Entrevistas
Del discurso a la acción
2025-10-15    Fuente: Centro para las Américas    Autor: LIN YEQING y WANG RUOHAN

Daniel Filmus, exministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de Argentina  

Fecha: 23 de septiembre de 2025 

Lugar: Beijing, China  

En el marco de un mundo atravesado por profundas transformaciones tecnológicas, tensiones geopolíticas y crecientes desafíos sociales y ambientales, el papel del Sur Global en la gobernanza internacional cobra una relevancia ineludible. La cooperación Sur-Sur aparece como un camino estratégico para reducir desigualdades históricas y avanzar hacia un orden más justo y equitativo.  

En esta entrevista exclusiva con China Hoy, Daniel Filmus, exministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de Argentina, analiza las ventajas y desafíos que enfrentan los países del Sur Global en un contexto marcado por la acelerada revolución científica y tecnológica. El exministro subraya, además, el papel central de China en la cooperación Sur-Sur y ofrece una reflexión sobre la Iniciativa para la Gobernanza Global, propuesta por el presidente Xi Jinping.  

China Hoy (CH): ¿Cómo evalúa el estatus y el papel que los países del Sur Global desempeñan en la gobernanza, la economía mundial y la seguridad, entre otros campos? En base a su experiencia como ministro de Educación, Ciencia, Tecnología de Argentina, ¿cuáles son las ventajas y desventajas con las que cuentan los países del Sur Global en estas áreas? 

Daniel Filmus (DF): Estamos en un mundo donde el impacto de la ciencia y la tecnología, en lugar de haber producido una disminución de las brechas y una mayor igualdad, ha profundizado las desigualdades. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, las nuevas tecnologías digitales, así como sus aplicaciones a la producción, han ampliado la distancia entre los países del norte y los del sur. Al mismo tiempo, han incrementado las desigualdades dentro de nuestros países. Esta es una preocupación central.  

Nuestra aspiración es un nuevo orden internacional más equitativo e igualitario, donde los países del Sur Global avancen con mayor cooperación e integración, y donde la aplicación de las nuevas tecnologías contribuya a una mejor distribución de la riqueza.  

Confiamos en la cooperación entre los países del Sur Global para que quienes enfrentamos condiciones más difíciles no quedemos relegados al papel de simples exportadores de productos primarios, sino que logremos aprovechar la tecnología y la ciencia para agregar valor mediante el trabajo, la capacidad científica tecnológica y la innovación de nuestra gente.  

CH: ¿Qué tendencias están surgiendo en la cooperación Sur-Sur bajo su punto de vista? ¿Qué oportunidades y desafíos enfrenta? ¿Cuáles son las áreas clave de cooperación y qué logros se han alcanzado hasta la fecha? 

DF: Ha habido desarrollo, como es el caso de China y de otros países del Sur Global que han experimentado un gran desarrollo científico y tecnológico. Considero que ese progreso alcanzado les otorga una enorme responsabilidad: la de cooperar, a través de la ciencia y la tecnología, con los demás países del Sur Global.  

A mí me ha tocado desempeñarme como ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación y como ministro de Educación en Argentina. En ambas ocasiones en que ejercí el cargo estuve aquí en China, y pudimos concretar acuerdos muy importantes.  

Hoy, a nivel global, diría que las áreas vinculadas con la transición energética son fundamentales para garantizar la sustentabilidad del planeta, y allí se presentan condiciones muy importantes para trabajar en conjunto. Un caso muy concreto es el del litio: Argentina, Bolivia y Chile cuentan con grandes reservas de litio, donde participan muchas empresas chinas. Sin embargo, lo que necesitamos no es solo extraer, sino también la posibilidad de procesar el litio en nuestros países, evitando exportar únicamente la materia prima y pudiendo elaborar el producto final. 

Además, hemos firmado convenios con China en otros ámbitos, como la biotecnología, y en particular, la genómica aplicada al sector agropecuario. Argentina es un país eminentemente agropecuario y China es hoy su principal cliente en materia de exportaciones en este sector. También hemos avanzado en cooperación espacial, con proyectos de investigación conjunta e incluso con la instalación de observatorios de espacio profundo de China en territorio argentino.  

Para nosotros, resulta clave la incorporación de tecnologías digitales al sector agropecuario, con el objetivo de sacar a muchas personas de la pobreza. China lo logró y constituye un ejemplo: millones de ciudadanos pudieron salir de esa situación gracias a la obra pública, la tecnología digital y la inserción en el mercado.  

