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Evitar el enfrentamiento

Source:China Hoy Author:AUGUSTO SOTO
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2 de junio de 2019. La Oficina de Información del Consejo de Estado presenta el libro blanco titulado “Posición de China sobre Consultas Económicas y Comerciales China-EE. UU.” en una conferencia de prensa.

La cumbre del G20 podría ser una ocasión para acordar una continuación de las negociaciones entre China y EE. UU., un proceso del que depende el progreso mundial

Durante estas últimas semanas, como consecuencia de las amenazas trumpistas, Google anunció que no colaboraría con Huawei. Muchos analistas han especulado con un desencuentro similar a la Guerra Fría. Esto es, con una divisoria del mundo que a quienes nos tocó vivirla no desearíamos revivir. Porque esta vez, si se desencadenara un conflicto comparable se reflejaría inmediatamente en el progreso y el nivel de gran parte del mundo. En los años ochenta, en el cénit de la Guerra Fría, el comercio entre EE. UU. y la Unión Soviética alcanzaba los 2.000 millones de dólares anuales; hoy, el comercio entre China y EE. UU. alcanza esa cifra diariamente. China representa el 20% del PIB mundial y es el primer socio comercial de más de 120 países. El mensaje actual de China a la comunidad internacional es que es flexible para negociar, pero que defenderá sus intereses fundamentales.

Una explicación

A falta de una explicación parcial o coherente del Washington de Trump, el Gobierno chino presentó el 1 de junio el libro blanco titulado “Posición de China sobre Consultas Económicas y Comerciales China-EE. UU.”. En él se detallan los daños originados por las fricciones comerciales manifiestamente impulsadas por EE. UU., sus vaivenes negociadores que han derivado en la regresión en el proceso de consultas, y la disponibilidad china para seguir participando en conversaciones bilaterales fiables, en base a principios que Beijing considera irrenunciables, como la igualdad y el beneficio mutuo. Durante la presentación del libro blanco el viceministro chino de Comercio, Wang Shouwen, clarificó que Beijing está convencido de que la administración estadounidense ha manipulado el déficit comercial y la propiedad intelectual para azuzar fricciones e imponer más aranceles a China, obligándola a adoptar medidas para defender sus intereses. En verdad Beijing destaca que Washington pone en riesgo los intereses de ambos países y del resto del mundo, ignorando la búsqueda de una ganancia compartida más propia del marco de cooperación económica y comercial al uso entre países. En junio de 2019 es evidente que las carencias de forma y fondo de la administración Trump han desencadenado un incremento del proteccionismo, posibilitando un efecto dominó porque el conflicto se traslada a la vez hacia varios países y sin fin previsible. O sea, una coyuntura peligrosísima que ha llevado a que el director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Roberto Azevedo, la calificase como la más sombría para el comercio mundial desde 1947.

Lecciones históricas

Conviene recordar que periódicamente Washington ha singularizado al país percibido como amenazante para su hegemonía. Y se ha propuesto retrasarle en la medida de lo posible, sin importar si era aliado o no. En los años ochenta Washington temió el ascenso de la economía japonesa, que se acercaba a la de Estados Unidos. Stephen S. Roach, un economista norteamericano con gran experiencia en Washington y en el sector privado al máximo nivel, y testigo directo del caso, ha recordado recientemente que Tokio fue acusado entonces en términos similares a como se señala a China actualmente. O sea, de promover un gran déficit comercial bilateral, manipular su moneda, robar propiedad intelectual, patrocinar una política industrial estatista y de debilitar la potencia manufacturera estadounidense. Japón cedió, discontinuando su genuina senda de desarrollo y a continuación sufrió casi tres décadas de estancamiento económico. Más allá de este testimonio, se puede agregar que con Rusia el resultado también tiene un punto comparable. Tras colapsar la Unión Soviética, Washington procuró promover (en un Moscú entonces con las puertas abiertas) un modelo económico disfuncional para Rusia, que en los hechos contribuyó a su mayor declive y retraso con respecto a EE. UU. Así, Beijing se guía por su experiencia y también por la de sus vecinos en enfrentamientos recientes con la potencia hegemónica. En el libro blanco publicado el 1 de junio y citado al inicio, Beijing constata que en las negociaciones bilaterales ahora interrumpidas “cuanto más se ofrece al Gobierno de los Estados Unidos, más quiere”.

Conflictos

En abril, en un encuentro público, el expresidente Jimmy Carter, a quien correspondió normalizar la relación con Beijing en 1979, recordó que desde entonces China no se ha visto envuelta en ningún enfrentamiento armado, a diferencia de EE. UU., que, según él, en este lapso habría despilfarrado cerca de 3 billones de dólares en guerras alrededor del mundo. Carter ha recordado que el gasto ha sido a expensas del desarrollo de las infraestructuras que requiere su propio país, mientras China ha estado invirtiendo sus recursos en desarrollo interno y hoy cuenta con la red ferroviaria de alta velocidad más importante del mundo. Carter concluyó que considera a EE. UU. como la nación más guerrera en la historia de la humanidad “debido a su deseo de imponer valores norteamericanos a otros países”.

El ejemplo más actual de esa hegemonía que con Trump ha adquirido aspectos esperpénticos es el afán de evitar que Europa tenga una industria de Defensa autónoma y con proveedores propios. Es una pulsión hegemónica que recuerda la visita del pasado abril del secretario de Estado, Mike Pompeo, a Sudamérica, donde advirtió amenazante de la presencia allí de Huawei. En fin, lo anterior, sumado a la más reciente insistencia de la administración Trump en el reforzamiento del muro fronterizo Sur y su amenaza de imposición de nuevos aranceles a México representa más peligro de despilfarro económico y de tiempo (incluso para el propio EE. UU.) y para el mundo.

Codicia y bienestar

Otro reputado economista norteamericano, Jeffrey Sachs, asesor del secretario general de Naciones Unidas, ha recordado hace pocos días en un artículo para la cadena CNN la extensión de la codicia en su país. Según él el capitalismo estadounidense se ha apartado del espíritu cooperativo, y esta injusticia interna inflama los conflictos comerciales de Estados Unidos. Y esto es así porque los líderes empresariales y las grandes fortunas norteamericanas impulsan los recortes de impuestos, promueven más monopolios y deslocalización y rechazan políticas socialmente más justas. Según Sachs, “la verdadera batalla no debiera ser con China, sino con las gigantescas compañías de Estados Unidos”. De todo lo anterior se concluye que si EE. UU. utilizase mejor sus recursos, tendría una mayor calidad de vida, acorde con su reciente pasado. Porque desde hace 20 años EE. UU. muestra (pese a su vitalidad tecnológica) un alarmante estancamiento de su esperanza de vida. Y tanto si la comparamos con el promedio de los países de la OCDE o con China, a la que iguala en este indicador, y que en un caso específico notable supera en 5 años. Efectivamente, hoy en Beijing la esperanza de vida es de 82 años y en Washington, 77. En tanto, en el hemisferio americano (en este mismo indicador) actualmente EE. UU. está rezagado respecto de cuatro países.

A fines de junio se celebrará la cumbre del G20 en Osaka. Podría ser una magna ocasión para reencontrarse y acordar una continuación de las negociaciones, como parte de un proceso del que depende en gran medida el progreso mundial. Las puertas no están cerradas, recordaba hace una semana el viceministro chino de Comercio, Wang Shouwen. Para China, dijo, “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.

*Augusto Soto es director de Dialogue with China Project.

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Editor: Wu Wen Da-->

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