Análisis
Una mirada desde ALC al XV Plan Quinquenal
2026-03-31    Fuente: Centro para las Américas    Autor: MAGDALENA ROJAS

EL inicio del XV Plan Quinquenal de China (2026-2030) marca una nueva etapa en la proyección internacional de China y ofrece, al mismo tiempo, un campo fértil para repensar la inserción estratégica de América Latina y el Caribe (ALC) en el sistema global. Desde la perspectiva latinoamericana, este plan no solo representa un programa interno de desarrollo económico, sino también una plataforma para profundizar vínculos en torno a tres ejes centrales: el multilateralismo, la cooperación en infraestructura y la construcción de un modelo de ganancias compartidas. 

El XV Plan Quinquenal: modernización y apertura global 

Los planes quinquenales han sido históricamente el instrumento rector de la planificación económica en China, orientando su transformación desde mediados del siglo XX hacia una potencia industrial y tecnológica. En su decimoquinta edición, el plan refuerza prioridades como la innovación tecnológica, la economía digital, la sostenibilidad ambiental y la consolidación de nuevas fuerzas productivas. 

Desde el punto de vista internacional, el XV Plan Quinquenal también se concibe como un vehículo para ampliar la cooperación global. En palabras del canciller Wang Yi, este período será “un período crucial” en el que China podrá hacer “más contribuciones al desarrollo y el progreso de la humanidad”. Este énfasis en la dimensión global del desarrollo chino resulta particularmente relevante para América Latina, una región que busca diversificar sus alianzas y reducir su dependencia histórica de centros tradicionales de poder. 

Asimismo, Wang Yi ha señalado que el nuevo plan “ofrece una nueva visión para la cooperación beneficiosa entre China y países de todo el mundo”. Esta afirmación sugiere que el desarrollo interno de China está intrínsecamente ligado a su proyección externa, generando oportunidades concretas para regiones del Sur Global. 

ALC como actor del Sur Global 

Desde la óptica china, América Latina y el Caribe (ALC) ocupan un lugar estratégico dentro del llamado Sur Global. Documentos oficiales destacan que la región constituye una fuerza relevante para defender la paz y la estabilidad del mundo y promover su desarrollo y prosperidad. 

Esta visión coincide con una creciente autopercepción latinoamericana como un actor con mayor capacidad de incidencia en la gobernanza global, de modo que la convergencia entre ambas perspectivas abre un espacio para una cooperación basada en la horizontalidad, al menos en el plano discursivo. 

Wang Yi ha enfatizado este carácter en múltiples ocasiones. Según el canciller, la relación entre China y América Latina se inscribe en el marco de la cooperación Sur-Sur caracterizada por el apoyo mutuo y basada en principios de beneficio mutuo y ganancias compartidas, sin objetivos geopolíticos hegemónicos. Esta narrativa resulta atractiva para Gobiernos latinoamericanos y caribeños que buscan alternativas a esquemas tradicionales de dependencia, tal como lo planteó Bruno Falci, periodista brasileño del canal televisivo TeleSur, que se hizo presente en las Dos Sesiones celebradas entre el 4 y 12 de marzo pasado, y quien lleva seis meses viviendo en Beijing. 

“China tiene un modelo muy diferente de relacionarse no solo con América Latina, sino con todo el Sur Global”, remarcó. “Es un modelo solidario que habla de ganancias compartidas, de transferencia tecnológica, de respeto a la soberanía, de trabajar en el multilateralismo, de no amenazar políticamente ni usar el chantaje económico y de no aplicar sanciones a Gobiernos que no están alineados con sus políticas”, agregó. 

Si bien esta serie de ventajas han sido valoradas desde América Latina, también han emergido debates sobre la asimetría estructural de la relación, especialmente en términos de intercambio comercial y dependencia de exportaciones primarias. En este sentido, el XV Plan Quinquenal puede ser interpretado como una oportunidad —pero también como un desafío— para redefinir estas dinámicas, como apuntó Fabián Pizarro, periodista chileno y conductor del programa “Efecto China” de Radio Cooperativa. 

“En América Latina en general, y en Chile en particular, creo que debiésemos mirar con mucha atención lo que se está decidiendo estos días…porque somos exportadores de muchas de las materias primas que China necesita”, señaló. En ese contexto, el chileno dijo que China va a seguir necesitando litio y cobre, entre otros minerales clave para su industria, pero que la apuesta está en sumarle valor a la oferta exportable. “Creo que la mirada que debiésemos tener es dejar de ser solo exportadores de materia prima y tratar de entender cómo China está cambiando dentro del tablero internacional para sumarnos a eso” con el fin de “ver la forma de entrar a la cadena de valor que China tiene hoy”.

 

8 de marzo de 2026. Conferencia de prensa de la IV Sesión de la XIV Asamblea Popular Nacional celebrada en el Centro de Medios, Beijing. Zhang Wei 

Multilateralismo: convergencias estratégicas 

Uno de los pilares más destacados del nuevo ciclo de cooperación es el multilateralismo. En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y fragmentación, China ha reforzado su discurso en favor de un orden internacional más inclusivo. 

