Primera página>Turismo

Un paseo por Harbin

Source:China Hoy Author:XU YANG*
【Cerrar】 【Imprimir】 GrandeMedianoPequeño
 
A finales de la dinastía Qing (1644-1911), el tren, un medio de transporte bastante avanzado en ese momento, conectaba el noreste de China con la lejana Europa. Si bien la ruidosa máquina trajo una serie de beneficios –literatura, religiones, técnicos, médicos y emigrantes– para una ciudad de esta región del país en particular, por otro lado, también significó lágrimas, derramamiento de sangre y sacrificios. Nos referimos a Harbin, una ciudad que en la actualidad es ampliamente conocida, pero que en su origen había sido concebida únicamente para la viticultura y como santuario espiritual.

 

La Catedral de Santa Sofía rodeada de la hermosa nieve invernal.

 

Conectando este y oeste

 

En 1896, el zar ruso dirigió la construcción del ferrocarril Transiberiano que atravesaba la mayor parte de Europa desde Moscú hasta Vladivostok, y que en uno de sus tramos a través del territorio del noreste de China se llamó Ferrocarril Oriental de China.

 

El 9 de junio de 1898, el primer grupo de trabajadores ferroviarios proveniente de Vladivostok llegó a un lugar en territorio chino llamado Tianjia Shaoguo Tun. Su significado se puede traducir literalmente como “pequeño pueblo famoso por la bodega de la familia Tian”, y la fecha es considerada por los rusos como el momento fundacional de la ciudad de Harbin.

 

Entre las historias sobre Harbin que merecen ser contadas, además del magnífico contexto histórico en torno a la construcción del Ferrocarril Oriental de China, está el relato de los expatriados rusos, entre los cuales había una gran cantidad de judíos. Desde fines del siglo XIX, Harbin había sido uno de los mayores asentamientos judíos en el Lejano Oriente, llegando a 20.000 personas en su apogeo.

 

Los judíos, quienes se dedicaban principalmente al comercio, comenzaron a establecer tiendas en la floreciente zona del centro de Harbin, lo cual vino a romper, de cierta forma, el estado contrastante y separado (statu quo) existente entre los colonizadores rusos y los chinos locales. Más adelante, en la ola más severa de antisemitismo durante la Segunda Guerra Mundial, Harbin se convirtió en un santuario seguro para los judíos, quienes además contribuyeron notablemente al desarrollo de la ciudad.

 

Una visita obligada para cualquiera que vaya a Harbin es la avenida Central, que se extiende desde el Monumento de Control de Inundaciones a lo largo de la orilla del río Songhua en el norte, hasta la plaza Xinyang en el sur. La avenida Central fue originalmente un asentamiento para los chinos, planificada por la Administración del Ferrocarril Oriental de China de Rusia, por lo que en sus inicios fue llamada avenida China, y luego, avenida Central. A lo largo de esta conocida vía de un kilómetro de extensión, con más de un siglo de historia, se encuentran edificaciones antiguas y tiendas de marcas tradicionales a ambos lados. En su totalidad suman 70 y abarcan variados estilos arquitectónicos, desde el barroco y el renacentista, hasta el ecléctico y el art nouveau.

 

Entre los edificios más destacados se encuentra el legendario Modern Hotel de marcado estilo art nouveau, que ha servido de inspiración para la paleta de helado Modern e, incluso, para la famosa serie de televisión Disparos en el Modern Hotel. Si de comida rusa se trata, el restaurante Huameixi es considerado por los residentes locales de Harbin como el más auténtico. Originalmente, era una pequeña pastelería rusa ubicada en una esquina de la calle Xibadao, pero con el paso del tiempo se convirtió en uno de los restaurantes más famosos de la ciudad. Todos estos hitos dan cuenta del desarrollo de Harbin durante el siglo pasado y se han transformado en el emblema de la ciudad. Detrás hubo varias personas, pero todos compartían un origen como comerciantes judíos que habían inmigrado.

 

Con la afluencia de rusos a Harbin, llegaron no solo estilos arquitectónicos de Occidente, sino también moda y cocina occidentales. Dentro de la gastronomía diaria que perdura hasta hoy se encuentran alimentos como el chorizo rojo, el pan ruso, la sopa rusa y kwas chlebowy (una bebida fermentada, popular en Rusia y el este de Europa). Además, se dice que el famoso plato guobaorou del noreste de China fue inventado según el gusto por el sabor agridulce de los rusos.

 

Incluso el amor de los chinos de Harbin por la moda está relacionado con la introducción temprana de vestimentas occidentales, como ternos, trajes de gala y vestidos femeninos de Rusia.

 

Todo esto da cuenta del gran impacto que tuvieron los rusos en el estilo de vida de la gente, no solo en Harbin, sino también en el noreste de China en general.
Una serie de muñecos de nieve a la orilla del río Songhua, en el distrito de Daoli de la ciudad de Harbin.

