| Entrevistas |
| Conversación con el poeta Jidi Majia | |
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El poeta Jidi Majia. Foto cortesía del entrevistado EN el ámbito de la creación literaria, el individuo, la tradición y el mundo se convierten de manera natural en dimensiones fundamentales para definir la identidad del escritor. En la tercera década del siglo XXI, la globalización se ha visto enfrentada a desafíos en múltiples niveles, por lo que las personas han intentado buscar diversos caminos en medio de profundos cambios. En este contexto, cabe preguntarse qué tipo de reflexión sobre los valores y qué compromiso literario implica una escritura con una visión del mundo. A través de la lectura, la escritura y las actividades literarias que ha sostenido desde su juventud hasta la actualidad, el poeta chino Jidi Majia ha consolidado en su escritura intercultural la reflexión constante de un poeta de la etnia yi que trasciende las fronteras étnicas y regionales para enfrentarse directamente a los grandes temas de su tiempo. Wan Dai (WD): En sus obras tempranas, como Autorretrato y La tierra antigua, usted escribió: “La cabeza de este yi mío llevará grabados versos de la amistad humana”, lo que ya permite vislumbrar su preocupación literaria de carácter universal. ¿De qué manera comenzó a desarrollar este tipo de reflexión y exploración en su escritura? Jidi Majia (JM): Nuestra escritura está muy relacionada con la reforma y la apertura de China. Durante mis años universitarios, la poesía se encontraba en un periodo de gran vitalidad; tras muchos años de silencio, algunos poetas de la generación anterior como Ai Qing, Bian Zhilin y Lü Yuan regresaron nuevamente a la escena poética. En aquel momento, también podíamos leer literatura latinoamericana, como las obras del poeta chileno Pablo Neruda, el poeta cubano Nicolás Guillén y el escritor brasileño Jorge Amado. Además de ellos, también leí a Rafael Alberti y Federico García Lorca. La lectura de estas obras probablemente tuvo una gran influencia en la orientación de mi escritura. Como poeta perteneciente a una etnia minoritaria en China, especialmente como poeta yi que vive en las montañas del suroeste, uno naturalmente posee una profunda tradición histórica y cultural propia. Sin embargo, en muchas ocasiones he señalado que las influencias más directas en mi escritura no provinieron únicamente de los grandes poemas épicos y líricos de mi pueblo ni de la tradición clásica china, sino precisamente de la poesía extranjera. Podría decirse que fue Alexander Pushkin quien primero despertó en mí el impulso o el ideal de convertirme en poeta.
29 de junio de 2023. Jidi Majia concede un discurso en el Festival Internacional de Poesía del Lago de Qinghai. Cnsphoto WD: Entre los poetas chinos contemporáneos de lengua china, la cantidad de traducciones de su obra es realmente notable: sus poemas han sido traducidos a decenas de idiomas y publicados en diversos países. En el mundo hispanohablante, usted es además uno de los poetas chinos contemporáneos con mayor número de traducciones. ¿Cómo entiende la traducción y la difusión de la poesía, así como los intercambios de lectura, comprensión y crítica intercultural que esta genera? JM: Nuestra generación de poetas ha sido afortunada. Los poetas de las generaciones anteriores no contaban con estas condiciones de intercambio, y, en la mayoría de los casos, solo podían conocerse a través de la lectura de sus obras; hoy, además de las obras, existe también el intercambio directo entre las personas. Siento además un afecto especial por América Latina. He visitado Cuba, México, Brasil, Colombia, Perú, Chile, Bolivia y otros países latinoamericanos. Según las estadísticas realizadas por especialistas que han estudiado la difusión internacional de mis obras, hasta la fecha se han publicado en distintos países de América Latina alrededor de 16 ediciones independientes traducidas de mis poemarios de diferentes etapas, y mis intercambios con el mundo de la poesía de América Latina han sido muy profundos. La creación del Festival Internacional de Poesía del Lago de Qinghai estuvo directamente influida por el Festival Internacional de Poesía de Medellín. En 1997 viajé a Medellín y pude presenciar personalmente aquel festival internacional de poesía, que me impactó profundamente. En Colombia, el festival se había convertido en un símbolo cultural de enorme relevancia: no solo era un gran encuentro de poetas de todo el mundo, sino también una auténtica celebración popular. Muchas personas llegaban desde zonas rurales remotas llevando provisiones y caminando uno o dos días únicamente para participar en las actividades poéticas y escuchar a los poetas. Algunos ciudadanos incluso descansaban por la noche sobre el césped. Aquella pasión por la poesía resultaba conmovedora. En aquel entonces, Colombia vivía desde hacía mucho tiempo una guerra civil, con constantes enfrentamientos entre el ejército y la guerrilla. Sin embargo, durante el Festival