| Análisis |
| Hacia el segundo centenario | |
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China conmemoró el 22 de octubre en Beijing el 90.º aniversario de la victoria de la Gran Marcha del Ejército Rojo. En un acto al que asistieron los principales dirigentes del país, el presidente Xi Jinping pronunció un discurso en el que afirmó: “Solo recordando la historia podemos crear un futuro más brillante”. La conmemoración no se limitó, sin embargo, a mirar hacia el pasado. El mensaje de Xi proyectó aquel legado histórico hacia la etapa actual y situó la “nueva Gran Marcha” en el camino hacia el segundo objetivo centenario: convertir a China en un gran país socialista moderno en todos los aspectos y avanzar en la revitalización nacional mediante la modernización china. Noventa años después La ceremonia tuvo lugar por la mañana en el Gran Palacio del Pueblo y reunió a alrededor de 3000 personas, entre dirigentes de organismos centrales, representantes de las fuerzas armadas y miembros de distintos sectores de la sociedad. La conmemoración se extendió a otras actividades. Por la noche, una gala televisiva titulada “Canto a la Gran Marcha” recorrió distintos episodios históricos y su proyección hacia la actualidad. Asimismo, se emitieron sellos conmemorativos y continuaron abiertas exposiciones dedicadas al 90.º aniversario en distintos espacios del país. Entre octubre de 1934 y octubre de 1936, distintas fuerzas del Ejército Rojo recorrieron miles de kilómetros para romper el cerco del Kuomintang y continuar su lucha. En ese trayecto afrontaron graves pérdidas y condiciones extremas, mientras episodios como la Reunión de Zunyi, en enero de 1935, marcaron un cambio decisivo en la conducción política y militar. La victoria de la Gran Marcha terminó convirtiéndose en uno de los principales referentes históricos del Partido Comunista de China (PCCh). Noventa años después, Xi volvió sobre aquella experiencia no para reproducir sus circunstancias, sino para extraer de ella principios aplicables a una etapa histórica distinta. Hace diez años, durante la conmemoración del 80.º aniversario, Xi había formulado una idea que se convertiría en una referencia recurrente: “Cada generación tiene su propia Gran Marcha y debe seguir adelante a su manera”. Aquel 2016, Xi explicó que la tarea de aquella generación consistía en alcanzar los “dos objetivos centenarios” del país: culminar la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada para el centenario del PCCh, en 2021, y convertir a China en un país socialista moderno para el centenario de la República Popular China, en 2049. El primero de esos objetivos ya se ha cumplido. En 2026, la “nueva Gran Marcha” se proyecta así sobre el segundo objetivo. Los cinco “debemos” En su discurso del 22 de octubre, Xi articuló el recorrido de esa “nueva Gran Marcha” en torno a cinco “debemos”: mantener firmes los ideales y el propósito del PCCh y apoyarse estrechamente en el pueblo; impulsar el desarrollo de alta calidad, responder a las crecientes aspiraciones de una vida mejor y promover la prosperidad común; afrontar los riesgos y desafíos mediante una mejor coordinación entre desarrollo y seguridad; acelerar la construcción de unas fuerzas armadas de primer nivel mundial; y mantener el liderazgo del Partido y fortalecer su propia construcción. Estos cinco ejes trasladan al presente las lecciones que Xi extrajo de la experiencia histórica de la Gran Marcha y, al mismo tiempo, dibujan las prioridades que el mandatario chino asocia al camino hacia el segundo objetivo centenario. El desarrollo ocupa un lugar central en esa proyección. Xi pidió avanzar de manera firme hacia un desarrollo de alta calidad, con mejoras efectivas tanto cualitativas como cuantitativas de la economía, y vinculó ese proceso con la satisfacción de las crecientes aspiraciones de la población a una vida mejor y con el avance hacia la prosperidad común. Este énfasis permite precisar el contenido económico y social de la “nueva Gran Marcha” en 2026. Si hace una década el horizonte estaba definido todavía por la consecución de los dos objetivos centenarios, hoy el primero ya forma parte del camino recorrido y el segundo exige consolidar un modelo de desarrollo capaz de combinar crecimiento, transformación económica y mejora sostenida de las condiciones de vida. Esa orientación se traduce además en metas concretas para este año: un crecimiento del PIB de entre 4,5 % y 5 %, la creación de más de 12 millones de empleos urbanos y un aumento de los ingresos de la población acompasado al crecimiento económico. Esa transformación también tiene una dimensión científico-tecnológica. Apenas seis días antes de la conmemoración del 90.