| Análisis |
| Una nueva encrucijada: multilateralismo o nueva Guerra Fría | |
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24 de octubre de 2025. António Guterres, secretario general de la ONU, pronuncia un discurso por videoconferencia en el debate abierto del Consejo de Seguridad, celebrado en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. NOS encontramos ante una encrucijada en la historia de la humanidad, en la que las naciones tienen que hacer una elección: avanzar hacia una nueva Guerra Fría, con bloques enfrentados y crecientes tensiones militares, o construir un orden multilateral basado en la cooperación internacional y el beneficio mutuo. En esta encrucijada, el camino que lleva a una nueva Guerra Fría significa dividir el mundo en bloques enfrentados y desconectados entre sí, con un aumento del gasto militar y un incremento de una espiral belicista, hasta límites muy peligrosos para el futuro de la humanidad. Si la Segunda Guerra Mundial fue un drama horrible de muerte y destrucción, una tercera confrontación bélica global sería directamente el final de la vida en el planeta. Un mundo enfrentado por la polarización Mientras que el camino que nos lleva a construir un orden multilateral significa aumentar la cooperación internacional desde la base del beneficio mutuo, reducir el gasto militar, buscar la solución de los conflictos internacionales desde el diálogo y la negociación, en base a las Naciones Unidas como referente de la comunidad internacional, es clave entender que ninguna potencia puede buscar su seguridad a costa de limitar la seguridad de otros. Ante esta disyuntiva, el presidente Xi Jinping ha llamado a combatir la mentalidad de Guerra Fría, porque sabe muy bien que esta mentalidad obstaculiza el desarrollo de una comunidad internacional integrada con un destino compartido para toda la humanidad, amenazando la paz y el progreso global. En el artículo titulado “Enarbolemos la bandera del multilateralismo para contribuir a la construcción de un mundo hermoso” del libro Xi Jinping: La gobernación y administración de China (IV), Xi señaló: “Mientras el unilateralismo, el proteccionismo y la intimidación se intensifican, los déficits de gobernanza, de confianza, de desarrollo y de paz aumentan continuamente”. “A pesar de todo esto, seguimos convencidos de que el tema de nuestros tiempos -la paz y el desarrollo- no ha cambiado y que la tendencia hacia la multipolaridad y la globalización económica no puede revertirse”. “Debemos persistir en el multilateralismo y salvaguardar la paz y la estabilidad mundiales”. En el siglo XXI, tras el fracaso del neoliberalismo como estrategia de dominio mundial, se ha visto el resurgimiento de dinámicas geopolíticas similares a la Guerra Fría con el fin de frenar el ascenso de los países emergentes como China que defienden el orden internacional multilateral. Dicha estrategia de confrontación entre países se ha manifestado en varios frentes. En el ámbito económico, se ha promovido un desacoplamiento de las cadenas de suministro globales, impuesto aranceles, prohibido las exportaciones de tecnología crítica, como semiconductores avanzados, y ejercido presiones sobre los aliados para que dejen de comerciar o de invertir en los países designados como adversarios. El objetivo es claro: hacer que el costo de mantener relaciones comerciales y políticas con China sea tan alto, que algunas naciones opten por la exclusividad con Occidente. Otro campo de batalla crucial es la tecnología, que se ha identificado como el principal motor del poder futuro. La estrategia de Occidente consiste en negar a quienes definen como rivales el acceso a las tecnologías de vanguardia que impulsan la inteligencia artificial, la computación cuántica y la microelectrónica. Se han utilizado listas negras de empresas, controles de exportación y presiones diplomáticas para limitar la capacidad de innovación de los países emergentes. La batalla por la supremacía de Occidente en el desarrollo del 5G, con una campaña contra la empresa Huawei, es el ejemplo más claro de esta política. Se ha impuesto a los aliados prohibir o restringir el uso de equipos de Huawei en sus infraestructuras de telecomunicaciones, argumentando riesgos de seguridad, como una tapadera para frenar a un competidor tecnológico desde principios políticos, no comerciales. Esta desconexión tecnológica no solo pretende crear dos ecosistemas incompatibles, sino que también perpetúa la dependencia de los países en desarrollo de la tecnología occidental, frenando su propio progreso, y causando un serio perjuicio para millones de consumidores occidentales. En el plano militar y de seguridad, la estrategia de Guerra Fría se basa en la expansión de la OTAN, así como en la creación de nuevos pactos como el AUKUS (Australia, Reino Unido, Estados Unidos). Estas alianzas tienen un doble propósito, que son la de reforzar la cohesión interna del bloque occidental por un lado, y rodear a los rivales estratégicos por otro. Los medios de comunicación occidentales, a menudo, han amplificado esta narrativa, presentando a los países emergentes, y en particular a China, bajo una luz negativa. La guerra de la información ha buscado influir en la opinión pública global y, sobre todo, en la de los países en desarrollo, para que perciban la exclusividad con el Norte Global como la única opción moralmente correcta. La estrategia de Guerra Fría del siglo XXI paga un costo muy alto, aumenta la tensión global, socava la cooperación internacional y, lo más alarmante, eleva el riesgo de que un