Internacional de Poesía de Medellín solía generarse de manera espontánea una especie de tregua tácita, no fruto de un acuerdo formal, sino inspirada por la propia poesía, que se convertía así en un puente capaz de sanar divisiones sociales y en una fuerza importante para promover el diálogo y la paz. Todo esto me conmovió profundamente. Entonces se me ocurrió una idea: ¿por qué un país tan grande como China no podría tener también un festival internacional de poesía de gran influencia? Más tarde, cuando me trasladé de la Asociación de Escritores de China para trabajar en Qinghai, comencé a impulsar la creación del Festival Internacional de Poesía del Lago de Qinghai. Desde entonces, el festival ha continuado celebrándose hasta nuestros días y ha traído a numerosos poetas de renombre internacional, alcanzando una amplia repercusión mundial. WD: Entiendo que mantuvo intercambios bastante profundos con Juan Gelman, poeta argentino y ganador del Premio Miguel de Cervantes. ¿Qué huellas dejaron, tanto en su escritura como en la de sus interlocutores, las voces descubiertas en la lectura, las que conoció directamente y aquella voz china que usted mismo les transmitió? JM: Juan Gelman fue, sin duda, un gran poeta. En el mundo hispanohablante, tanto yo como muchos críticos internacionales consideramos que, después de Pablo Neruda y César Vallejo, fue uno de los poetas más importantes de América Latina; una valoración así no resulta en absoluto exagerada. La razón fundamental por la que lo distinguimos radica en su obra. Sus poemas están impregnados de una profunda comprensión de la naturaleza humana y poseen una enorme fuerza emotiva. Más admirable aún es su extraordinario dominio del lenguaje poético: incluso traducidos al chino, sus versos conservan profundidad y densidad. La fuerza de su poesía no proviene únicamente de su gran maestría técnica, sino también de la profunda percepción humana que encierra y de las múltiples memorias de sufrimiento personal, familiar y nacional que cargaba consigo. Tras relacionarme más estrechamente con Gelman, comprendí aún mejor la profundidad de su pensamiento. Era un poeta verdaderamente excepcional. La razón por la cual su obra puede compararse —e incluso superar— la de muchos grandes poetas latinoamericanos no reside en el ingenio, la ironía o una inteligencia poética superficial, sino en la sinceridad de sus emociones y en su capacidad para revelar las dimensiones más profundas de la condición humana. WD: Con el fallecimiento del escritor peruano Mario Vargas Llosa, los autores del boom latinoamericano han pasado casi por completo a la historia. Desde su perspectiva, ¿qué tipo de influencia ejerció este grupo de escritores latinoamericanos de una época tan particular sobre usted y sobre los poetas y escritores chinos? ¿Cómo valora su legado literario? JM: En mi opinión, el surgimiento de aquella generación de escritores no fue el resultado de uno o dos siglos de desarrollo en América Latina, sino de una acumulación histórica de varios siglos. Mi primer acercamiento a la literatura latinoamericana no fue Cien años de soledad, sino obras de Miguel Ángel Asturias como Hombres de maíz. Asturias, además de diplomático, realizó investigaciones antropológicas en París y participó en la traducción de antiguas epopeyas y mitos latinoamericanos a lenguas occidentales. Posteriormente, escribió Hombres de maíz precisamente a partir de una nueva comprensión de la historia y la cultura latinoamericanas. A mi juicio, Asturias fue uno de los pioneros del realismo mágico en América Latina. Otra figura clave fue el escritor mexicano Juan Rulfo, que fue uno de los primeros autores latinoamericanos traducidos en China en la década de 1980, pese a que en aquel entonces pocos comprendían realmente el valor de su obra. Yo admiraba profundamente sus escritos y solía llevar conmigo sus novelas cortas y relatos. En cuanto a Mario Vargas Llosa, prácticamente todas sus obras importantes han sido traducidas en China y yo las he leído con detenimiento. Considero que fue uno de los escritores latinoamericanos con mayor conciencia de la modernidad. Tanto él como el también peruano José María Arguedas sostuvieron importantes debates sobre la cultura indígena, el indigenismo y el carácter universal de la literatura; ambos fueron grandes escritores. La muerte de Vargas Llosa simboliza el final de la era del boom latinoamericano, pero el inmenso legado que dejaron posee un valor permanente para comprender la literatura de la región. Es difícil que vuelva a surgir un grupo de escritores tan extraordinario, en el que cada uno pueda considerarse un gigante literario; fue producto de una época determinada. Hoy, al releer sus obras, se percibe aún con mayor claridad la importancia de la literatura y de los intercambios culturales, una influencia que posee un alcance verdaderamente universal. *Wan Dai es miembro del Consejo Directivo de la Asociación China de Estudios Latinoamericanos. |
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