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Una equivocada estrategia

2018-08-01 09:51:00 Source:China Hoy Author:WILLIAM JONES*
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Los inminentes aranceles estadounidenses por valor de 34.000 millones de dólares a bienes chinos entraron en vigencia el viernes 6 de julio. China respondió con aranceles equivalentes, dirigidos principalmente a aviones, automóviles y productos agrícolas norteamericanos. El 5 de julio, un barco cargado con soja estadounidense aumentó su velocidad en dirección al puerto chino de Dalian con la esperanza de llegar antes de las doce del mediodía, que era el plazo límite. No fue así. Y el coste de esos granos de soja aumentó en varios millones de dólares. Y eso es solo el comienzo. Para los consumidores estadounidenses podemos esperar un aumento de precio similar en muchas de sus mercancías más apreciadas. EE. UU. también ha amenazado con otros 200.000 millones de dólares en aranceles, que, de ser concretados, llevarían a China a tomar medidas recíprocas y equivalentes contra las mercancías estadounidenses. Los efectos finales de tales decisiones son difíciles de prever, pero serán dramáticos.

 

El presidente Trump, con la intención de revertir el declive de varias décadas de la capacidad industrial estadounidense, ha caído en el análisis de bajo nivel de su presidente del Consejo Nacional de Comercio, Peter Navarro. Navarro ha sido una figura marginal en los círculos académicos, al menos hasta que –según los informes– el consejero y yerno de Trump, Jared Kushner, se encontró en Amazon con una de las diatribas anti-China de Navarro, titulada Muerte por China, y pensó sobre ello. Navarro fue incluido en la campaña de Trump como asesor económico. Para los académicos estadounidenses especializados en China, quienes pudieron haber proporcionado al presidente información competente, Navarro era relativamente desconocido y considerado por economistas serios como un fanático político de derechas con intereses creados.

 

Los inminentes aranceles estadounidenses por valor de 34.000 millones de dólares a bienes chinos entraron en vigencia el 6 de julio.

 

Entonces, ¿por qué el presidente de Estados Unidos, que ha establecido lo que parece ser más bien una relación cercana con el presidente chino, toma la iniciativa de un halcón como Navarro? Probablemente sea porque Navarro, en su libro, también ha documentado bastante bien el daño causado a la economía de EE. UU. en las últimas cuatro décadas. Lo que el presidente Trump no comprende es que esto no fue resultado del comercio con China, sino más bien el resultado del abandono gradual de cualquier tipo de política industrial por parte del Gobierno de Estados Unidos durante este largo período de grandes cambios en la economía mundial.

 

El problema de la economía estadounidense en declive fue analizado claramente ya en las décadas de 1970 y 1980 por economistas como el ganador del premio Nobel Maurice Allais y el economista Lyndon LaRouche, quien predijo con éxito el estallido financiero de 1987. Y el problema no fue causado por cambios en los flujos de comercio, sino más bien por la rápida retirada del apoyo del Gobierno a elementos cruciales como la infraestructura y las nuevas plataformas científicas y tecnológicas, y el rápido aumento de los flujos financieros en la especulación y lejos de la producción. El último gran impulso de la ciencia en la economía estadounidense fue el programa de alunizaje tripulado anunciado por John F. Kennedy en 1961, hace más de 50 años.
22 de mayo de 2018. Se realiza en la ciudad de Chengdu, provincia de Sichuan, el IV Foro de Gobernadores de China y EE. UU., bajo el lema de “persistir en la cooperación de beneficios compartidos y en el desarrollo y progreso conjuntos”. Fotos de VCG

 

 

El efecto opuesto

 

Pero el presidente Trump es fundamentalmente un realista más que un ideólogo. Le gustarían mejores condiciones para la industria y el trabajador estadounidense. Pero los aranceles punitivos que ha impuesto ya están teniendo el efecto opuesto. Los agricultores estadounidenses, que tienen una gran parte de sus productos ligados al comercio con China, ya están viendo tiempos difíciles. Habrá una pérdida de producción y eventualmente ejecuciones hipotecarias resultantes de las tarifas.

 

Todas las principales industrias de EE. UU., que durante años compraron productos electrónicos chinos como parte de su cadena de suministro, tendrán que buscar en otro lado o pagar un precio sustancialmente más alto, y algunos tendrán que cerrar las tiendas si no pueden pagar el precio. Y los consumidores estadounidenses, en particular los de bajos ingresos, que han podido comprar electrodomésticos, ordenadores, televisores de pantalla plana y teléfonos inteligentes a precios razonables debido a la producción china, verán que los precios se disparan. Bajo estas condiciones, el apoyo al presidente estadounidense irá menguando, tal vez haciéndose sentir ya en las próximas elecciones al Congreso en noviembre.

 

Las medidas también tendrán un efecto dramático en los mercados internacionales, forzando una importante reorientación de los flujos comerciales para todas las empresas que para sus productos han dependido del mercado de EE. UU. Más grave aún, la disputa comercial bien podría conducir a un nuevo estallido financiero. Desde hace un tiempo hablar así ha cundido en los círculos financieros dada la inflada naturaleza de los mercados financieros internacionales. Un cese de pagos en una parte limitada pero crucial del sistema financiero mundial podría enviar a todo el sistema en caída libre.

 

Es probable que una vez que se dé cuenta de que su plan de juego no funciona y es una responsabilidad política más que un activo, el presidente Trump cambie de rumbo. La única pregunta real es: ¿qué tan pronto ocurrirá eso? Es de esperar que suceda antes de que se tome una decisión sobre un segundo tramo planificado de aranceles aún más amplios en agosto. La trágica ironía de toda esta situación es que si el presidente Trump realmente quiere reactivar la economía de EE. UU., China con su capacidad única en desarrollo de infraestructura, como se refleja en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, bien podría ser su activo más importante.

 

 
 
*William Jones es jefe de la Oficina en Washington de la revista Executive Intelligence Review, y miembro del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China.

 

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