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Las nuevas tendencias en la cooperación China-AL

2018-03-02 15:59:00 Source:China Hoy Author:GINA CABALLERO
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EL segundo Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se celebró en Santiago de Chile entre el 19 y el 22 de enero en momentos en que las relaciones se encuentran en un punto de inflexión. Aunque en 2017 el comercio entre ambas partes alcanzó los 266.000 millones de dólares –un aumento del 16 % luego de 3 años de descensos–, ya por sí solo no define la naturaleza de la relación. Hoy día los intercambios en distintos ámbitos, ya sean en el político, económico, cultural, científico e incluso el deportivo, influyen en los desarrollos entre América Latina (AL) y China. Es precisamente en estos foros que los responsables políticos pueden reflexionar sobre los resultados obtenidos hasta ahora e impulsar nuevas hojas de ruta que beneficien a ambos lados.
Logotipo del BAII en su sede central en la Calle Financiera de Beijing. VCG
Nueva era, nuevas oportunidades

 

¿Cuáles serían entonces las nuevas tendencias que afectan a China y América Latina? Antes que nada hay que notar que todas están influenciadas por el proceso de reestructuración por el que atraviesa China. Como el presidente Xi Jinping observó en el XIX Congreso Nacional del PCCh, el país ha entrado a una nueva era en su proceso de modernización, en el que los ciudadanos chinos tienen crecientes demandas por llevar una mejor vida. Por lo tanto, ahora que las exportaciones pierden peso en la economía china y la innovación y demanda interna se tornan en motores económicos importantes, se desatan nuevos patrones para la relación con la región. Primero, ante el menor ritmo de las inversiones domésticas, los flujos de inversión extranjera directa (IED) de China seguirán creciendo. De hecho, el año pasado las inversiones chinas en la región alcanzaron un máximo histórico de 25.000 millones de dólares. Las inversiones, por otro lado, también empiezan a diversificarse en diferentes países de la región. En Chile, por ejemplo, en los últimos 4 años las fusiones y adquisiciones de compañías chinas llegaron a 1500 millones de dólares.

 

La segunda tendencia es el inicio de la diversificación de la canasta exportadora a China. Cada vez más un mayor número de productos inocuos y de alta calidad de la región llegan al país asiático. Un ejemplo estrella lo tiene Chile al convertirse en el mayor proveedor de fruta fresca de China con un 24 % del mercado, y por delante de vecinos como Tailandia y Vietnam. En 2016 exportó 1200 millones de dólares en cerezas, arándanos, ciruelas, kiwis, paltas, manzanas y uvas de mesa. Pero otros países se están situando en el mismo radar. Desde 2012 los envíos de alimentos peruanos a China han crecido a una tasa anual del 17 %, y en 2016 alcanzaron los 77,85 millones de dólares. El surgimiento de los productos agrícolas no tradicionales hacia China demuestra el creciente poder adquisitivo y demandas de los consumidores chinos por tener una mejor dieta. Estos cambios de nuevo están motivando las inversiones en el sector agrícola y de alimentos de América Latina.

 

La tercera es la transformación productiva que China promueve en su cooperación internacional. Ello se ve reflejado no solo en el campo político sino también en el empresarial. En cuanto al primero, China ya ha propuesto diversos marcos, como el 1+3+6 y el modelo 3x3, y mecanismos como el Fondo de Inversión de Cooperación Industrial China-América Latina para incrementar la calidad de las interacciones de ambas partes. Mientras que en el último, empresas chinas están generando más inversiones a lo largo de las cadenas productivas de la región. Entre estas destacan la inversión de 450 millones de dólares de Sinosteel en la mina de hierro Mutún en Bolivia, la cual incluye la instalación de una planta siderúrgica, así como la inversión de 350 millones de dólares de JISCO en la reapertura de la refinería Alpart para desarrollar la industria de bauxita en Jamaica.

 

La cuarta tendencia se da gracias a las iniciativas de interconectividad de China, principalmente la Iniciativa de La Franja y La Ruta, y el interés de anclarla hacia América Latina. El primer paso para aumentar la interconectividad entre ambos lados lo ha dado en Chile con la intención de construir un cable submarino de entre 20.000 y 24.000 km, el cual proveerá un vínculo directo entre la región y el Asia-Pacífico.

 

La última tendencia se asocia a la internacionalización de la agenda de desarrollo de China, a través del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) y el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), para abrir nuevos nodos de cooperación con la región. Las nuevas multilaterales ya han expresado también un fuerte interés por ampliar el alcance de sus operaciones a América Latina.

 

Lo más seguro es que estas cinco tendencias influyan y definan la cooperación por el desarrollo entre América Latina y China en los años por venir. Como se puede apreciar, el eje rector en todas estas tendencias es el despegue de las inversiones chinas en la región. Sin lugar a dudas es otra de las inmensas oportunidades que China ofrece para que se aproveche la dotación de factores productivos con los que cuenta la región y se desaten las condiciones propicias para transformar bases productivas en nuevas ventajas comparativas. Sin embargo, si ambos lados no toman en serio la falta de entendimiento mutuo que aún obstruye sus interacciones, entonces se van a limitar los beneficios de estas oportunidades. Es más, hasta se podrían detonar fricciones y conflictos, como algunos casos lo empiezan a relevar.
24 de octubre de 2017. El buque “Ore China” de Brasil en la terminal del puerto de Zhoushan en Ningbo, provincia de Zhejiang. Cnsphoto
Mayor comprensión entre ambas partes

 

Dado que China y América Latina operan bajo perspectivas distintas de cooperación internacional, es crucial que se dediquen mayores esfuerzos a entender sus semejanzas y diferencias. Desde el lado latinoamericano no se puede esperar más para tener una participación mucho más activa con China. Con una relación de tanto peso y relevancia para el desarrollo sustentable de la región, no se puede dejar que la improvisación sea la que dicte las actividades de desarrollo, por lo que América Latina debe invertir y ser más consistente para poder tener voz e influencia en las inversiones con China. Solo si la región define bien sus intereses y prioridades podrá tener las herramientas para medir los beneficios de estas inversiones. Si en el lado de la región se necesita trabajar más en una visión regional, en el lado chino se podría afianzar el enfoque subregional para hacer más eficiente la cooperación.

 

Ante este escenario se llevaron a cabo las discusiones en Chile. Tras la reunión sería oportuno evaluar las mejoras que ambos lados pueden hacer para coordinar mejor sus agendas de desarrollo. En ese sentido, sería clave empezar a abordar el déficit técnico que los dos lados tienen a la hora de preparar su cooperación. Una forma sería mediante la creación de un fondo de cooperación técnica para afianzar la preparación y las capacidades de interacción que China y la región necesitan para materializar el potencial de la nueva ola de inversiones. Por ejemplo, este mecanismo se podría enfocar en general hacia la cooperación financiera y técnica y, en específico, a la Agenda de Proyectos Prioritarios de Integración (API) del Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento de Unasur (COSIPLAN), para el desarrollo de megaobras que buscan fortalecer la conectividad física de la región.

 

En fin, hay una coyuntura única para la cooperación por el desarrollo entre China y la región. El tiempo es justo y las condiciones muy prometedoras. ¿Será que se sabrá impulsarlas como herramientas de desarrollo y transformación productiva?

 

 
 
*Gina Caballero es ejecutiva principal en la Corporación Andina de Fomento (CAF)-Banco de Desarrollo de América Latina con más de 10 años de experiencia en las relaciones China-América Latina. Fue consultora de la CEPAL e instituciones chinas.

 

 

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