| Análisis |
| Una larga marcha hacia la estabilidad | |
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Mientras el presidente Trump espera hacer a Estados Unidos grande de nuevo, yo estoy dedicado a guiar al pueblo chino hacia la revitalización nacional”, dijo el presidente chino Xi Jinping durante el banquete de bienvenida ofrecido en honor de la visita de Estado a China del presidente estadounidense Donald Trump el 14 de mayo. En la ocasión, el mandatario chino enfatizó, además, que ambos países pueden avanzar en sus respectivos desarrollo y revitalización a través del fortalecimiento de la cooperación.
14 de mayo de 2026. El presidente chino, Xi Jinping, sostiene una conversación con el presidente estadounidense, Donald Trump, en el marco de su visita de Estado a China, en el Gran Palacio del Pueblo, en Beijing. Ha pasado casi una década desde la última vez que un ocupante de la Casa Blanca, en Washington D.C., cruzó las puertas del Gran Palacio del Pueblo en Beijing. Pero cuando el avión presidencial estadounidense, Air Force One, aterrizó la noche del 13 de mayo, atravesando la espesa niebla de desconfianza geopolítica, no se trató simplemente de una visita de Estado. Fue una recalibración de la relación. Durante las conversaciones sostenidas con Trump al día siguiente, Xi señaló que espera que 2026 sea un “año histórico y emblemático” capaz de abrir un nuevo capítulo en las relaciones entre China y Estados Unidos. “Los dos países tienen más intereses comunes que diferencias”, subrayó Xi, añadiendo que el éxito de uno representa una oportunidad para el otro, y que una relación bilateral estable beneficia al mundo. Tras señalar que China y Estados Unidos deben ser socios en lugar de rivales, Xi manifestó la necesidad de que ambos países se apoyen mutuamente para alcanzar el éxito y la prosperidad en conjunto, y encuentren la manera adecuada para que los grandes países se lleven bien entre sí en la nueva era. Xi definió la naturaleza de la “estabilidad estratégica constructiva” como una estabilidad positiva con la cooperación como pilar, una estabilidad sana con competencia moderada, una estabilidad constante con diferencias manejables y una estabilidad duradera con promesas de paz.
14 de mayo de 2026. El presidente chino, Xi Jinping, ofrece una ceremonia de bienvenida al presidente estadounidense, Donald Trump, en el marco de su visita de Estado a China, en el exterior del Gran Palacio del Pueblo previo a sus conversaciones. Timones y líneas rojas La diplomacia entre jefes de Estado ha sido el principal vector en torno al cual se ha consolidado la relación entre China y Estados Unidos en medio de una dinámica bilateral compleja y cambiante. Desde el año pasado, Xi ha mantenido cinco conversaciones telefónicas con Trump, ha intercambiado cartas en múltiples ocasiones y sostuvo una reunión cara a cara en Busan, durante la 32ª Reunión de Líderes Económicos de APEC, llevando a cabo una comunicación estratégica sobre las relaciones chino-estadounidenses y el panorama internacional. Tras un período marcado por guerras arancelarias, restricciones tecnológicas, rivalidad militar y fragmentación geopolítica, la visita llegó en un momento oportuno, ya que ambas partes buscan estabilizar sus relaciones sin alterar sus posturas estratégicas fundamentales, declaró al semanario Beijing Review Einar Tangen, comentarista estadounidense e investigador sénior en el Centro para la Innovación en la Gobernanza Internacional. En tanto, el embajador chino en Estados Unidos, Xie Feng, reafirmó el continuo compromiso de China con el respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación mutuamente beneficiosa. La delegación estadounidense que acompañó a Trump durante su visita a China envió claras señales políticas y económicas de manera simultánea. La fuerte representación empresarial fue una muestra de que, pese a la rivalidad estratégica, las grandes empresas estadounidenses siguen considerando a China como un eje central para la manufactura global, las cadenas de suministro y los mercados de consumo. Mientras tanto, en consonancia con la postura diplomática histórica de China, las líneas rojas fundamentales relacionadas con la soberanía nacional, la integridad territorial y los intereses esenciales de desarrollo continuaron siendo innegociables en todas las conversaciones. El presidente Xi Jinping recalcó que la cuestión de Taiwan es lo más importante en la relación China-EE.UU.. Si se aborda adecuadamente, la relación bilateral disfrutará de estabilidad general. Por el contrario, si aquello se ve comprometido, los dos países tendrán choques e incluso conflictos, poniendo toda la relación sino-estadounidense en gran peligro. La “independencia de Taiwan” y la paz a través del Estrecho son tan irreconciliables como el fuego y el agua.
