
AL hablar de la poesía de Tai Kang, es necesario situarla en el ámbito de la urbanización, un lugar de ruptura espiritual. Su poesía está llena de penumbra y noche, y de trenes sin rumbo o que no pueden llevar a la gente a lugares demasiado lejanos. Este es precisamente el aspecto más conmovedor de la colección de poemas Recorriendo a pie la mitad de la ciudad. No se trata de una obra sobre el destino, sino sobre la migración y el acto de caminar en sí.
Tai Kuang es un representante destacado de la generación de poetas chinos nacidos en la década de 1970 y uno de los primeros en centrarse profundamente en el proceso de urbanización de China. Su poesía es tranquila, sencilla, pero llena de humor; intenta transformar de la mejor manera distintos personajes, escenas, objetos y detalles en hechos espirituales basados en la subjetividad individual. Más importante aún, es un poeta con acción y voluntad de buscar la verdad. En la década de 1990, realizó estudios de campo a largo plazo sobre los ríos, tierras, aldeas y pueblos de la provincia de Shandong, ampliando enormemente las habilidades de observación, la visión del mundo y los límites convencionales de un poeta.
La influencia del confucianismo y del pensamiento de Mencio también imprimió en la poesía de Tai Kuang la huella espiritual de la elegía cultural más allá de la experiencia práctica. Es un escritor solitario, como un topógrafo rural que deambula repetidamente en espacios urbanizados, correspondiendo así a la fricción y los trastornos mentales entre la realidad lingüística y la realidad social. Lo que resulta especialmente valioso es que Tai Kuang es un escritor con una visión integral. En sus escritos sobre ciudades, áreas rurales y realidades complejas, no se convierte en un crítico urbano unidimensional ni en un poeta nostálgico superficial. En su lugar, elimina conscientemente las limitaciones de la escritura moral y ética, revelando los mecanismos internos de la época y el abismo del alma de los individuos a través de una profunda excavación y restauración espiritual. Al igual que pelar una cebolla, al final nos lleva a un núcleo urbano extraño y dramático.
La poesía de Tai Kuang tiene las cualidades de la alegoría urbana y los archivos espirituales. Cada obra en la colección poética es una figura caminando en el crepúsculo; puede ser cualquiera, o cualquiera de nosotros luchando en un país extranjero, en silencio en el metro, o deteniéndose ante un paso peatonal.
Para los lectores atrapados en la ola de urbanización, esta colección ofrece la posibilidad de identificarse de una manera única. La confirmación de la identidad y el reconocimiento del acento son precisamente las tareas que cumple la poesía de Tai Kuang. Si alguna vez uno se ha sentido como un “foráneo” en la ciudad, los versos de Tai Kuang son como un espejo silencioso pero exacto, que permiten al lector verse y entenderse a sí mismo en esas sentencias sobre el atardecer, los trenes y los puentes elevados.
Esta es una colección de poesía que vale la pena leer atentamente. No da respuestas, pero sí le da al acto de caminar la dignidad de ser entendido.
*Huo Junming es poeta y crítico, así como subeditor en jefe y revisor editorial de la Revista de Poesía de la Asociación de Escritores de China.