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| El pueblo brasileño encuentra al pueblo chino | |
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EL lanzamiento de la edición china de El pueblo brasileño, de Darcy Ribeiro, es un acontecimiento de suma importancia para el fortalecimiento de la amistad entre los pueblos de Brasil y China. Se trata de dos países cuyas relaciones bilaterales han logrado un gran avance en el ámbito económico, pero que podrían haber llegado más lejos si estos pueblos se conocieran mejor entre sí.
La edición china de El pueblo brasileño: La formación y el sentido de Brasil publicada por Blossom Press. La evolución del pensamiento brasileño Confieso que me molesta mucho entrar en una librería china y darme cuenta de que casi toda la bibliografía disponible sobre Brasil y otros países del Sur Global ha sido escrita por autores de los países que en su día nos colonizaron o que hoy buscan colonizarnos. En 2024, año en que se cumplieron cinco décadas de relaciones diplomáticas entre Brasil y China, celebré la reedición de la versión china de Raíces de Brasil, de Sérgio Buarque de Holanda, un clásico del pensamiento brasileño publicado en una época en la que muchos intelectuales, impulsados por el movimiento modernista de la década de 1920, se sentían tentados a explicar Brasil. No obstante, la inspiración surgía solo tras la experiencia de vivir en el extranjero y bajo la influencia teórica de autores foráneos. Paulo Prado, quien publicó Retrato de Brasil en 1928, tenía un vínculo muy fuerte con Europa, especialmente con Francia, de donde trajo los fundamentos teóricos de su obra. En ella explica a Brasil como la mezcla de tres razas tristes: el indígena que perdió su tierra, el europeo condenado al exilio y el negro alejado de su tierra y su familia para ser esclavizado en una tierra lejana. Al año siguiente, Gilberto Freyre publicó Casa-Grande y Senzala bajo la influencia de Franz Boas, a quien había conocido durante sus estudios en Estados Unidos. Freyre cuestionó la atribución de patrones de comportamiento como características inmutables de la raza, demostrando que eran fruto de la cultura y, por lo tanto, moldeables. Durante los años que pasó en Berlín como corresponsal de Diários Associados, Sérgio Buarque de Holanda conoció las ideas de Max Weber y las aplicó a Brasil, considerando la relación entre los espacios público y privado como la clave interpretativa para comprender la sociedad brasileña. Es con Celso Furtado, un autor más reciente, cuando la búsqueda de una teoría sobre Brasil vuelve a avanzar, lo que refleja la maduración del mundo académico brasileño. Recurre al estructuralismo latinoamericano y a la teoría de la dependencia, en su vertiente crítica, sin dejar de lado las tesis de autores europeos como Marx, Keynes y Perroux.
9 de abril de 2026. Foto grupal de los invitados de la ceremonia de publicación de la edición china de El pueblo brasileño: La formación y el sentido de Brasil. Fotos de Wei Yao Una teoría propia para unir a dos pueblos hermanos Darcy Ribeiro sigue un enfoque diferente al escribir El pueblo brasileño. En primer lugar, en vez de basarse en tesis importadas, dedicó su vida al desarrollo de una teoría sobre Brasil fundamentada en la propia experiencia histórica de su pueblo. En segundo lugar, vivió toda su vida en América Latina, a diferencia de los intelectuales de los años 1920 y 1930, que mantenían vínculos con Estados Unidos y Europa. En tercer lugar, el autor se propuso explicar la historia de Brasil en una época más reciente, utilizando datos y métodos de análisis que no estaban al alcance de sus predecesores, y abordando, de manera pionera, temas como la dictadura militar (1964-1985), el movimiento sindical y la irrupción de las multinacionales extranjeras en la escena política brasileña. En cuarto lugar, El pueblo brasileño es el fruto del trabajo de toda una vida. Darcy Ribeiro volcó en este libro toda su excelencia académica y su fascinante historia personal, pero, sobre todo, puso en él el inmenso amor que sentía por su pueblo, lo que convierte a esta obra en un gesto de lucha por un Brasil mejor. Sin embargo, dado que este libro está escrito para los brasileños, ¿qué sentido tiene ponerlo a disposición del lector chino? Los pueblos de Brasil y China son hermanos, y el libro China en Brasil, de José Roberto Teixeira Leite, nos revela cuán profunda fue la influencia cultural china en el Brasil colonial: los barcos que llegaban de Macao traían todo tipo de productos de China, lo que influyó en la etiqueta, la vestimenta y el mobiliario brasileños. Fue solo en el Brasil monárquico cuando la clase dirigente inició una conversión casi forzada del país a la cultura occidental: era necesario adoptar costumbres europeas para “mejorar la raza”. En cuatro décadas, casi todo el legado chino en la formación de la sociedad brasileña quedó borrado de manera sumamente eficaz. Darcy Ribeiro es quien denuncia a esa clase dirigente exógena e infiel a su pueblo, que condena a Brasil a la ;">Además, al presentar elementos clave para comprender la formación étnico-cultural y el desarrollo de Brasil, el libro invita al lector chino a reflexionar sobre su propia realidad. El concepto de “cuñadismo” —proceso de inclusión social del forastero a través del matrimonio— revela una sociedad estructurada en torno a los lazos de parentesco, mientras que la distinción que Darcy Ribeiro establece entre la estética barroca de América Latina (mestiza y fusionista) y la estética gótica de la América anglosajona (rígida y segregacionista) pone de manifiesto las diferentes matrices que moldearon las dos Américas. Brasil se basa, por lo tanto, en un cuñadismo barroco, en el que el mestizaje a través del matrimonio se valora culturalmente y es casi un imperativo de integración. China, por su parte, ha practicado históricamente un cuñadismo más restrictivo, en el que el matrimonio es la vía que integra al forastero en la comunidad y define su lugar social, pero opera con la rigidez de quien, aunque tolera la mezcla, mantiene la preservación de su núcleo identitario. Por su parte, el concepto de “no ser nadie” pone de manifiesto una diferencia fundamental entre ambos pueblos: mientras que el brasileño proviene de una masa a la que se le negó una identidad y, por eso, tuvo que crear la suya propia, China se enorgullece de ser una de las civilizaciones más antiguas del mundo y, por eso, es extremadamente selectiva en la incorporación de elementos externos a su cultura. Darcy Ribeiro también nos presenta un país compuesto por diferentes “Brasiles” que comparten una base cultural común, pero que se expresan de formas diversas. Esa unidad en la diversidad le resulta familiar al pueblo chino, que se enorgullece de pertenecer a un país profundamente colorido, con 56 etnias y un rico mosaico de tradiciones regionales. Pero al mirar a Brasil, muchos chinos siguen viéndolo en blanco y negro, lo que puede explicarse, en parte, por el hecho de que la literatura sobre Brasil —y sobre América Latina en general— disponible en China suele presentar visiones estereotipadas y simplificaciones burdas. Por eso es tan importante la publicación de este libro en chino. De entre todas las obras que intentan explicar Brasil, esta es, sin duda, la que más “brasilidad” encierra, llenando así un gran vacío en el mercado editorial chino. Espero que esta obra se popularice en las bibliotecas y universidades chinas y sea objeto de un estudio y un debate exhaustivos, pues solo así podrá servir de puente que una a los pueblos de Brasil y China en la construcción de la comunidad de futuro compartido. *Rafael Henrique Zerbetto es periodista del Centro para Asia-Pacífico del Grupo de Comunicaciones Internacionales de China. |
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