15 de mayo de 2026. El presidente chino, Xi Jinping, da la bienvenida al presidente estadounidense, Donald Trump, a la llegada de Trump al complejo de Zhongnanhai, en Beijing. Fotos de Xinhua Tablero comercial La cooperación económica y comercial, considerada durante mucho tiempo como el lastre más sólido de las relaciones sino-estadounidenses, fue el tema más pragmático que se tocó. Según la Administración General de Aduanas de China, el país asiático es el tercer mayor mercado de exportación y la tercera mayor fuente de importaciones de Estados Unidos, mientras que Estados Unidos es el principal mercado de exportación de bienes de China y su tercera mayor fuente de importaciones. “La gravedad económica entre ambos países sigue siendo inmensa”, declaró Chen Wenling, investigadora sénior de la Academia de Estudios de China Contemporánea y el Mundo al diario China Daily. Según la académica, Estados Unidos lidera los mercados financieros y conserva importantes ventajas en alta tecnología, mientras que la fortaleza de China en escala de mercado, profundidad de las cadenas de suministro e innovación acelerada es igualmente real. Datos publicados por la Embajada de China en Estados Unidos en noviembre del año pasado mostraron que más de 80.000 empresas estadounidenses habían invertido en China, mientras que 7000 empresas chinas operaban en Estados Unidos. La visita envió una fuerte señal de estabilidad a los mercados globales, reduciendo la ansiedad generalizada sobre una posible desvinculación y confrontación bilateral, afirmó Robert Lawrence Kuhn, autor y productor televisivo especializado en China. “Nuestros equipos económicos y comerciales produjeron resultados generalmente equilibrados y positivos. Esta es una buena noticia para los pueblos de los dos países y para el mundo”, manifestó Xi en cuanto a la más reciente ronda de conversaciones comerciales bilaterales celebrada el 13 de mayo en la República de Corea. Más allá del bilateralismo Aunque persistan diferencias en comercio, seguridad y asuntos geopolíticos, la historia ha demostrado que el compromiso produce mejores resultados que el aislamiento, afirmó Harley Seyedin, presidente de la AmCham South China, quien añadió que Estados Unidos y China son competidores en ciertos ámbitos, pero también socios en el mantenimiento de la prosperidad y la estabilidad a nivel global. Sun Chenghao, investigador del Centro de Seguridad y Estrategia Internacional de la Universidad de Tsinghua, señaló que la escalada de conflictos regionales ha elevado aún más la necesidad de una comunicación estratégica entre China y Estados Unidos. Durante la visita, ambas partes sostuvieron profundos intercambios sobre la situación en Oriente Medio, la seguridad energética y la prevención de conflictos regionales. Dichos diálogos ayudan a evitar que las fricciones regionales se extiendan a los mercados globales de energía y financieros, así como a prevenir mayores impactos sobre la frágil recuperación económica mundial. En materia de gobernanza global, ambas partes ahondaron en acción climática, seguridad regional y mantenimiento del sistema multilateral de comercio, centrándose en desafíos globales urgentes. En medio del creciente unilateralismo y fragmentación mundial, una gobernanza global eficaz requiere de una coordinación básica entre China y Estados Unidos. En los últimos años, la filosofía de desarrollo de China y la Iniciativa de la Franja y la Ruta han recibido respuestas positivas de más de 150 países. Asimismo, las cuatro iniciativas globales propuestas por China —la Iniciativa para el Desarrollo Global, la Iniciativa para la Seguridad Global, la Iniciativa para la Civilización Global y la Iniciativa para la Gobernanza Global— ya han sido reconocidas por diversos analistas internacionales como un marco constructivo para los cambios globales. Zhao Suisheng, profesor y director del Centro para la Cooperación China-Estados Unidos de la Escuela de Estudios Internacionales Josef Korbel de la Universidad de Denver, señaló que la Iniciativa para el Desarrollo Global ha movilizado más de 20.000 millones de dólares y financiado más de 1100 proyectos, no mediante la imposición de condiciones políticas, sino abordando necesidades prácticas de desarrollo. Según Zhang Weiwei, director del Instituto de China de la Universidad Fudan en Shanghai, la gobernanza global debe abandonar la dicotomía simplista entre “democracia vs. autoritarismo” y adoptar un estándar de “buena gobernanza vs. mala gobernanza” basado en resultados reales que se deben medir por los beneficios tangibles que un Gobierno proporciona a su pueblo. Una visión a largo plazo Respecto a la continua competencia tecnológica entre ambos países, Wang Dong, director ejecutivo del Instituto para la Cooperación y el Entendimiento Global de la Universidad de Beijing, afirmó que, aunque una distensión integral sigue siendo difícil, es posible lograr un enfriamiento selectivo y una gestión de límites. Según Seyedin, ambos países pueden cooperar en estándares de seguridad para la inteligencia artificial, la ciberseguridad y la manufactura avanzada. Wu Xinbo, decano del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Fudan, afirmó que la visita marcó una recalibración clave dentro de la nueva ronda de interacción bilateral. Kuhn enfatizó que la diplomacia entre jefes de Estado es solo un punto de partida para la estabilización de las relaciones, y que la estabilidad bilateral a largo plazo depende de una comunicación institucionalizada sostenida y de la acumulación de cooperación práctica. Según Wang Dong, la reunión no solo representó un hito para las relaciones entre China y Estados Unidos, sino también un punto crucial para devolverle la estabilidad a los vínculos bilaterales. Como señaló Seyedin, aunque las diferencias persistirán, “el compromiso produce mejores resultados que el aislamiento”, y mediante el enfoque en la cooperación práctica y el beneficio mutuo a largo plazo, ambos países pueden construir una mejor relación para el beneficio del mundo entero. |
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