Sociedad
El Nobel que llegó tarde
2026-06-01    Fuente: Centro para las Américas    Autor: FERNANDO CAPOTONDO*

 

9 de mayo de 2026. Ganador del premio Nobel de Literatura chino, Mo Yan, durante su presentación como invitado especial en el marco de la 50.ª Feria Internacional del Libro (FIL) de Buenos Aires, Argentina. Xinhua 

MO Yan visitó por primera vez Buenos Aires y los argentinos lo trataron como una estrella de rock. Admitió que no comprendía cosas de Borges y sorprendió al hablar de fútbol en la tierra de Maradona y Messi. Su sencillez cautivó a todos. Apenas apareció en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2026, el público empezó a abrirle camino como suele ocurrir con esas celebridades que convocan multitudes. Algunos levantaron los celulares para fotografiarlo. Otros aplaudieron mientras avanzaba a paso lento, rodeado por colaboradores, su esposa y su hijo. El hombre que caminaba entre cientos de lectores llevaba una campera inflada celeste, bufanda, pantalón oscuro y una gorrita con visera que no abandonó durante casi toda su estadía. Resultaba difícil asociar esa imagen con la solemnidad que suele rodear a los premios Nobel de Literatura. 

 

9 de mayo de 2026. Mo Yan (centro), premio Nobel de Literatura chino, durante su presentación como invitado con Ezequiel Martínez (izq.), director de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Buenos Aires, y Alejandro Vaccaro (der.), director de Cultura de la Fundación El Libro, en el marco de la 50.ª FIL de Buenos Aires, Argentina. Xinhua 

Enamorándose de Buenos Aires 

El escritor chino llegó el jueves 8 de mayo después de un largo viaje desde Beijing, con una breve escala en Madrid. Quienes organizaron su visita habían previsto alojarlo en un lujoso hotel de la capital argentina, pero el escritor pidió otra cosa. Prefirió quedarse en un lugar más sencillo, un gesto coherente con su decisión de viajar en clase turista, pagarse su propio pasaje y no aceptar honorarios por las conferencias que ofreció, según reveló uno de sus anfitriones, el director de cultura de la Fundación El Libro, Alejandro Vaccaro. 

Su austeridad no fue una pose. Durante las actividades que compartió con funcionarios argentinos y  diplomáticos de la embajada china, mantuvo la misma naturalidad con la que caminó por las calles porteñas o se detuvo a conversar con lectores que conocían su obra a través de los pocos libros traducidos al español que pueden encontrarse en las librerías argentinas. 

Al día siguiente salió a recorrer el barrio de Recoleta, una de las zonas más tradicionales de Buenos Aires, donde visitó el histórico café La Biela y descubrió las esculturas de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares sentados en una mesa, reproduciendo una imagen habitual de los años en que ambos escritores frecuentaban el lugar. Mo Yan se acercó y apoyó las manos sobre las de Borges. “Sentí en mis manos el calor de las suyas”, confesaría luego. 

El recorrido todavía guardaba otra escena cultural. Después de visitar el cementerio de Recoleta y detenerse frente a las bóvedas de Bioy, de la familia Borges, de Eva Perón y de Domingo Faustino Sarmiento, caminó hasta el Museo Nacional de Bellas Artes. Allí lo esperaba Andrés Duprat, director de la institución y guionista de la película argentina El ciudadano ilustre. Cuando Duprat mencionó casi al pasar su participación en el film, Mo Yan levantó la vista y respondió con una sonrisa breve. “Vi esa película”, le dijo. Otra sorpresa. 

En el Teatro Colón, en uno de los edificios más emblemáticos de Buenos Aires, fue distinguido como “Huésped de Honor de la Ciudad”. En ese ámbito casi de etiqueta, habló apenas unos minutos y consiguió algo poco frecuente en actos protocolares. Hizo reír al público. “La primera impresión que tuve al llegar a la Argentina, y que quiero decirles, es que llegué tarde”, dijo apenas tomó el micrófono. Después miró alrededor y agregó que debería haber visitado el país mucho antes. Entonces empezó a agradecer, a Borges, a Julio Cortázar y a los escritores argentinos que habían influido en generaciones enteras de lectores chinos. Pero de pronto el discurso giró hacia un territorio inesperado, mucho más emocional para los argentinos. “También gracias a Diego Maradona y a Messi, que han traído tanta alegría a todo el público del mundo”. 

Una sala que estalla en aplausos 

El fútbol terminó de romper cualquier formalidad. Entonces recordó cuando estuvo en Brasil durante la final del Mundial de 2014 y alentó por Argentina. “Crucé los dedos para que ganara”, contó entre risas. Después celebró el título mundial conseguido años más tarde y deslizó un deseo que sonó imposible incluso para él mismo. “Espero que algún día la selección china pueda jugar contra la selección argentina”, señaló. Apenas terminó el acto, uno de los asistentes le regaló un sticker de Diego Maradona con la camiseta de Boca Juniors y la frase “Diego Vive”, que se encargó de explicarle Sun Xintang, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing, que ofició de traductor de lujo durante toda la visita. 

