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China y la UE:¿rivalidad o cooperación?

Source:China Hoy Author:MARCELO MUÑOZ*
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Nos guste o no, nos produzca admiración, recelo, desasosiego o rechazo a los occidentales, el indiscutible crecimiento de China nos cuestiona “el orden establecido”, que es, básicamente, occidental. Y descubrimos que nosotros solo somos una parte pequeña del mundo, que hay otros mundos, que dos de cada diez habitantes del mundo son chinos, otros dos son indios y otros dos africanos; los otros dos son el resto de Asia, toda América, toda Europa y Oceanía; y, en otro cómputo comparativo, 6 de cada diez habitantes del mundo son asiáticos.

 

1 de julio de 2020. Un tren China-Europa pasa por la liga Xilin Gol, en la región autónoma de Mongolia Interior.

 

Una visión occidental

 

Pero seguimos pensando que todo es Occidente, que nuestra cultura es “la cultura”, que nuestra civilización es “la civilización”, que nuestros valores son “los valores universales”. Cuando con frecuencia mencionamos en nuestros medios “la más guapa del mundo”, “lo más avanzado del mundo”, pensamos en nuestro pequeño mundo rico, guapo y avanzado... ¡que representa solo el 14 % del mundo!

 

Esta visión occidental se basa, en gran medida, en que venimos dominando el mundo durante los cinco últimos siglos y que nuestros dos imperios anglosajones, británico y estadounidense, han sido y siguen siendo la expresión de esa visión occidental, que se transmite de generación en generación, desde nuestras universidades, escuelas de negocios, centros de pensamiento, e incluso desde las iglesias y nuestras familias.

 

Y esa visión occidental, ese poder dominante, nos ha dado derecho pretendidamente a lo largo del último siglo, tras la emancipación inevitable del mundo colonizado y sus tremendas secuelas, a forjar el “orden establecido”, a modular la “comunidad internacional” y sus organismos, como el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, los tribunales internacionales, las agencias de calificación económica-financiera, es decir, a forjar toda una arquitectura institucional conforme a nuestros parámetros. Aunque, eso sí, dejando un pequeño hueco de participación a “los otros”; por ejemplo, el poder de voto efectivo en el FMI de China es equivalente al de Bélgica, y podemos encontrar otros muchos ejemplos similares. Ello nos permite añadir el título de “internacional” a todos esos organismos. Como ejemplo paradigmático está, en otro orden, el de la Estación Espacial “Internacional”, de la que fue excluida expresamente China.

 

Esa visión occidental, o poder dominante, parece que también nos da derecho a ignorar, no valorar o no reconocer a otros organismos de la comunidad internacional, como la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN)-China, la Organización de Cooperación de Shanghai –cada una con más de 3000 millones de ciudadanos–, el Foro China-África –2500 millones–, el BRICS y su Banco (todos los emergentes), el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, el Foro Boao, entre otros. Ignoramos todas esas “otras” instituciones internacionales, o no las valoramos simplemente porque en ellas no estamos los occidentales.

 

A pesar de todo ello, China quiere sumarse a esa comunidad internacional institucionalizada, acepta ese “orden establecido”, pero reclamando mayor participación en él, y simultáneamente promoviendo o colaborando en otros organismos multilaterales hacia un “nuevo orden”.

 

10 de junio de 2020. Evento promocional organizado por la nueva área de Liangjiang, en Chongqing, en el que más de 50 empresas e instituciones de Alemania, Francia, España, Italia y otros países se reúnen para dialogar sobre la cooperación y buscar oportunidades de negocios.

 

Un diálogo entre la UE y China

 

Estados Unidos ha optado por el nacionalismo y el bilateralismo, renunciando al liderazgo global, sustentado por presiones y sanciones. Es difícil, por tanto, que aporte algo a la inclusión de China en el tablero internacional. Más bien, al contrario, está desarrollando todas las batallas posibles contra China, tanto económicas como tecnológicas y políticas, y solo se mueve en la dinámica de rivalidad estratégica.

 

Europa, evidentemente, ya no es el eje del mundo, como lo fue durante varios siglos. Incluso, el eje atlántico Estados Unidos-Europa Occidental ya no tiene la fuerza que pudo tener en la Guerra Fría frente a la URSS. Sin embargo, la Unión Europea es una potencia imprescindible para un nuevo orden mundial por muchas y sólidas razones, y puede, y debe, aportar a ese nuevo orden mundial su indudable peso, y sobre todo los grandes valores que están en su origen y su desarrollo.

 

Es evidente, pues, que necesitamos que la Unión Europea y China se entiendan y colaboren a ello. Mucho más cuando Estados Unidos ha dimitido del multilateralismo y de la aspiración a una gobernanza global. Sin embargo, para el entendimiento y la colaboración profunda entre China y la Unión Europea, nos encontramos con algunas serias dificultades.

 

En el documento conjunto del Parlamento, Comisión y Consejo Europeo “EU-China. A strategic outlook”, de marzo de 2019, se habla de “rivalidad sistémica” y ello ha dado pie a los líderes europeos más recelosos con el crecimiento de China, o a los más vinculados al bloque Atlántico, a subrayar una supuesta incompatibilidad insalvable entre la Unión Europea y China. Y, efectivamente, el sistema político de China es formalmente distinto al de la Unión Europea y, en ese aspecto, pudieran ser considerados como dos sistemas políticos rivales. No obstante, el documento desarrolla todas las posibilidades de colaboración, cooperación, sinergias que existen inequívocamente con China y dedica a ello 11 páginas analizando todos los aspectos, formas y niveles en que la colaboración puede desarrollarse y ser beneficiosa para ambas y para el resto del mundo, por encima de las discrepancias, incluso conflictivas, que dificultan la colaboración y que pueden solventarse mediante el diálogo y la negociación.

 

Hay, sin duda, discrepancias políticas que dificultan el diálogo y la cooperación, como se ha manifestado en la última Cumbre Unión Europea-China, pero también por desacuerdos en relación, por ejemplo, con la nueva ley de seguridad nacional china. Discrepancias similares van a aflorar siempre entre dos sistemas distintos, entre los que, sin embargo, cabe la colaboración, el diálogo y las sinergias si prevalece el respeto a la soberanía de cada Estado, junto con el principio de la no injerencia en los asuntos internos del otro, lo cual parece que a los europeos, tras siglos de dominio global, nos cuesta un especial esfuerzo y tendemos a dictar condiciones o exigencias a los otros, pero iremos asumiéndolo.

 

Hoy es evidente que no existe un solo país que ejerza el liderazgo global, tan necesario en la actualidad. Un liderazgo global compartido como el G20, todavía sin estructura institucional y política ni consenso entre los partícipes, aún está inmaduro. Un liderazgo chino no es aún admitido en Occidente, ni China quiere asumir ese papel de manera unilateral. China apuesta por la cooperación internacional. El resto de países emergentes carecen aún de peso para ello. Un liderazgo de la Unión Europea requeriría que esta fuera de verdad una unión política.

 

Podría constituirse un liderazgo bipolar, para el que es imprescindible que la Unión Europea y China encuentren su vía propia de colaboración y diálogo permanentes, basados en el reconocimiento de los valores universales que ambas potencias pueden defender.

 

 
 
*Marcelo Muñoz es presidente fundador de Cátedra China y decano de los empresarios españoles en China.

 

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Editor: Wu Wen Da-->

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