conflicto local se convierta en una guerra de gran escala. Concibiendo las relaciones entre países bajo una nueva óptica La única respuesta viable a la mentalidad de Guerra Fría, tal y como ha propuesto el presidente de China, Xi Jinping, es la defensa de una mentalidad que defienda un multilateralismo sin centros hegemónicos, donde todas las naciones puedan desarrollarse plenamente. En esa línea, las iniciativas que ha planteado China en favor de la construcción de un futuro compartido para toda la humanidad, incluidas la Iniciativa para el Desarrollo Global, la Iniciativa para la Seguridad Global y la Iniciativa para la Civilización Global, que ahora se completan con la Iniciativa para la Gobernanza Global, presentada por el presidente Xi Jinping el 1 de septiembre en Tianjin, durante la Cumbre de Cooperación de Shanghai, son de gran valor. La Iniciativa para la Gobernanza Global se basa en principios que consolidan un multilateralismo sin centros hegemónicos. Xi Jinping ha dejado claros los conceptos centrales de la iniciativa: adherirse a la igualdad soberana, atenerse al estado de derecho internacional, practicar el multilateralismo, abogar por el enfoque centrado en el pueblo y concentrarse en tomar acciones reales. Esto contrasta directamente con la coerción económica y las sanciones unilaterales, herramientas utilizadas en la estrategia de la Guerra Fría. De este modo, la iniciativa busca reformar las instituciones de gobernanza existentes sin destruirlas, para que sean más representativas y reflejen el equilibrio de poder actual. Esto incluye un sistema de comercio más justo, el fortalecimiento del papel de las Naciones Unidas y la creación de mecanismos de financiación alternativos, como el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), que complementan y ofrecen opciones a los países en desarrollo. La Iniciativa para la Gobernanza Global promueve una red de cooperación abierta sin dependencia exclusiva a un centro de poder hegemónico, facilitando alianzas basadas en intereses comunes y respeto mutuo. Esto significa que no se obliga a ninguna comunidad a elegir un bando, sino que se promueve la interrelación y la cooperación entre todos los países y pueblos del mundo. En razón de ello, es necesario que la comunidad internacional pueda dialogar sobre cómo llevar a cabo la Iniciativa para la Gobernanza Global, apoyando sus aspectos que promueven la paz y la cooperación. En este sentido, la colaboración entre sociedad civil, partidos progresistas y el Grupo de Amigos por la Paz que se ha creado para defender la Carta de la ONU puede ser clave para sepultar finalmente la mentalidad de Guerra Fría y profundizar la mentalidad multilateral para construir un orden mundial más justo y democrático. Este grupo debe unir a quienes rechazan la imposición de un orden unipolar o bipolar, promoviendo la gobernanza basada en el respeto mutuo y la defensa de los principios de la ONU. En esa misma línea, es necesario señalar que para que el multilateralismo sea efectivo, es imprescindible democratizar la ONU, ampliando el Consejo de Seguridad e incluyendo potencias emergentes, además de reformar el derecho de veto. Las instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial también deben ser reformadas para la toma de decisiones de forma transparente y democrática, sin presión de una sola nación. Nuevas instituciones multilaterales, como el NBD del BRICS, deben complementar y diversificar las fuentes de financiación y desarrollo. En economía, se debe promover un comercio libre y justo, rechazando guerras comerciales y sanciones unilaterales. En tecnología, el acceso universal y la cooperación internacional son esenciales para abordar desafíos globales como el cambio climático y la salud. El multilateralismo genuino debe enfrentar retos transnacionales como la pandemia, el cambio climático y el terrorismo, que requieren respuestas coordinadas. El objetivo del grupo es simple, pero profundo: dar paso a un gran movimiento en favor de la paz, el progreso y el multilateralismo. De este modo, se debe abogar por un movimiento que rechace la idea de que la guerra y la confrontación son inevitables y que abrace la creencia de que un mundo más justo y pacífico es posible. Es, en definitiva, un llamado a la acción para que todos los que creen en la cooperación en lugar de la competición, en el diálogo en lugar de la confrontación, y en el respeto mutuo en lugar de la dominación, se unan para cambiar el curso de la historia. Es hora, como dice el presidente Xi Jinping, de dejar atrás la mentalidad de la Guerra Fría y construir un futuro donde el destino de la humanidad no dependa de la confrontación entre bloques, sino de la unidad de la familia de naciones. Por ello, el desarrollo de la Iniciativa para la Gobernanza Global es un instrumento que China ha ofrecido al resto del mundo sin buscar ni la hegemonía, ni un protagonismo especial, sino que impulsar un sistema de gobernanza global más justo y equitativo.
4 al 6 de noviembre de 2025. Visitantes en el área de exhibición de la empresa china Zhejiang Dahua Tecnology en el Congreso Mundial de la Smart City Expo (SCEWC) Europa 2025, celebrada en Barcelona, España.
29 de abril de 2025. El presidente chino, Xi Jinping, visita la sede del Nuevo Banco de Desarrollo, en Shanghai, y se reune con Dilma Rousseff, presidenta de la institución. Fotos de Xinhua *José Luis Centella Gómez es presidente del Partido Comunista de España y vicepresidente del Partido de la Izquierda Europea. |
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