| Cultura |
| Comer en los museos | |
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EN los últimos años, en los museos de toda China han empezado a abrir cafeterías, convirtiendo la experiencia de ir a comer a los museos en una tendencia cada vez más popular entre los jóvenes. Así, mientras unos disfrutan de un menú de carne y verduras por 22 yuanes, equivalentes a 3 dólares, en el Museo Provincial de Liaoning, en Shenyang, otros optan por un plato de fideos de res en el Museo Provincial de Hubei, en Wuhan, o prefieren saborear auténticos khoomei, empanadillas al vapor rellenas de carne, en el Museo de Mongolia Interior, en Hohhot. La experiencia museística ya no se limita únicamente a la contemplación de las piezas, sino que incorpora también una dimensión gastronómica. En consecuencia, las cafeterías se han convertido en paradas imprescindibles dentro del recorrido por los museos.
25 de noviembre de 2025. Visitantes comen en la cafetería del Museo de Chengdu, provincia de Sichuan. VCG Responder a una necesidad El auge de esta tendencia está estrechamente vinculado a la propia naturaleza de la visita a los museos, ya que las grandes colecciones requieren varias horas de recorrido y, en ese tiempo, los visitantes suelen abrir el apetito. Wu Liyun, profesora en turismo de la Academia China de Cultura y Turismo de la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing, señaló que la disponibilidad de una comida caliente dentro del museo responde a una necesidad real del público, en declaraciones a la Agencia de Noticias Xinhua. Según explicó, la aparición de cafeterías en los museos permite resolver una necesidad básica de alimentación para los visitantes que dedican varias horas a recorrer las exposiciones. La asequibilidad es otro de los factores que explica la popularidad de esta tendencia. Zhao Xiaofeng, director del Departamento de Desarrollo de Productos Culturales y Creativos del Museo de Mongolia Interior, señaló a la Agencia de Noticias Xinhua que los precios razonables resultan especialmente atractivos para el público joven. A modo de ejemplo, el Museo de Sichuan ofrece platos caseros de la gastronomía local desde 3 yuanes, equivalentes a 0,4 dólares, y fija un precio máximo de 12 yuanes, es decir, 1,7 dólares, para los platos de carne, mientras que el Museo Provincial de Anhui pone a disposición menús combinados, con dos platos de carne y dos de verduras, por menos de 30 yuanes, unos 4,3 dólares. La experiencia gastronómica en los museos ha dejado de ser una simple necesidad alimentaria y se ha convertido en una vía de inmersión cultural, en sintonía con el interés de las generaciones más jóvenes por la novedad y por experiencias fáciles de compartir. Las piezas más emblemáticas de los museos están siendo reinterpretadas de forma ingeniosa como arte culinario. Para muchos visitantes, resulta especialmente atractivo descubrir que pueden consumir referencias culturales después de contemplarlas, ya que reliquias con miles de años de historia se transforman en pasteles, café, fideos o huevos braseados. El Museo de Yinxu, ubicado en Anyang, en la provincia de Henan, es un claro ejemplo de este despliegue creativo. Dentro del propio museo, el restaurante Zixiang ofrece un plato singular: los fideos de escritura oracular, en los que cada tira se ilustra con tinta negra de calamar reproduciendo expresiones auspiciosas de la escritura antigua, como deseos de buena fortuna, éxito, salud o paz. De este modo, cada bocado se convierte en una experiencia interactiva y casi lúdica, impulsando las ventas durante fines de semana y festivos hasta alcanzar entre 500 y 600 raciones diarias. El museo debe su nombre a las cercanas ruinas de Yin, incluidas en el patrimonio cultural mundial por la Unesco. El museo tiene como objetivo dar a conocer la historia y cultura de la dinastía Shang (1600–1046 a. C.) y alberga una colección de más de 4000 piezas de la Edad del Bronce, entre las que destacan objetos de dicho material, cerámica, vasijas de jade e inscripciones sobre huesos oraculares. El Museo Provincial de Hubei ofrece fideos de res bianzhong, caracterizados por un huevo braseado, moldeado y cocido al vapor para reproducir la forma de las emblemáticas campanas antiguas bianzhong del museo. El Museo Provincial de Liaoning ofrece un pastel mousse, que destaca por su textura ligera y cremosa, inspirada en un jarrón esmaltado, con forma de granada, de la época de Yongzheng (1678–1735), de la dinastía Qing (1644–1911). Además, su presentación reproduce con gran fidelidad la apariencia de la pieza cerámica original.
