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La belleza y tranquilidad de los wa

Source:China Hoy Author:ZHAO YANQING*
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Ubicado en la provincia de Yunnan se encuentra el impresionante distrito autónomo de la etnia wa de Cangyuan, el cual se extiende a lo largo de la frontera suroeste de China con Myanmar. Se trata de uno de los dos distritos autónomos de la etnia wa en China.

 

A Cangyuan se le conoce también como la “ciudad de la eterna primavera”. Las montañas de la región son parte del sistema montañoso de Laobie, de la cordillera de Nushan. Son tantas las montañas que es difícil encontrar un terreno plano, y el área está cubierta de una gran variedad de flora y fauna. Además de todo esto, hay aldeas bien conservadas que han mantenido su cultura y forma tradicional de vida durante siglos, siendo un claro ejemplo de la coexistencia armoniosa entre los seres humanos y la naturaleza.

Viviendas de estilo tradicional hechas de palafitos en la aldea de Wengding.

 

Bosques y pinturas

 

En el valle de Menglai, en Cangyuan, se ven frondosas palmeras por todas partes, las cuales son de una variedad poco común llamada taquipán o palmera de cola de pescado (Caryota urens). Es considerada un “fósil viviente” del reino vegetal y fue alguna vez uno de los alimentos básicos de los dinosaurios en el período cretácico, aunque casi desaparece debido al cambio climático global. Este tipo de palmeras suelen crecer en las laderas de las altas montañas, siempre hacia arriba, independientemente del grado de inclinación de la ladera. Es decir, son un reflejo de los wa: siempre erguidos y valientes.

 

En los precipicios de Cangyuan hay pinturas rupestres donde se mezclan escenas de caza, pastoreo, aldeas, batallas, bailes, acrobacias y sacrificios religiosos, que describen la vida del antiguo pueblo wa. Dos grandes pinturas ilustran las sabias leyes de la naturaleza: la naturaleza crea la vida y la vida es la base de la historia. Su composición es simple, pero las imágenes son expresivas. Hace 3500 años, el pueblo wa utilizaba un pigmento a base de minerales, savia y sangre de animales para dar vida a dichas pinturas en los acantilados de Menglai, las cuales son un testimonio de su historia, su religión, su cultura y su arte.

 

Según la épica Sigangli, que relata los orígenes de la etnia wa, los primeros humanos habrían salido de una cueva (sigangli en la lengua wa significa “provenir de una cueva”). Una de las 15 pinturas rupestres halladas en la zona lleva por nombre Pintura de la vida en las cuevas. Los expertos la llamaron así porque muestra a una persona luchando por salir de una cueva, mientras una multitud la observa a su alrededor. Algunas figuras fueron dibujadas con líneas rectas simples, mientras que otras revelan elegantes curvas para retratar el cuerpo humano.

 

Se dice que las pinturas rupestres fueron hechas por una tribu que iba de camino hacia otro lugar, a modo de indicación para quienes pasasen luego por ahí. Otra hipótesis señala que las pinturas evocan el júbilo y la celebración de la gente tras la creación del mundo, mientras que otros piensan que en ellas está representada la diosa Meiyiji, quien enseña al pueblo wa a trabajar y a disfrutar del ocio.

 

El grupo n.° 13 de la aldea de Bankao.

 

Los guardianes de los tiankeng

 

En la aldea de Bankao, en Cangyuan, viven 17 grupos de personas, uno de los cuales se encuentra en un bosque de palmeras taquipán. Aunque las viviendas siguen el estilo tradicional hecho a base de palafitos, estas ya no tienen techos de paja ni muros de madera y piedras. Las casas fueron diseñadas y construidas por el gobierno local en un esfuerzo por proporcionar viviendas cómodas y completamente amuebladas para la población.

 

Por otro lado, los bailes siempre han sido parte importante de las tradiciones del pueblo wa. En el grupo n.° 11 de la aldea, una boda se lleva a cabo en el patio de una casa típica, al son de una melodía que se asemeja al suave rumor del manantial montañoso, con un ritmo simple y letras fáciles de seguir. Algunas personas comienzan a bailar y de a poco se van uniendo más. La mayoría de las mujeres visten trajes tradicionales con blusas negras y bordadas, decoradas con cuentas plateadas en el cuello, el pecho, los puños y los dobladillos del vestido. Sus cabezas están cubiertas con una tela de colores y portan un bolso blanco bordado con borlas, que cuelga diagonalmente sobre sus pechos. También llevan grandes aretes redondos, un collar grueso de plata y otro más delgado, y pulseras grabadas con finos motivos. Las joyas, similares a las que muestran las figuras de las pinturas rupestres, resplandecen con el movimiento de los cuerpos al bailar. A diferencia de las mujeres, la vestimenta de los hombres ha cambiado mucho a lo largo del tiempo y hoy es casi idéntica a la de los han, la etnia mayoritaria de China.