Los ejemplos que menciono refieren a dos países, pero es necesario pensarlos en el marco más amplio del Sur Global. Argentina y Brasil, en el marco del Mercosur y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), tienen un enorme trabajo por delante en forma conjunta, al igual que todos nosotros con los países de Asia y África. Observamos con mucha simpatía el desarrollo del BRICS, porque allí se abre una posibilidad significativa, no solo por la capacidad productiva de sus integrantes, sino también por el peso de su población. Se trata de economías muy complementarias. 

La diferencia con las economías del Norte es clara: muchas veces nos han visto únicamente como proveedores de materias primas, empujando a nuestros países hacia un modelo extractivista. Ese esquema genera pobreza, porque muy pocas personas pueden beneficiarse realmente, ya sea en el sector agropecuario o en la minería. Por eso, considero que el Sur Global enfrenta el gran desafío de avanzar hacia formas de cooperación distintas, basadas en la ayuda mutua y no en la dominación, como suele ocurrir en otros enfoques. 

CH: ¿Qué papel desempeña China en la cooperación Sur-Sur y qué resultados concretos ha logrado? 

DF: Me ha tocado, como ministro, conducir junto con mi par de China todas las reuniones entre CELAC y China, definiendo las áreas de cooperación. Existe una responsabilidad particular de China, vinculada a su nivel de desarrollo y a los avances logrados en las últimas décadas en ciencia y tecnología. El gran desafío es que esa experiencia se traduzca en colaboración real, en integración, en proyectos compartidos. 

América Latina cuenta con tradiciones sólidas en distintos campos. Argentina, por ejemplo, tiene cinco premios Nobel y una trayectoria muy fuerte en ciencia básica. Sin embargo, existe todavía un déficit importante de cooperación con China en este ámbito. 

En una investigación reciente observamos que, aunque China es el primero, segundo o tercer socio comercial de casi todos los países de América Latina, la cantidad de artículos científicos publicados en colaboración es sorprendentemente baja. Es una paradoja: la relación económica es estrecha, pero la cooperación científica y cultural sigue siendo distante. 

China dispone de recursos excepcionales para ampliar este vínculo. Hasta ahora, la mayor parte de nuestras publicaciones conjuntas se han realizado con Estados Unidos, Francia o Alemania, lo cual es muy valioso, pero necesitamos también potenciar una interacción más intensa con China. 

En Argentina solemos decir que para bailar un tango hacen falta dos. Lo mismo vale aquí: la integración científico-tecnológica entre China y América Latina requiere un esfuerzo compartido y sostenido de ambas partes. 

CH: ¿Cómo valora la Iniciativa para la Gobernanza Global, propuesta recientemente por el presidente Xi Jinping, y de qué experiencias de gobernanza y desarrollo chinas pueden aprender otros países del Sur Global? 

DF: Estamos hablando de una propuesta reciente, pero que coincide plenamente con lo que América Latina viene planteando desde hace tiempo, a través de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y también del G77 + China, el grupo que representa a las naciones del Sur Global.  

Me parecen muy acertadas las cinco propuestas del presidente Xi Jinping. En primer lugar, la necesidad de un mundo donde se respete la soberanía. La Carta de las Naciones Unidas fijó un principio fundamental: un país, un voto. No importa el tamaño, la riqueza o población; cada país tiene su propia personalidad y el derecho a existir con pleno respeto hacia sus pueblos. Sin soberanía, no hay punto de partida.  

La segunda idea es el multilateralismo. No queremos un mundo unipolar de ninguna clase, ni tampoco un mundo bipolar como el que padecieron los países del tercer mundo durante la Guerra Fría. Lo que necesitamos es un mundo multipolar, donde cada país pueda asociarse de acuerdo a sus intereses y a las complementariedades que encuentre en los demás.  

La tercera idea es el respeto al derecho internacional. Hoy vemos demasiadas guerras, violencia, desigualdad y discriminación. Incluso hay países que se permiten el lujo de no cumplir ninguna norma. Por eso, este principio resulta esencial para construir un nuevo orden internacional.  

La cuarta idea es la prioridad hacia los pueblos. Todo lo que se haga entre naciones, toda medida de integración o cooperación, debe tener como horizonte mejorar la vida de la gente. De lo contrario, no tiene sentido.  

El último punto es transformar todo esto en hechos concretos. No basta con palabras o declaraciones. Hay que tomar decisiones rápidas y efectivas, sobre todo en cuestiones como la sustentabilidad ambiental, porque si no actuamos a tiempo, las consecuencias seguirán afectando gravemente a la humanidad. 

“Considero que el Sur Global enfrenta el gran desafío de avanzar hacia formas de cooperación distintas, basadas en la ayuda mutua y no en la dominación”.

24 de abril de 2025. Planta de litio Cauchari-Olaroz, ubicada en la provincia de Jujuy, Argentina. Xinhua

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