Fotos de fideos de escritura oracular del Museo de Yinxu, pastel de mousse en forma de granada del Museo Provincial de Liaoning y fideos con res con campanas del Museo Provincial de Hubei en la aplicación de estilo de vida y comercio electrónico RedNote. RedNote Más cerca del público La apertura de cafeterías dentro de los museos no solo satisface la demanda del público, sino que también obedece a una reflexión profunda sobre el propio desarrollo sostenible de estas instituciones. Se trata de un ejemplo de transformación innovadora de los espacios culturales. En un contexto en el que las opciones de ocio del público son cada vez más diversas, como los centros comerciales, las cafeterías y las salas de cine, la competencia por captar la atención es cada vez mayor. En este escenario, los museos que dependen únicamente de sus exposiciones encuentran crecientes dificultades para mantener el interés de los visitantes. La adopción del modelo de cafetería representa un intento de los museos por acercarse al público y lograr que estos espacios se integren en la vida cotidiana. De este modo, los museos aspiran a consolidarse como espacios culturales vivos, y no únicamente como lugares de visita ocasional. Zhong Ling, vicedirectora del Museo de Sichuan, señaló a la Agencia de Noticias Xinhua que una oferta gastronómica asequible anima a más personas a visitar el museo y prolonga la estancia media entre una hora y media y dos horas y media. Este mayor tiempo de permanencia permite a los visitantes recorrer más salas de exposición y participar en actividades culturales, lo que contribuye a profundizar su comprensión de las muestras del museo. Como ejemplo, explicó que algunas zonas de la cafetería se complementan con salones de té y espacios de lectura, lo que permite a los visitantes tomar té, leer o participar en talleres de patrimonio cultural inmaterial y conferencias gratuitas después de la comida. De este modo, se configura una experiencia integral que articula la visita a las exposiciones, la gastronomía, el ocio y la interacción social. Además de los visitantes tradicionales, las cafeterías atraen a numerosos residentes locales que, en un principio, no tenían previsto recorrer las exposiciones. Estos nuevos perfiles, que en muchos casos acuden únicamente para comer, terminan a menudo visitando las salas del museo, lo que contribuye a ampliar su base de público. Un ejemplo de ello son los fideos de res con campanas del Museo Provincial de Hubei, cuya popularidad no solo ha incrementado el consumo en la cafetería, sino que también ha motivado a muchos visitantes a adentrarse en las salas de exposición para conocer la historia de las piezas asociadas. No obstante, el aumento significativo del número de visitantes asociado a la popularidad de las cafeterías también plantea nuevos retos para la gestión diaria de estas instituciones. Por un lado, las filas en las cafeterías pueden generar congestión dentro del recinto y afectar al flujo normal de las visitas; por otro, un mayor volumen de público ejerce una presión adicional sobre la protección de las piezas y el mantenimiento de las condiciones de higiene. En respuesta a estos desafíos, museos de todo el país han adoptado diversas medidas. El Museo de Mongolia Interior promueve la reserva en línea para su cafetería con el fin de reducir las aglomeraciones durante las horas punta. Por su parte, el Museo de Sichuan ajusta de forma flexible la disposición de mesas y sillas temporales en el área ajardinada exterior según el flujo de visitantes, al tiempo que refuerza el personal de limpieza para garantizar las condiciones de higiene. También existen preocupaciones acerca de que el ambiente animado propio de un restaurante pueda menoscabar la tranquilidad y la solemnidad que se espera de un museo, haciendo que la visita derive en una experiencia cultural excesivamente comercial o superficial. Frente a esta visión, Wu Liyun sostiene que la clave reside en que los museos establezcan una distribución racional de las áreas de restauración y de exhibición, de modo que ambas funciones coexistan sin interferencias. |
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