitidas, por lo que se me ocurrió escribir un libro. Me tardé tres años y lo terminé en 2012 con el título de Les Chinois sont des hommes comme les autres (Los chinos son hombres como los demás). La buena noticia fue que la primera tirada se vendió en apenas tres meses, por lo que creo haber hecho una contribución pequeña para el entendimiento mutuo entre China y Francia.
El autor del artículo ha aparecido en los medios de comunicación franceses.
Me parece que el éxito del libro se debió a que yo sabía claramente el grado de conocimiento que tenían los franceses sobre China. Cito un sencillo ejemplo. Francia suele criticar que en China funciona el sistema autocrático de un partido único. Tras mi investigación entendí la razón de esa crítica, pues los partidos políticos en Francia son “portavoces de los intereses de algunos estratos sociales”. Por ejemplo, el Partido Socialista, cuando François Hollande gobernaba el país, era un partido que representaba a la clase media francesa. Sus militantes solo eran más de 200.000. Es decir, un partido de 200.000 miembros gobernaba una población de 66 millones. Por lo tanto, necesitan partidos de oposición. El Partido Comunista de China (PCCh) es un partido político con más de 89 millones de miembros y representa el interés de toda la población. El porcentaje de adultos chinos que forman parte del PCCh es del 8 %. El PCCh administra el país, pero varios partidos democráticos participan y deliberan sobre asuntos políticos, conforme a la democracia consultiva con peculiaridades chinas. Mientras tanto, el porcentaje de adultos franceses que militan en un partido político en Francia es de apenas el 1 %. ¿Quién tiene más representación?

 

Tuve una larga conversación con mi papá sobre cómo podrían conocerse y entenderse el pueblo chino y el francés. Él me animó y dijo: “Solo cuando conoces a otros puedes conocerte a ti mismo verdaderamente. Sin embargo, hacer que otros te conozcan bien es más difícil, por lo que debemos esforzarnos más”.

 

 
 

 

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