Wang Yi ha subrayado que China busca aportar “estabilidad y certeza en un mundo turbulento” y promover el fortalecimiento del multilateralismo como eje de su política exterior. Este enfoque encuentra eco en América Latina, donde históricamente se ha defendido el derecho internacional, la no intervención y la resolución pacífica de controversias. En ese sentido, Néstor Restivo, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y coautor del libro China, muralla contra la pobreza: compromiso, organización y patriotismo, hizo un llamado a que, en medio de las pretensiones de ciertos Gobiernos, y sobre todo el de Donald Trump, de cercar o evitar que la cooperación, el comercio y las inversiones con China sigan avanzando, el Gobierno chino pueda estrechar aún más los lazos. “Me parece que China debería hacer todavía un mayor esfuerzo para hacer realidad lo que muchas veces se plantea como win-win. Es decir, demostrarle a América Latina que las inversiones, el comercio y el vínculo que hay con la República Popular de China, realmente sirve a los fines de desarrollo de nuestros países”, manifestó. 

En ese esfuerzo, un ejemplo concreto que ha tomado fuerza dentro del ámbito del multilateralismo es el Foro China-CELAC, establecido en 2015 como mecanismo central de diálogo entre China y los países latinoamericanos y caribeños. Este espacio ha permitido articular iniciativas en múltiples áreas, desde infraestructura hasta innovación tecnológica, y constituye una plataforma clave para alinear los objetivos del XV Plan Quinquenal con las prioridades regionales. 

Para ALC, la participación en este tipo de mecanismos ofrece una doble ventaja: por un lado, amplía su margen de maniobra en la política internacional; por otro, facilita el acceso a financiamiento, tecnología y mercados. 

Infraestructura como eje de integración 

Uno de los aspectos más tangibles de la cooperación entre China y ALC ha sido el desarrollo de proyectos de infraestructura. En el marco de iniciativas como la Franja y la Ruta, China ha financiado y construido obras clave en transporte, energía y logística. 

Ejemplos emblemáticos incluyen el puerto de Chancay en Perú, corredores ferroviarios en Argentina y proyectos energéticos en diversos países de la región. Estas inversiones no solo han mejorado la conectividad regional, sino que también reconfigurado las rutas del comercio global, acercando ALC a los mercados asiáticos. 

Desde la perspectiva del XV Plan Quinquenal, la infraestructura adquiere un nuevo significado. Ya no se trata únicamente de construir obras físicas, sino de integrar cadenas de valor, impulsar la digitalización y fomentar la sostenibilidad, en razón de lo cual la cooperación futura podría orientarse hacia áreas como ciudades inteligentes, energías renovables y redes digitales. 

Para ALC, el desafío consiste en maximizar los beneficios de estas inversiones, asegurando que contribuyan al desarrollo local, la transferencia tecnológica y la generación de empleo. 

 

7 de febrero de 2026. Un camión cargado de autobuses de gas natural con destino a México zarpa del puerto de Yantai, en la provincia de Shandong. Xinhua 

Ganancias compartidas y desarrollo inclusivo 

El concepto de “ganancias compartidas” ocupa un lugar central en la narrativa china sobre la cooperación internacional. Según Wang Yi, China busca relaciones basadas en el “beneficio mutuo” que generen resultados tangibles para todas las partes. 

Este enfoque se alinea con la idea de construir una comunidad de futuro compartido de la humanidad, uno de los principios rectores de la política exterior china, que desde ALC, se ha interpretado como una invitación a participar en un modelo de globalización más inclusivo. 

No obstante, la materialización de estas ganancias compartidas depende de múltiples factores. Entre ellos, la capacidad de los países latinoamericanos y caribeños para negociar condiciones favorables, fortalecer sus instituciones y promover políticas de desarrollo productivo. 

Asimismo, es fundamental avanzar hacia una diversificación de la relación económica, superando el patrón tradicional basado en la exportación de materias primas y el ámbito meramente comercial. “Creo que hay Gobiernos, particularmente el de Brasil, México, Colombia, Venezuela y Cuba, a los que se les debiese conceder más atención de parte de China, más amistad y cooperación real, y que no solo prime la idea de los negocios”, destacó Restivo, quien también se desempeña como director de la revista DangDai en la capital argentina. En esa línea, el XV Plan Quinquenal, con su énfasis en la innovación y la tecnología, podría abrir nuevas oportunidades en sectores como la economía digital, la biotecnología y la transición energética. 

Desafíos y perspectivas 

A pesar de las oportunidades, la cooperación entre China y ALC también enfrenta desafíos significativos, entre los que destacan las asimetrías económicas, cuestiones medioambientales y tensiones geopolíticas, dada la creciente rivalidad entre grandes potencias que puede influir en la relación. 

En este contexto, el multilateralismo adquiere un papel aún más relevante como mecanismo para gestionar tensiones y promover un desarrollo equilibrado. Desde la mirada de ALC, el XV Plan Quinquenal de China representa tanto una oportunidad como un reto. Por un lado, ofrece un marco para profundizar la cooperación en áreas clave como infraestructura, innovación y desarrollo sostenible. Por otro, plantea la necesidad de redefinir las bases de la relación para garantizar beneficios equitativos. 

El énfasis en el multilateralismo, las ganancias compartidas y la integración del Sur Global sugiere la posibilidad de construir un nuevo paradigma de cooperación internacional. Como afirmó Wang Yi, la diplomacia china en esta nueva etapa busca “hacer más contribuciones al desarrollo y el progreso de la humanidad”. 

Para ALC, la clave estará en aprovechar estas oportunidades con una visión estratégica, fortaleciendo su autonomía y promoviendo un desarrollo inclusivo. En un mundo en transformación, la relación con China —enmarcada en el XV Plan Quinquenal— podría convertirse en uno de los pilares de su inserción internacional en el siglo XXI.

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