 

 

Monumentos emblemáticos

 

En 1905, la Guerra Ruso-Japonesa llegó a su fin y las tropas rusas que permanecieron en Harbin anhelaban un consuelo espiritual tras las dificultades y horrores propios del conflicto. Para reconfortar los ánimos de estos soldados, las autoridades militares rusas ordenaron la construcción de una sencilla iglesia ortodoxa dos años luego del fin de la guerra. Gracias al apoyo financiero de un comerciante ruso, la iglesia de madera fue ampliada durante el curso del primer año, y en las dos décadas posteriores se siguió ampliando hasta convertirse en la iglesia ortodoxa más grande en el Lejano Oriente tras la conclusión de las obras en 1932. Fue llamada Catedral de Santa Sofía.

 

La Catedral de Santa Sofía se caracteriza por su tradicional estilo bizantino, con una cúpula verde oscuro sobre la nave central y elegantes campanarios que flanquean la edificación. A distancia, la catedral, hecha sobre la base de ladrillos y madera, resalta por su grandeza y solemnidad, mientras que de cerca, se pueden observar intrincados detalles. Al igual como ocurre con otras iglesias, la Catedral de Santa Sofía se ha convertido en el hogar predilecto para las palomas que revolotean por la cúpula, y que luego se acercan a las personas cada vez que atisban comida.

 

En la actualidad, ya no se ofrecen servicios religiosos en la Catedral de Santa Sofía, sino que funciona como monumento histórico y arquitectónico, pero en el pasado, el recinto también sirvió como depósito para los Grandes Almacenes n.º 1 de Harbin.

 

Al sur de la Catedral de Santa Sofía, en la calle Jihong, hay una vieja iglesia en ruinas llamada Iglesia Ortodoxa del Ícono Sagrado Iveron, escondida en un callejón. Originalmente también fue un lugar de culto para el ejército ruso, pero a diferencia de la bien conservada Catedral de Santa Sofía, esta fue dañada con el paso del tiempo. Junto a ella se mantiene erguido un orfanato, que con sus elegantes cúpulas, finos tallados en ladrillo y coloridos mosaicos en su entrada, aún revela sus glorias arquitectónicas pasadas.

 

La solemne calle Dongdazhi, que se extiende desde la Plaza del Museo, alberga la mayoría de los edificios religiosos de Harbin, algunos de los cuales todavía se utilizan con fines religiosos. Cuando los emigrantes rusos partieron, el número de creyentes ortodoxos disminuyó considerablemente en Harbin, por lo que en la actualidad, la Iglesia de Protección de la Virgen es la única donde aún se ofrecen servicios religiosos ortodoxos orientales. La adyacente Iglesia Ortodoxa de Asunción de la Virgen ahora sirve como sala de exposiciones de un parque, la Iglesia Ortodoxa de San Alekseyev en la cercana calle Shike se convirtió en una iglesia católica en la década de 1980, y la Catedral del Sagrado Corazón de Harbin es un templo católico polaco que está frente a otra iglesia de denominación luterana.

 

Por último, al final de la calle Dongdazhi se encuentra el templo budista chino Jile construido en la década de 1920, que se ha convertido en un importante lugar de peregrinación.
La avenida Central de Harbin está flanqueada por frondosos árboles.

 

 

Pequeña París del Este

 

Ubicada en una esquina bastante tranquila de la avenida Central, se encuentra una apartada mansión amarilla desvaída cuyas paredes están cubiertas de enredaderas. Unas pocas sillas pequeñas están dispuestas frente al edificio, escondidas debajo de las enredaderas contra un fondo de placas, puertas y marcos de ventanas de color verde oscuro que crean un ambiente poco pretencioso. La ventana está decorada con utensilios rusos, y en la placa se lee: Rusia Coffee & Food. Con una decoración sencilla pero digna de muebles, fotografías y cámaras de antaño, al atravesar la puerta de la tienda se revive la nostalgia del pasado.

 

Más al sur, la tranquila calle Huayuan (“jardín”, en español), que intersecta con la calle Gogol, sirvió como sede de varios consulados extranjeros en Harbin. Asimismo, albergó el complejo de residencias de los empleados del Ferrocarril Oriental de China, del cual derivan su marcado estilo ruso y los jardines que le han dado el nombre a la calle.

 

Harbin es una ciudad ideal para recorrer a pie, mientras se observan todos los detalles de la arquitectura y el entorno al son de melodías de piano y canciones que se cuelan desde cafeterías e iglesias. Desde el punto de vista de su fundación, Harbin es una ciudad bastante joven que carece de una muralla defensiva a su alrededor, lo cual refleja su espíritu inclusivo.

 

Que Harbin sea o no la “Pequeña París del Este” no es de importancia, ya que la ciudad tiene méritos por sí misma y tiene abiertas sus puertas a cualquiera que desee visitarla.

 

 
 
*Xu Yang es un escritor independiente.

 

Compartir con:
Editor: Wu Wen Da-->

Copyright © 1998 - 2016

今日中国杂志版权所有 | 京ICP备:0600000号