 

Desde la aldea se pueden ver a lo lejos los tiankeng (grandes sumideros). Hay siete de ellos en Cangyuan y, al pararse en sus bordes, no se alcanza a divisar el fondo del abismo. Existen muchas leyendas acerca de los sumideros, una de las cuales ha sido transmitida oralmente entre los wa y admitida como cierta durante siglos. Según la leyenda, un día un antepasado que estaba recolectando miel en los acantilados descubrió los sumideros. Al regresar a su tribu, le contó al caudillo lo que había visto. Este, temiendo que pudiese ocurrir algún desastre si el pueblo exploraba los sumideros, prohibió estrictamente que las personas se acercaran a estos. Sin embargo, tras un tiempo algunos lugareños decidieron aventurarse y descendieron en secreto a los sumideros para encontrar una hierba que, según creían, era el elixir de la inmortalidad. Alrededor de la planta había serpientes e insectos venenosos, lo que dificultaba su obtención. Se creía que los sumideros eran la puerta de entrada hacia otro mundo y lugares donde crecían hierbas como estas, lo que hacía aún más misteriosas estas profundas depresiones y convirtió a los tiankeng en otro símbolo del pueblo wa.

 

Hoy en día, la atención médica y la educación en la aldea son gratuitas, y la vida diaria de los residentes locales no es diferente a la de cualquier otra aldea en China, ya que tienen acceso a todos los bienes de consumo diario y a las comodidades de la vida moderna.

 

Una pintura rupestre prehistórica de Cangyuan.

 

La vida en la antigua aldea de Wengding

 

Wengding, que en la lengua wa significa “un lugar envuelto por las nubes y la niebla”, es una aldea de montaña con más de 400 años de historia. En el pasado, la gente se dedicaba simplemente a la agricultura de tala y quema. Tras la fundación de la República Popular China en 1949, la vida de los wa empezó a encaminarse rápidamente hacia la modernización, al tiempo que se conservaron muchos aspectos de su tradicional estilo de vida. La antigua aldea de Wengding, una de las comunidades originarias mejor conservadas hasta hoy, ha mantenido el estilo arquitectónico típico de la etnia wa, así como sus tradiciones y costumbres. El idioma de los wa no tiene una forma escrita común. Su gente registraba números y transmitía mensajes con objetos o tallando en la madera. En el tótem de una diosa se encuentran tallados de ríos, montañas y escenas representativas de la temporada de cultivo y cosecha, además de un pozo de fuego siempre encendido.

 

Cerca del tótem de la diosa se encuentra la construcción más admirable de la aldea: la Mansión del Rey de los Wa. Construida durante el período del emperador Guangxu (1871-1908), la mansión fue un regalo de la dinastía Qing a un jefe tribal, como un reconocimiento a sus esfuerzos de mediación en asuntos fronterizos. Sirvió, además, como sede del gobierno local.

 

En el espacio donde se encuentra el pozo de fuego, también están la sala de estar, la cocina y el comedor, y es el lugar de recepción para los invitados. Los wa adoran el fuego, por lo que cada hogar tiene un pozo de fuego que no se apaga en todo el año. El fuego se enciende en Año Nuevo y arde continuamente hasta principios del año siguiente. Durante las celebraciones de Año Nuevo, se apaga el antiguo fuego y se trae uno nuevo desde un lugar remoto fuera de la aldea en medio de la naturaleza, lo cual simboliza la toma del alma de la montaña y el agua. El nuevo fuego debe ser hecho horadando madera por un anciano respetado de la aldea.

 

Más de 100 familias que vivían en Wengding ya se han trasladado a una nueva aldea construida por el Gobierno, mientras que una pequeña parte de ellas permanece en el antiguo emplazamiento con el fin de cuidarlo. Aun así, las familias que se mudaron regresan cada año a la antigua aldea para celebrar las fiestas con cantos y bailes.
Una mujer de la antigua aldea de Wengding.

 

 

La vida en la antigua aldea de Wengding comienza al amanecer y termina al atardecer, y la población se dedica a cultivar granos, alimentar a las aves domésticas, tejer, coser, cuidar el fuego y cocinar. Tradicionalmente, la gente vive en casas hechas de bambú y madera con gruesas capas de hierba para cubrir los techos. Una pequeña ventana permanece abierta gracias a un poste de madera, y una escalera larga descansa a un lado de la casa en caso de que la familia la tenga que usar para arreglar el techo. Los wa adoran el tótem del buey, el cual puede ser visto en toda la aldea. En la parte superior de una casa de bambú viven los miembros de la familia, mientras que la parte inferior, separada por un piso de madera, sirve como almacén y refugio para el ganado. En el exterior de la casa, un muro bajo de piedra rodea el pequeño patio. Fuera del muro, escabrosos caminos de piedra conducen al resto de la aldea, conectando a todas las familias. En los límites de Wengding hay pequeñas cabañas de madera para el almacenamiento de granos, cuyos pilares ya se han vuelto verdes por el musgo.

 

En el centro de la aldea se encuentra un tótem y un simple cobertizo de paja, llamado salafang en la lengua wa, donde los locales se reúnen y descansan.

 

La gente adora al dios de los árboles y Wengding está rodeada de bosques por todos lados, los cuales no pueden ser talados salvo en la celebración del “traslado de los tambores de madera”. Un hechicero hace diversas ofrendas a los dioses y, tras obtener el permiso de estos, los jóvenes salen por la noche a talar árboles. Al día siguiente, todo el pueblo, tanto viejos como jóvenes, lujosamente ataviados, trasladan los árboles a la aldea para hacer tambores de madera, mientras cantan y bailan. Los tambores son considerados objetos sagrados, cuyo sonido puede llegar hasta los dioses, expulsar demonios y traer buena suerte. Por ello, los tambores de madera son guardados en una casa especial que está adornada con cabezas de bueyes, cuyo número y tamaño da cuenta de la prosperidad del lugar.

 

 
 
*Zhao Yanqing es una columnista independiente.

 

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Editor: Wu Wen Da-->

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