º aniversario, durante una visita a la ciudad de Ulanqab, en la región autónoma de Mongolia Interior, Xi vinculó expresamente la “nueva Gran Marcha” con la búsqueda de una mayor autosuficiencia científica y tecnológica. La asociación permite ampliar el alcance de la metáfora más allá del desarrollo económico en sentido estricto. En una etapa en la que China busca fortalecer sus capacidades propias en ámbitos estratégicos, la innovación, la potencia computacional y las nuevas fuerzas productivas de calidad aparecen como parte de un recorrido orientado a sostener el desarrollo de alta calidad y ampliar la capacidad del país para responder a cambios externos. Ese esfuerzo muestra también hasta qué punto el desarrollo y la seguridad comienzan a entrelazarse en la agenda económica china. El 9 de octubre, nuevas directrices del Comité Central del PCCh y el Consejo de Estado sobre las nuevas fuerzas productivas de calidad plantearon simultáneamente impulsar la innovación, profundizar su integración con la industria y coordinar desarrollo y seguridad. Otro documento difundido el 21 de octubre puso el foco en avances en tecnologías clave, desde circuitos integrados y maquinaria industrial hasta materiales avanzados y biomanufactura. En ese contexto, la autosuficiencia científico-tecnológica no aparece solo como una cuestión de innovación, sino también como una forma de reducir vulnerabilidades en sectores considerados estratégicos. Otro de los énfasis del discurso de Xi en Beijing fue la necesidad de afrontar un entorno más complejo. El presidente chino llamó a prepararse para superar dificultades, responder a riesgos y enfrentar nuevos desafíos. Esta formulación añade una dimensión distinta a la “nueva Gran Marcha”. El avance hacia el segundo objetivo centenario no aparece únicamente asociado al crecimiento y la modernización, sino también a la capacidad de preservar estabilidad y margen de acción en un escenario interno y externo sujeto a mayores incertidumbres. En ese contexto, recorrer la “nueva Gran Marcha” supone mantener una dirección estratégica, pero también fortalecer la capacidad de adaptación frente a cambios que pueden alterar las condiciones del camino. Esa preocupación por la seguridad se produce asimismo en un contexto económico menos previsible. El Informe sobre la Labor del Gobierno de 2026 reconoció un entorno internacional marcado por el aumento del unilateralismo y el proteccionismo, mayores riesgos geopolíticos y un debilitamiento del impulso de la economía mundial. Al mismo tiempo, identificó desafíos internos como el desequilibrio entre una oferta fuerte y una demanda débil, la transición entre antiguos y nuevos motores de crecimiento y el ajuste del mercado inmobiliario. Frente a ese escenario, la coordinación entre desarrollo y seguridad adquiere un sentido más amplio porque no se refiere únicamente a prevenir riesgos, sino también a reforzar la capacidad de la economía para absorber perturbaciones externas. La modernización militar constituye otro componente de ese recorrido. El presidente Xi llamó a acelerar la construcción de unas fuerzas armadas de primer nivel mundial, mantener el liderazgo absoluto del PCCh sobre el Ejército y cumplir según lo previsto el objetivo fijado para el centenario del Ejército Popular de Liberación, en 2027. La “nueva Gran Marcha” adquiere así también una dimensión militar, asociada a la modernización de la defensa y de las fuerzas armadas en paralelo con las transformaciones económicas y sociales del país. Un pasado presente El legado de la Gran Marcha no se limita al discurso político en China. Durante las vacaciones del Día Nacional, celebradas del 1 al 7 de octubre, el 40 % de los turistas domésticos participó en actividades vinculadas con la historia revolucionaria, como visitas a sitios históricos, ceremonias de izamiento de la bandera o espectáculos patrióticos, según el Ministerio de Cultura y Turismo. Esta tendencia se había manifestado desde meses antes. Un informe de Tongcheng Travel señaló que, durante el primer semestre de 2026, las búsquedas de productos relacionados con el turismo rojo aumentaron más de un 130 % interanual y que los jóvenes de 18 a 35 años representaron más de la mitad de los usuarios interesados en este tipo de experiencias. Más allá de un pasado siempre presente en China, el 90.º aniversario de la Gran Marcha coincide también con el inicio de una nueva etapa en el país. Este año comenzó el XV Plan Quinquenal (2026-2030), un periodo que las autoridades chinas consideran clave para sentar las bases de la modernización socialista prevista hacia 2035. El plan coloca entre sus prioridades el desarrollo de alta calidad, la innovación científica y tecnológica, la mejora del bienestar, la seguridad y la modernización de la defensa. En ese sentido, varios de los ejes que Xi planteó en su discurso coinciden con esa agenda. La “nueva Gran Marcha” se inscribe así en una etapa de planificación que ya ha comenzado y que define prioridades concretas para los próximos años. La referencia a una “nueva Gran Marcha” no supone equiparar las circunstancias de la década de 1930 con las de la China actual. Su función es otra: convertir una experiencia fundacional en un marco desde el cual interpretar los retos de cada etapa. En 2016, ese camino todavía estaba definido por dos objetivos centenarios. En 2026, uno de ellos ya pertenece al pasado y el segundo concentra el horizonte de las próximas décadas. El discurso de Xi del 22 de octubre muestra así cómo una memoria nacida hace nueve décadas continúa reformulándose a medida que cambian las metas y las condiciones del país. *Michael Zárate es un periodista peruano experto en temas de China y fue redactor subjefe de la revista China Hoy. |
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