Mo Yan guardó el souvenir maradoniano entre sonrisas, como un recuerdo inesperado de Buenos Aires. 

En la Feria Internacional del Libro el entusiasmo alrededor de su figura tuvo otra dimensión. Su charla pública convocó a cientos de personas, que se acercaron por distintos caminos. Muchos lectores conocían Sorgo rojo, la novela que se hizo famosa en el mundo con la película del director chino Zhang Yimou. Otros pugnaron por un autógrafo en su ejemplar de Cambios, la única obra que podía conseguirse en la muestra, gracias a una reedición de la editorial Seix Barral. Un tercer grupo sintió curiosidad por el Nobel chino anunciado como uno de los grandes invitados de la feria. Y, por supuesto, dijeron presente los devotos que leyeron todas sus traducciones al español y discutían si La vida y la muerte me están desgastando era su mejor obra. 

Frente a ese público heterogéneo, apareció un hombre simple que respondía con calma, evitaba la solemnidad y parecía sentirse cómodo en conversaciones donde otros escritores probablemente hubieran construido una distancia intelectual.  

 

Mo Yan, acompañado por el presidente de la Fundación de Cultura y Educación China en Argentina, Liu Fangyong, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. CIBIT 

Ese tono acompañó a Mo Yan durante los cinco días que permaneció en Argentina. Durante una conferencia de prensa íntima, en la que participé, una periodista le preguntó por los personajes femeninos de sus novelas. El escritor giró apenas hacia un costado, donde estaba sentada su esposa, y respondió con un aire de complicidad: “Soy feminista”. Después explicó que las mujeres de sus libros son más fuertes que los hombres porque representan la capacidad de resistir y sobrevivir a los cambios históricos. “Las mujeres construyen y los hombres destruyen”, sintetizó. Su esposa hizo un gesto mínimo, como si le hubiese estado dando su aprobación. 

Las preguntas avanzaron hacia la censura, la política y la inteligencia artificial. En Occidente, la figura de artistas como Mo Yan suelen quedar atrapadas dentro de debates ideológicos alrededor de China. En Buenos Aires eligió responder con elegancia. “Para un gran escritor no debe haber zonas prohibidas”, sostuvo cuando lo consultaron por los límites de la escritura en su país. Más adelante relativizó el temor a la Inteligencia Artificial (IA), planteando que ninguna máquina puede reemplazar completamente la experiencia humana en la creación literaria. “Aún no”, enfatizó. 

Su vínculo con América Latina apareció repetidamente durante las conversaciones públicas. Recordó que comenzó a leer literatura latinoamericana en los años 80, cuando muchas obras extranjeras empezaron a ser traducidas masivamente al chino. Habló de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. Sobre el autor de El Aleph hizo una confesión que probablemente ayudó a acercarlo todavía más al público local. “Borges me provoca una bella ambigüedad. Lo leí, pero sin terminar de comprenderlo”. 

 

Mo Yan firma autógrafos para lectores locales durante la 50.a FIL de Buenos Aires. CIBIT 

En Argentina, donde decir que se ama Borges suele otorgar cierto prestigio, la idea de un Nobel admitiendo abiertamente sus dificultades para comprenderlo resultó inesperadamente simpática. Anécdotas seguramente conocidas sobre el día que ganó el Nobel en 2012, su insólito método para escribir una novela en una semana, sus sueños por ser camionero y sus deseos de estudiar física si volviera a nacer, se transformaron en capítulos que lo hicieron todavía más querible. 

Durante otra conferencia en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), volvió a hablar sobre la pasión argentina por la lectura y admitió que le sorprendía ver librerías llenas de gente y lectores buscando títulos y autores. Al día siguiente, en la inauguración de la librería china Gran Muralla, la primera en su tipo de Buenos Aires, aprovechó de hojear ejemplares de la revista sino-argentina DangDai mientras comía medialunas y tomaba café, casi como un visitante más. 

En varias charlas volvió la misma idea. China y Argentina son países separados por casi 20.000 kilómetros, culturas distintas e idiomas completamente diferentes. Sin embargo, Buenos Aires pareció recibir a Mo Yan con una familiaridad extraña. Tal vez porque algunas obras literarias argentinas llevan décadas circulando en China. Quizás porque el fútbol ayudó a construir una cercanía emocional inesperada. O en una de esas, porque los argentinos conservan cierta devoción por figuras como Mo Yan, que procuran mostrarse como escritores y no celebridades diseñadas para festivales internacionales. 

En su última charla abierta en el MALBA, decenas de personas rodearon a Mo Yan para pedirle un autógrafo o sacarse una selfie. Fue la misma admiración que despertó en la Feria Internacional del Libro. Y, como en aquella oportunidad, el Nobel chino sonrió apenas, se acomodó la gorra y siguió firmando. Sin una palabra. Como si ese gesto fuera el único discurso que valiera la pena.

*Fernando Capotondo es periodista argentino con experiencia en diarios y medios gráficos. 

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